Tesis sobre un amor cliché

Capítulo 13

[Narrado por Ethan]
La biblioteca central de la universidad a las once de la noche olía a café rancio, libros viejos y a la desesperación colectiva de ciento cincuenta estudiantes de tercer año intentando descifrar manuales de finanzas y estructuras corporativas antes de los exámenes finales. Tenía la vista fija en la pantalla parpadeante de mi ordenador portátil, aunque las letras y los gráficos de barras llevaban al menos veinte minutos desfilando ante mis ojos sin que mi cerebro registrara una sola palabra.
Era libre. Oficialmente había terminado el último examen del cuatrimestre. En teoría, debería estar celebrando con los chicos en el bar de la esquina, brindando por la libertad y por el hecho de estar a un paso más de graduarme. Pero en su lugar, mi mente estaba anclada a cientos de kilómetros de distancia, atrapada en una pequeña caja de cartón polvorienta que contenía recuerdos que nunca supe cómo arreglar.

-a ver, Sanders, si sigues mirando la pantalla con esa cara de que vas a asesinar al decano, el monitor va a explotar

La voz de mi compañero de piso y compañero de equipo, Marcus, resonó a mi lado mientras dejaba caer un vaso de cartón humeante sobre la mesa.

-recoge tus cosas. El auto está listo en el estacionamiento y si no nos vamos ya, el tráfico de salida de la ciudad nos va a atrapar hasta medianoche
-sí, ya voy, Marcus. Dame dos segundos para cerrar esto

Respondí suspirando pesadamente, pasándome una mano por el cabello mientras guardaba el portátil en su funda.
El trayecto de regreso a casa en el viejo coche de Marcus fue una mezcla de música a todo volumen y charlas sobre los planes para las vacaciones. Mis amigos planeaban un viaje de esquí a Colorado para principios de enero, una escapada perfecta de chicos universitarios donde el alcohol, la nieve y cero responsabilidades sonaban tentadores. Pero en el fondo de mi mente, un detalle minúsculo y aterrador ensombrecía el panorama: mis padres habían decidido que estas fiestas serían diferentes.
Durante los últimos dos años, la relación entre mi familia y los Miller se había transformado de una simple y cordial vecindad a una extraña y sólida alianza de compadres. Se reunían para cenar los domingos, se prestaban herramientas del jardín y, para colmo de males, habían decidido organizar una gran cena de Nochebuena conjunta en nuestra casa.
Y lo peor de todo: Anne iba a estar ahí.
Llegué a casa pasada la medianoche. La casa estaba sumida en un silencio cálido y acogedor, decorada con luces parpadeantes y un árbol de Navidad gigante que mi madre presumía con orgullo en la sala principal. Subí a mi antigua habitación, que se sentía extrañamente ajena, como si perteneciera a otra persona, a un chico más joven que creía que el mundo se resumía en ganar partidos de fútbol y mantener una reputación intacta.

***
A la mañana siguiente, me desperté temprano con el aroma a café recién hecho y panqueques flotando desde la planta baja. Bajé vistiendo una camiseta vieja de algodón y unos pantalones cómodos de pijama, dispuesto a negociar con mi madre los detalles del menú navideño, cuando la escuché hablar por teléfono fijo en la cocina.

-¡Ay, no te preocupes por los detalles de la cena, los chicos ya están grandes y seguro les dará muchísimo gusto verse después de tanto tiempo!

Decía mi madre con una sonrisa en la voz que me hizo detener en seco en el umbral de la puerta.
Sentí que un escalofrío me recorría la columna vertebral. El nombre de Anne flotaba en el aire de la cocina como una descarga eléctrica.
Mi madre colgó el teléfono y se giró hacia mí con una expresión radiante, sosteniendo una taza de café en la mano.

-¡Buenos días, dormilón! Justo a tiempo. Estaba hablando con la señora Miller

Anunció con total entusiasmo.

-oye, hablando de todo un poco, Anne llega la próxima semana para pasar las vacaciones con ellos. Ya sabes que haremos la gran cena de Nochebuena en casa con los vecinos, y me parece una excelente oportunidad para que se pongan al día.

Tragué saliva con fuerza, sintiendo que el café matutino se me atragantaba en la garganta. Adultos. Qué palabra tan grande para alguien que todavía no sabía cómo disculparse por haber arruinado lo único real que había tocado en su vida.

-claro, mamá... sin problema

Logré murmurar con una sonrisa forzada, fingiendo un entusiasmo que estaba a años luz de sentir.
Me sirví una taza de café y me senté en la barra de la cocina, mirando a través del ventanal que daba directamente al patio trasero y a la barda que separaba ambas propiedades.
Pensé en ella. En su violín, en sus suéteres anchos, en su mirada de hielo la última vez que intenté cruzar palabra en las gradas. Pensé en cómo, a pesar de los años, de la universidad, de las nuevas rutinas y de los intentos desesperados por pasar página, su recuerdo seguía intacto, agazapado en el rincón más honesto de mi memoria.
Las vacaciones de invierno apenas comenzaban, y yo ya sabía que esta tregua navideña iba a ser la prueba de fuego más difícil de toda mi vida.

[Narrado por Anne]
El estudio de práctica de la Academia olía a madera vieja, resina y a la tensión acumulada de las últimas semanas previas a las vacaciones. Habían pasado tres días desde la llamada telefónica de mi madre y el anuncio de la cena navideña combinada con los vecinos, y aunque intenté concentrarme en las sonatas de Brahms, mi mente seguía dando vueltas en círculos como una polilla alrededor de una bombilla encendida.
¿Ethan y yo? ¿Compartiendo la misma mesa de Nochebuena después de todo lo que había pasado?
La simple idea me provocaba un nudo en el estómago que iba más allá del simple resentimiento; era una mezcla extraña de fastidio, curiosidad y un terror sutil a remover cenizas que me había costado años apagar. Había construido una vida entera en esta universidad. Tenía a Lidia a una llamada de distancia, mis notas eran excelentes y, sobre todo, tenía a Max.
A propósito de Max, lo vi asomarse por la pequeña ventana de cristal de la puerta del cubículo, sosteniendo dos tazas de café y con una sonrisa amable dibujada en el rostro. Abrió la puerta y dejó escapar un suspiro exagerado.




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