No podía dejar de observar a la niña, inquieto, mientras el bullicio crecía con cada súplica de la menor, aunque no lograba entenderla. Su ropa estaba completamente cubierta de sangre en la parte delantera, y ni siquiera era capaz de ponerse de pie. ¿Por qué la atacan con tanta brusquedad?
“Bien. Encontré a mis almas”
Localicé a los cinco hombres que más la golpeaban: cinco almas más para mi colección, o quizás seis si cuento a la niña. Por los severos golpes que recibía, dudo mucho que sobreviva.
— Por favor... ayúdame... te lo ruego.
La brillante mirada de la niña se detuvo en mí, con aquellos ojos azulados tan característicos de los querubines. Más que súplica, había confusión, pues ella tampoco sabía por qué la golpeaban. Pasar entre el montón de gente fue difícil sin usar mis habilidades, pero debía ser sigiloso, por ahora.
— ¡Fue suficiente! — Grité, captando la atención de todos a mi alrededor. La mayoría estaban confundidos al no entender lo que había dicho. ¿Qué idioma se habla aquí? ¿Español? ¿Inglés? Mierda, al menos Uriel tenía razón al recomendar tomar clases de idiomas.
— ¿Tienes algún problema, niño? —El diálogo con estas personas no surtirá efecto; no entiendo su idioma y ellos no conocen el mío. Por muy pacíficos que sean, no llegaremos a ninguna parte. Quería esperar para llevarme sus almas cuando tuviera la oportunidad de estar a solas, pero parece que cambiaré mi plan.
Uno de los tipos fue a dar contra la pared de una columna que adornaba una estatua, que no logré reconocer, al patearle en la parte baja del abdomen, provocando miedo en los hombres restantes.
— ¿Te puedes levantar? —La de cabello rosado solo miraba a aquel hombre malherido, ubicado a bastante distancia de nosotros, quien ya se encontraba retorciéndose y quejándose por el dolor, antes de asentir con la cabeza—. Bien, porque es hora de correr.
Quería llevarme a la pequeña en brazos, pero solo me estorbaría. Tomé su mano y, tal como dije, busqué la ruta más rápida para salir de aquel montón de gente confusa mientras corría a una velocidad decente.
— ¡Se están escapando! ¡Atrápenlos!
La gente, más que ayudarles, solo se apartaba, dándonos bastante oportunidad para escapar, al menos por un tiempo. ¿A dónde voy? Ni siquiera conozco algún lugar cercano o algún estado; es la primera vez que estoy en esta zona.
— ¡Ya te tengo!
— Mierda — Corría sin rumbo por las iluminadas calles de la ciudad, sin importarme nada más que encontrar algún lugar seguro para, al menos, revisar a la niña. Pero estos idiotas solo se multiplicaban cada vez más, bloqueándome el paso varias veces. Si quería salir de esta situación asegurando mi posible vida y la de ella, solo tenía dos opciones: pelear o mostrar mi verdadero yo. Porque los demonios también podemos morir, y al ser seres para nada buenos y puros, nuestras muertes siempre son lentas, dolorosas y tormentosas. No quiero experimentar eso tan pronto.
— Quédate detrás de mí — Detuve mi andar en la entrada de un callejón, protegiéndola con mi cuerpo lo mejor posible. No tenía permiso para estar aquí, así que tampoco lo tengo para mostrar mi verdadera naturaleza, porque los rumores se extienden muy rápido. Y si Abaddon se entera de que un demonio mató al menos a siete personas, voy a recibir más que un castigo.
Los golpes de estas personas eran lentos pero fuertes. Logré esquivar unos cuantos, pero no todos. Teniendo en cuenta que la edad en Gehenna y Terra se calcula de la misma forma, es una pelea completamente injusta. Un chico de diecisiete años luchando contra siete hombres de más de treinta para defender a una niña de diez años; las probabilidades estaban en mi contra. Sin embargo, lo que contaba a mi favor era la magia que llevo practicando desde los cinco. De algo debía servir aquel esfuerzo en la maldita clase de ese gordo.
— Solo un espiral, sin mucha magia, con fuerza para arrancarles las piernas — Recité mientras mis manos realizaban aquellos patrones tan usados para la magia de Éter, seguidos de una luz entre blanquecina y grisácea, combinando la naturaleza de la magia y la del maná, acatando completamente lo anteriormente mencionado. El espiral no logró impactar a todos ni herir con tanta intensidad como había pedido; solo alcanzó a cinco por la bajísima cantidad de maná que utilicé, pero era un avance, al menos tenía la ventaja hasta que los otros se recuperaran.
— ¿Te encuentras bien? —Miré a la pequeña que no se atrevía a mirarme a los ojos, seguramente por mi actuar anterior. Mi intención no era que lo presenciara, pero no tuve tiempo de buscar un lugar o una forma de evitar que viera aquel acto, que para todo habitante del Deliciae era completamente aterrador. — Necesito que me hables. No puedo ayudarte si no lo haces.
— No me sorprende que hayas cazado a más de siete personas en una sola batalla, ¡Pero no tenías que traer a un querubín puro contigo, Mallory!
Al igual que los possessorium, los benedictus también se clasifican y distinguen por su apariencia. Los querubines son los más atractivos de toda la jerarquía, incluso más que los propios arcángeles, por el característico color rosado de sus almas, representados en su cabello. Gracias a eso, los arcángeles y querubines no se llevan tan bien.
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Editado: 18.08.2025