Bertrand Reichmer llegó al castillo acompañado de Ysolde, ambos vestidos con la formalidad reservada para audiencias de máxima importancia, y fue recibido, no en la sala de consejo habitual, sino en el mismo despacho privado donde Airoon había compartido, semanas atrás, sus primeras revelaciones fragmentarias sobre el pergamino heredado de su propio padre.
Kael, que había pasado la noche en vela tras su experiencia con Thessaly, se encontraba presente junto a Lyssara, Talaida y Doren, situados a ambos lados del escritorio del rey, formando una presencia que, sin resultar hostil, dejaba claro que aquella conversación no se limitaría a un simple intercambio cortesano. Los ojos de Kael, marcados por el cansancio de horas sin dormir, conservaban sin embargo una lucidez alerta que no había abandonado desde que la figura de Thessaly se desvaneciera en aquella pequeña sala imposible.
—Majestad. —Bertrand se inclinó con la reverencia protocolaria correspondiente, aunque su expresión, notó Kael de inmediato, revelaba una tensión que la etiqueta cortesana no lograba disimular por completo. Era la tensión de un hombre que había pasado la noche entera deliberando consigo mismo, sopesando las consecuencias de cada palabra que estaba a punto de pronunciar—. Agradezco que hayáis accedido a recibirnos con tanta premura.
—Doren me ha informado sobre la naturaleza del documento que traéis —dijo Airoon, sentado tras su escritorio, con las manos entrelazadas sobre la superficie de madera oscura—. Espero que comprendáis la gravedad de lo que estáis a punto de compartir.
—La comprendo, majestad. —Bertrand extendió el pergamino, que Doren tomó con el mismo cuidado reverencial que aplicaba a cualquier documento de potencial importancia histórica—. Y os aseguro que mi familia no tenía conocimiento activo de su existencia hasta hace apenas unas horas. Fue mi hija quien lo encontró, oculto en un compartimento que ninguno de nosotros sabía que existía.
Ysolde asintió, confirmando las palabras de su padre, aunque su expresión revelaba una inquietud que trascendía la simple formalidad del momento. Kael la observó con atención: era una mujer de mediana edad, de rasgos angulosos y mirada penetrante, que había ocupado un lugar destacado en las deliberaciones del Consejo desde su creación. A diferencia de otros representantes de su casa, Ysolde había mostrado siempre una disposición hacia la transparencia que la había puesto en más de una ocasión en conflicto con las posiciones más conservadoras de otros miembros de su propia familia.
Doren desplegó el pergamino sobre el escritorio, leyendo en voz alta el contenido que Bertrand ya conocía de memoria, para beneficio de quienes no habían tenido acceso previo al texto. Su voz, entrenada por décadas de lectura de documentos antiguos, recorrió cada palabra con la precisión de quien comprende que está transmitiendo algo más que información: está transmitiendo el peso de generaciones de silencio.
"Nosotros, los Reichmer, juramos guardar silencio sobre lo que presenciamos bajo el Distrito Original, en el año en que la Corona todavía era joven. No por vergüenza, sino porque comprendimos que el conocimiento que allí encontramos no pertenecía a nuestra época, ni quizás a ninguna época que los mortales de Draxcan estuvieran preparados para comprender. Que este documento permanezca oculto hasta que la sangre que abrió aquella puerta regrese a reclamar lo que le pertenece."
Cuando terminó, un silencio pesado se extendió por la sala, cada uno de los presentes procesando la magnitud de lo que aquellas líneas antiguas implicaban.
—«Nosotros, los Reichmer, juramos guardar silencio» —repitió Airoon, con una gravedad considerable—. ¿Sabéis cuándo fue escrito este documento?
—Basándome en el estilo de la caligrafía y en el sello empleado, que mi familia dejó de utilizar hace aproximadamente cuatro siglos, calculo que data de un período considerablemente anterior a la fundación oficial de Draxcan según los registros que todos conocemos —respondió Bertrand—. Lo cual sugiere, majestad, que mi propia casa pudo haber tenido conocimiento de esta estructura mucho antes de que la Corona misma comprendiera su existencia.
Kael sintió que aquella revelación se sumaba, con un peso creciente, a la ya considerable acumulación de secretos que habían ido descubriendo semana tras semana. Si los Reichmer habían conocido la estructura desde antes de la fundación oficial de Draxcan, entonces la historia completa de aquel reino —una historia que todos habían asumido comenzaba con los Once Originales— podría extenderse hacia un pasado mucho más profundo de lo que cualquiera había imaginado.
—¿Existe alguna otra información en vuestros archivos familiares? —preguntó Talaida, incapaz de contener la urgencia académica que la caracterizaba incluso en contextos de máxima formalidad—. ¿Algún registro adicional que pudiera arrojar luz sobre lo que vuestros antepasados presenciaron exactamente?
—He ordenado una investigación exhaustiva de todos nuestros archivos ancestrales —respondió Ysolde, tomando la palabra por primera vez desde que habían entrado—. Pero debo advertiros que, si el resto de nuestra historia familiar fue tratada con la misma discreción que este documento, es posible que encontremos más silencios que respuestas. Mi familia ha custodiado secretos durante generaciones, majestad. Y los secretos, cuando se guardan durante demasiado tiempo, tienden a multiplicarse.
—¿Qué queréis decir? —preguntó Doren, con la atención concentrada de quien ya está evaluando implicaciones que van más allá del documento inmediato.
—Quiero decir que este pergamino no es el único documento que mi familia ha ocultado a lo largo de los siglos. —Ysolde miró a su padre un instante, como si buscara confirmación para lo que estaba a punto de revelar, y Bertrand asintió con un gesto apenas perceptible—. Hay cajas selladas en la mansión ancestral que nunca hemos abierto. Compartimentos ocultos que nuestros antepasados dejaron con instrucciones explícitas de no ser consultados hasta que "llegara el momento adecuado." Siempre asumimos que eran reliquias familiares, recuerdos de un pasado que ya no tenía relevancia. Pero ahora...
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Editado: 01.10.2026