Mientras Kael, Lyssara y Talaida continuaban su investigación dentro del Reino Interior, en Draxcan, Paul enfrentaba las primeras consecuencias tangibles de una noticia que ya no podía contenerse dentro de los círculos más cercanos a la Corona.
—Tres delegaciones extranjeras han solicitado audiencia formal esta semana —informó a Doren, extendiendo sobre la mesa de la biblioteca privada una serie de cartas selladas con los emblemas de otros tantos reinos—. Dacmek, Pitra, y, para mi sorpresa considerable, también Raikuz, cuyo interés hasta ahora había sido prácticamente inexistente en cualquier asunto relacionado con Draxcan.
—¿Qué piden exactamente? —preguntó Doren, examinando los sellos con una atención cuidadosa. El archivero había pasado la mañana entera revisando los informes que llegaban desde el Reino Interior a través de los mensajeros que Kael enviaba periódicamente, y su mesa, cubierta de pergaminos y notas dispersas, reflejaba la magnitud de la crisis que se extendía simultáneamente en ambas direcciones.
—Información. Oficialmente, formulada como simple curiosidad diplomática ante "rumores persistentes sobre descubrimientos arqueológicos de significancia continental." —Paul se frotó el rostro, el cansancio de semanas gestionando aquella crisis reflejándose con claridad—. Extraoficialmente, sospecho que cada uno de ellos ya posee información considerablemente más precisa de lo que sus cartas admiten.
—¿Por qué lo sospechas?
—Porque la carta de Raikuz menciona, de pasada, "estructuras similares a las que los Once Originales dejaron dispersas por el continente." —Paul señaló el párrafo específico—. Ningún comunicado oficial de Draxcan ha empleado jamás esa formulación exacta. Alguien, en algún punto, compartió información que trasciende con creces los rumores vagos que hemos intentado contener.
Doren sintió el peso de aquella revelación asentarse sobre él con una gravedad renovada, consciente de que la filtración que habían rastreado infructuosamente semanas atrás —la que había permitido el ataque de los asaltantes enmascarados dentro del templo de la Primera Llama— podría estar extendiéndose más allá de las fronteras de Draxcan con una velocidad que ninguno de ellos había anticipado. Tomó la carta de Raikuz, releyendo el párrafo señalado por Paul con la atención meticulosa que aplicaba a cualquier documento sospechoso.
—«Estructuras similares a las que los Once Originales dejaron dispersas por el continente» —repitió, saboreando cada palabra—. Esta formulación implica un conocimiento que ni siquiera nosotros poseíamos hace apenas unos meses. Antes de que Talaida identificara la red de once puntos, la propia Corona de Draxcan creía que la estructura bajo el Distrito Original era única.
—Exactamente. —Paul asintió—. Y si Raikuz posee ese nivel de información, entonces la filtración no se limita a detalles operativos sobre nuestras expediciones. Alguien ha compartido con potencias extranjeras la naturaleza misma de lo que hemos descubierto.
Doren guardó silencio un momento, considerando las implicaciones de aquella posibilidad con la gravedad de quien comprende que cada nueva pieza de información complica, en lugar de simplificar, el cuadro general.
—¿Qué sabes de Raikuz? —preguntó finalmente—. Sus intereses, su historial de relaciones con Draxcan.
—Poco, lamentablemente. —Paul se sentó frente a él, con la expresión del diplomático que ya está evaluando cada posible escenario—. Raikuz ha mantenido, durante décadas, una política exterior deliberadamente discreta. No participa en alianzas militares, no sostiene disputas territoriales abiertas, no compite por influencia comercial en las rutas principales de Daus. Si tuviera que describirlos en una sola palabra, diría que son observadores. Pacientes, meticulosos, y aparentemente desinteresados en cualquier asunto que no afecte directamente a sus propias fronteras.
—¿Y ahora, de pronto, se interesan por nuestra estructura?
—Eso parece. Y esa anomalía, Doren, es precisamente lo que más me preocupa. Los reinos que reaccionan con avidez ante una oportunidad evidente son predecibles. Los que permanecen en silencio durante décadas y, de pronto, solicitan audiencia formal ante un descubrimiento concreto, suelen estar operando con información que nosotros desconocemos.
La situación se complicó considerablemente aquella misma tarde, cuando Denna Faylek solicitó una audiencia urgente con Paul, acompañada esta vez de su hermano Ordric y de un documento que, según explicó sin preámbulos, no podía esperar los canales administrativos habituales.
—Tres comerciantes de Salamer intentaron, hace apenas dos días, sobornar a uno de nuestros guías habituales para que los condujera directamente hacia el Distrito Original —dijo, extendiendo el documento, una declaración jurada firmada por el guía en cuestión—. No preguntaban por curiosidad general. Mencionaron específicamente "la puerta bajo el distrito antiguo" y ofrecieron una suma que ningún comerciante legítimo pagaría por simple interés turístico.
—¿El guía aceptó? —preguntó Paul.
—No. Pero teme represalias, y con razón. —Denna cruzó los brazos, su expresión reflejando una preocupación que trascendía cualquier interés puramente comercial—. Paul, mi familia lleva generaciones construyendo rutas confiables hacia el sur. Si Salamer comienza a emplear métodos de este tipo para obtener información, y si nuestros propios guías se convierten en objetivos de soborno o coerción, la estabilidad completa de nuestro comercio con esa región podría colapsar.
—¿Qué sabemos de los tres comerciantes? —preguntó Paul, examinando la declaración con la atención del diplomático que ya está trazando conexiones entre aquel incidente y las demás amenazas que se acumulaban sobre Draxcan.
—Poco más de lo que el guía pudo recordar bajo presión. —Ordric, el hermano de Denna, tomó la palabra por primera vez—. Hablaban entre ellos en un dialecto que nuestro guía solo comprendía parcialmente, aunque reconoció algunas palabras sueltas que le permitieron identificar su origen. No llevaban mercancía visible, lo cual ya es sospechoso para comerciantes que dicen viajar por rutas comerciales. Y cuando el guía se negó a colaborar, uno de ellos mencionó algo sobre "los que vinieron antes", aunque el guía no logró precisar exactamente a qué se referían.
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Editado: 06.10.2026