Talaida llevaba cuatro días consecutivos trabajando junto a Vessa en los niveles más profundos del Archivo de la Memoria, acompañada en ocasiones por un joven erudito llamado Ferin, discípulo de la propia Vessa, cuyo conocimiento del sistema de escritura más antiguo del Reino Interior superaba, según admitía la propia archivista con cierta reticencia, incluso al suyo. Los cuatro días habían transcurrido en una rutina que, pese al agotamiento físico que acumulaba, Talaida encontraba profundamente satisfactoria: llegaba al archivo apenas comenzaba el descanso, se instalaba en la misma mesa de piedra que había ocupado durante sus primeras visitas, y trabajaba sin interrupción hasta que el cambio en la intensidad de las esferas le indicaba que los niveles superiores de la ciudad habían entrado en su ciclo nocturno. Kael la visitaba cada atardecer, trayéndole infusiones de hierbas que los habitantes locales preparaban para mantenerse despiertos durante las largas sesiones de estudio, y Lyssara, cuando sus propios compromisos con Kestoran se lo permitían, pasaba a verificar que la maga comiera algo antes de regresar a la Casa de los Visitantes.
—Esta inscripción nos ha tenido desconcertados durante generaciones —dijo Ferin, señalando una tablilla considerablemente más grande que las que habían examinado hasta entonces, cubierta de símbolos dispuestos en un patrón espiral que ascendía desde el centro hacia los bordes—. Pertenece a lo que llamamos "el Período de los Fundamentos", anterior incluso a los registros que documentan la llegada o fundación de los Once Originales, dependiendo de qué versión de nuestra historia elijáis creer.
La tablilla, a diferencia de las demás que habían consultado, no estaba dispuesta en una estantería vertical, sino sobre una mesa inclinada que permitía leerla desde un ángulo cómodo. Su superficie mostraba un desgaste considerable en los bordes, como si hubiera sido consultada con frecuencia a lo largo de los siglos, y los caracteres, aunque aún legibles, mostraban el paso de un tiempo que ninguna otra tablilla del archivo parecía haber sufrido con la misma intensidad.
—¿Qué dice? —preguntó Talaida, con el cuaderno ya abierto, aunque esta vez complementado con una serie de notas comparativas que había ido elaborando a lo largo de días de trabajo conjunto con los textos fundacionales de Draxcan que había traído consigo.
—Esa es precisamente la dificultad. —Ferin se frotó los ojos, el cansancio de horas de concentración reflejándose con claridad en cada gesto—. El sistema de escritura empleado aquí no corresponde exactamente al que hemos logrado descifrar en textos más recientes. Es una forma considerablemente más antigua, con caracteres que, en algunos casos, no tienen equivalente directo en nuestro propio lenguaje actual. Hay al menos siete símbolos en esta tablilla que no aparecen en ningún otro documento de nuestro archivo, lo cual sugiere que, o bien pertenecen a una tradición escrituraria completamente distinta, o bien fueron eliminados deliberadamente de los registros posteriores.
—¿Eliminados? —repitió Talaida, con una alarma académica inmediata—. ¿Por qué alguien eliminaría símbolos de un lenguaje?
—Por la misma razón por la que se eliminan ideas. —Ferin se encogió de hombros, con una resignación que sugería que aquella pregunta, aunque lógica, excedía lo que los propios archivos podían responder—. Si un concepto se vuelve incómodo, lo más eficaz no es prohibir las palabras que lo describen, sino eliminar las palabras mismas, de modo que las generaciones futuras ni siquiera puedan formularlo.
Talaida se aproximó, examinando la inscripción con la misma atención meticulosa que había aplicado a cada documento desde el inicio de su investigación, comparando mentalmente cada símbolo con los que ya había catalogado durante semanas de trabajo paralelo.
—Espera. —Se detuvo ante un carácter específico, repetido tres veces a lo largo del texto espiral—. Este símbolo. Lo he visto antes, aunque con una forma ligeramente distinta.
—¿Dónde? —preguntó Vessa, aproximándose con un interés renovado.
—En los documentos fundacionales de Draxcan. El símbolo que empleamos para designar la palabra "sangre", en su forma más antigua, anterior a las reformas lingüísticas que simplificaron nuestra escritura hace aproximadamente tres siglos. —Talaida extrajo su propio cuaderno, mostrando un boceto que había copiado semanas atrás de uno de los textos más antiguos conservados en el archivo Chimer—. Mirad. La diferencia es mínima. Solo el trazo final, que en vuestra versión se curva hacia la izquierda, mientras que en la nuestra se mantiene recto.
Ferin examinó ambos bocetos con una fascinación creciente, comparándolos línea por línea. Sus dedos, manchados de tinta de tanto escribir, recorrían los trazos con una delicadeza que contrastaba con la intensidad de su concentración.
—Esto podría ser la confirmación definitiva que necesitamos —dijo, con una emoción académica que trascendía cualquier reserva diplomática—. Si logramos establecer una correspondencia sistemática entre nuestro sistema de escritura más antiguo y el vuestro, podríamos finalmente comenzar a traducir textos que, hasta ahora, habían permanecido completamente indescifrables. Hay al menos una docena de tablillas en los niveles más profundos de este archivo que nadie ha logrado leer jamás. Si esta correspondencia se confirma, podríamos acceder a información que lleva siglos esperando ser comprendida.
Vessa, que había permanecido en silencio observando el intercambio, finalmente intervino con una cautela que Talaida ya reconocía como característica de la archivista.
—Antes de emocionarnos, debemos verificar la correspondencia con el mayor rigor posible. Un solo símbolo compartido no constituye una prueba concluyente de un origen lingüístico común. Podría tratarse de una coincidencia, o de un préstamo cultural posterior, no de una raíz compartida.
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Editado: 06.10.2026