Talaida encontró a Lyssara sentada en los escalones de piedra que bajaban hacia los jardines privados del ala militar, con la capa aún puesta y la mirada perdida en un punto indeterminado más allá de los setos recortados. Había pasado la mañana entera buscándola, primero en los barracones, luego en la sala de guardia, finalmente en aquel rincón del castillo que Lyssara solía frecuentar cuando necesitaba estar sola sin alejarse lo suficiente como para que su ausencia resultara sospechosa para nadie más. Los escalones de piedra, húmedos por la llovizna de la madrugada, daban al único jardín del complejo militar que no había sido diseñado para ser visto, sino para ser usado: un espacio estrecho, funcional, con setos recortados en líneas rectas y un único banco de piedra que nadie ocupaba jamás.
No hizo preguntas. Se sentó junto a ella, en silencio, hasta que la propia Lyssara habló primero. Talaida había aprendido, a lo largo de los años, que Lyssara no respondía bien a las preguntas directas cuando estaba en aquel estado: un estado que Talaida había visto en ella solo dos veces antes, ambas durante la Saga anterior, y que se caracterizaba por una quietud engañosa que no era calma sino concentración, como la de un animal herido que espera a que el depredador se aleje antes de moverse.
—Corwin va a ocupar mi puesto.
—Lo sé.
—No lo culpo. Es lo correcto, dadas las circunstancias. —Lyssara se pasó una mano por el rostro, con un gesto que Talaida reconoció como una manera de ocultar, más que de limpiar, cualquier emoción que pudiera reflejarse en él—. Pero cada vez que pienso en volver a entrar a esa formación, en dar órdenes a los mismos soldados que me vieron cruzar sin sello, siento que algo se ha roto que no va a repararse solo porque un consejo militar decida absolverme.
—No tienes que volver a esa formación. No hoy, no mañana. El consejo militar no se reunirá hasta dentro de al menos una semana, y hasta entonces, tu única obligación es contigo misma.
—Eso no es lo que dice el reglamento.
—El reglamento no dice nada sobre lo que una persona siente cuando ha tomado la decisión más difícil de su vida. —Talaida extendió, sobre las rodillas de ambas, un mapa que había estado dibujando durante las últimas horas, mientras el resto del castillo se ocupaba de la crisis inmediata de la disciplina militar—. Piensa en esto. Necesito tu ojo de soldado, no el de capitana suspendida.
Lyssara bajó la vista. El mapa mostraba el continente de Daus en su totalidad, trazado con la precisión cartográfica que Talaida había ido perfeccionando a lo largo de meses de estudio, pero cubierto ahora de anotaciones nuevas: pequeños símbolos, idénticos entre sí, distribuidos en puntos que a primera vista no seguían ningún patrón evidente. La tinta era fresca, todavía húmeda en algunos trazos, y Talaida había utilizado tres colores distintos para distinguir las fuentes de cada anotación: rojo para los volúmenes del Reino Interior, azul para los fragmentos del archivo Chimer, negro para sus propias deducciones.
—¿Qué es esto?
—Cada símbolo marca un lugar donde he encontrado referencia, directa o indirecta, a estructuras similares a la que tenemos bajo el Distrito Original. Algunas proceden de los volúmenes que traje del Reino Interior. Otras, de fragmentos que Cordelia ya había catalogado en el archivo Chimer sin comprender su relevancia. Y una, de algo que encontré esta misma mañana revisando de nuevo el documento de los Reichmer.
—¿Cuántos puntos hay?
—Siete, hasta ahora. Incluyendo Draxcan. —Talaida señaló uno situado cerca de la frontera con Eltrix, apenas a un día de viaje de la capital de los Elemens—. Este es el más claro. Un texto de Cordelia menciona "las piedras que cantan bajo la colina de los Siete Vientos", a media jornada de Eltrix. No decía más, porque en su momento el fragmento parecía simple folclore local. Los campesinos de la región, según el texto, evitaban pastar sus rebaños en aquella colina, y atribuían su miedo a "voces que no pertenecen a este mundo".
—¿Y los demás?
—Menos definidos. Uno parece estar en algún punto de las tierras que hoy pertenecen a Pitra, aunque el texto original habla de una región cuyo nombre ya no coincide con ningún topónimo actual. Otro, más al sur, cerca de donde hoy se extiende Lythara. Y este —tocó un punto solitario, alejado del resto, trazado con una línea de tinta más tenue— ya no existe en ningún mapa moderno. El documento de los Reichmer lo menciona solo como "el lugar que el mar se tragó".
—¿El mar se tragó una estructura construida por los Once? —preguntó Lyssara, con un escepticismo que Talaida reconoció como profesional más que como incrédulo—. ¿Cuánto tiempo habría tenido que pasar para que el mar se tragara algo así?
—Miles de años, probablemente. Lo cual, si consideramos que los Once Originales fundaron Draxcan hace apenas unos siglos, plantea una pregunta incómoda: ¿construyeron ellos estas estructuras, o encontraron estructuras que ya existían y las incorporaron a su propio sistema?
Lyssara estudió la disposición de los puntos con la misma atención que aplicaría a un plano de batalla, buscando líneas de comunicación, rutas de suministro, posiciones defendibles. Era una manera de pensar que Talaida había aprendido a reconocer en ella a lo largo de los años: cuando Lyssara se enfrentaba a un problema que la superaba emocionalmente, lo convertía en un problema táctico, porque los problemas tácticos tenían soluciones, y las soluciones, por difíciles que fueran, ofrecían una ilusión de control que el caos emocional no permitía.
—No están dispersos al azar —dijo finalmente—. Mira. Si trazas una línea entre cada uno, forman algo. No un círculo perfecto, pero sí una figura reconocible.
Talaida tomó su propia pluma y, siguiendo la indicación de Lyssara, unió los puntos con trazos suaves. El resultado, aunque irregular, dibujaba una silueta que ambas reconocieron de inmediato, con un escalofrío que ninguna necesitó verbalizar: la misma forma, distorsionada por la geografía de Daus, del símbolo de los Once Originales tallado en el pilar bajo el Distrito Original.
#1241 en Fantasía
#1709 en Otros
#99 en Aventura
aventura de mundo perdido, linajes antiguos, fantasía épica y política
Editado: 01.10.2026