The Age of Crowns: Los Herederos de Eltrix

Capítulo V: Las Gemas que Recuerdan

—Un muchacho —repitió Airoon.

Lo dijo sin interrogación, saboreando la palabra como quien prueba un vino que sospecha picado. Maerith Calyth había tomado asiento en uno de los escabeles, con la carpeta cerrada sobre las rodillas y la espalda recta. Serelith Veltrax, en cambio, se había quedado de pie junto al mosaico del dragón, sin soltar el diapasón, que había dejado de vibrar pero conservaba entre sus dedos un temblor residual, como un animal que acaba de oír pasos.

—Un anciano de nuestro consejo —explicó Maerith—. Un hombre que nunca habla y que anoche, antes de dormirse junto al cristal, dijo que en Draxcan hay un muchacho al que la luz conoce. Ni él sabe de dónde lo sacó. No os lo cuento para acusar a nadie, majestad. Os lo cuento porque hace una hora una oficial de mi escolta ha estado a punto de perder el sentido a diez pasos de vuestro asistente.

—Subcomandante Draykor.

—Sí. Y no es una mujer que se asuste con facilidad.

Kael seguía de pie detrás del trono. No había hablado desde que se cerraron las puertas, y el silencio empezaba a pesarle como una capa mojada. Dio un paso adelante, saliendo de la penumbra del arco.

—Sabían que descendía de Seraphine —dijo con calma—. Eso se dijo ante el Senado. Lo que no sabían es que un cristal de Eltrix reaccionaría ante mí.

—Lo sabíamos desde esta mañana —corrigió Maerith, mirándolo por primera vez de frente—. El nombre de Seraphine lo conocíamos. Lo que no esperábamos, señor Kraxter, es que el nombre tuviera una voz tan fuerte.

Hubo un instante de contención. Serelith abrió la boca para decir algo y volvió a cerrarla. En aquel gesto mínimo, Kael reconoció la disciplina de quien ha pasado años aprendiendo a medir sus palabras antes de pronunciarlas. La maga no era tímida por naturaleza: era prudente por formación.

—Hablad —la animó Airoon, con un cansancio casi amable—. Si hay algo que quiera saber de mi asistente, prefiero que se lo pregunte en mi presencia que a mis espaldas.

—No me atrevo a preguntar, majestad. Me atrevo a pedir. —La maga tragó saliva—. Los hilos de la señal son once. Nuestros instrumentos no han conseguido determinar cuál es su origen. Pero este diapasón responde a vuestro asistente con la misma cadencia con que responde al cristal de Eltrix. Y si es así, entonces Eltrix tiene gemas que quizá recuerden algo que Draxcan no sabe, y Draxcan tiene un joven que quizá sepa recordarlo. Es todo lo que digo.

Airoon se pasó una mano por la barba. Durante un largo rato nadie habló. En la sala solo se oía el crepitar de las lámparas y, muy lejos, el murmullo de la ciudad al otro lado de los muros.

—Voy a explicaros qué haremos —dijo al fin—. No porque me lo hayáis pedido, sino porque es lo que habría hecho aunque no vinierais.

Maerith inclinó la cabeza.

—Primero. Eltrix enviará dos eruditos a examinar la cámara bajo el castillo. Dos, no más. Los acompañará una guardia de Quzker, y todo lo que midan se copiará en dos ejemplares, uno para vos y otro para mi archivero. Segundo. Draxcan enviará a Eltrix una pequeña delegación de estudio. Talaida Rosmar, mi mejor investigadora de la historia Elemen, tendrá acceso a vuestros archivos y a vuestras gemas, bajo la protección que vuestro Gran Sabio considere oportuna. Ninguna información saldrá sin ser compartida. Es una reciprocidad, gran dama. No una concesión.

—Es una oferta generosa.

—Es una oferta calculada. —Airoon sonrió con un matiz casi cruel—. Si no os la hiciera yo, os la haría vuestro consejo a mí, y con peores modales. Tercero.

Miró a Kael.

—Mi asistente irá con ellos.

Kael levantó la cabeza de golpe.

—Majestad...

—Mañana a mediodía se reúne el Senado. Fendric Reichmer ha anunciado que quiere debatir «la naturaleza de ciertos asuntos relacionados con la persona del archivero real». Es una forma educada de decir que quiere discutir qué hacer contigo. Prefiero que, cuando lo hagan, no estés en la sala. —Hizo una pausa—. Y prefiero que Eltrix te vea como una persona protegida por mi Corona, no como un secreto que mis ministros esconden.

—¿Y si lo necesitáis aquí?

—Entonces sabré arreglármelas sin ti por unas semanas. —El rey le sostuvo la mirada—. Lyssara mandará la escolta. Y esta vez, Kael, si alguien te pide que toques algo, tienes mi permiso para negarte.

No era una frase cualquiera. Kael lo percibió con tanta claridad como si Airoon hubiera añadido: No toques nada que no puedas dejar de tocar. El rey había comprendido, con la precisión de quien lleva décadas leyendo intenciones ajenas, que el mayor riesgo no residía en lo que Kael pudiera encontrar en Eltrix, sino en lo que Eltrix pudiera encontrar en Kael. Y aquella advertencia, formulada con la sencillez de una orden cotidiana, encerraba una sabiduría que el propio Kael tardaría semanas en comprender completamente.

Maerith se puso en pie.

—Aceptamos. Y yo me quedaré en Draxcan, majestad, para supervisar la visita de nuestros eruditos. La señora Veltrax y la subcomandante Draykor regresarán a Eltrix con vuestra delegación.

—Me parece justo.

—Entonces, con vuestro permiso, esta noche descansaremos. —Dudó un instante—. Una última cosa. Anoche mi Gran Sabio me pidió que no hiciera preguntas hasta saber qué estaba preguntando. Creo que todavía no lo sé. Pero tengo la sensación, majestad, de que vos sí.

Airoon no respondió. Se limitó a sostener su mirada, con los ojos hundidos y la boca firme.

—Buenas noches, gran dama.

Cuando la puerta se cerró tras Maerith y Serelith, Airoon permaneció sentado en el trono bajo durante un largo rato, con los codos apoyados en las rodillas y la mirada perdida en el mosaico del dragón. Kael seguía detrás de él, sin atreverse a moverse. Fue el rey quien rompió el silencio.

—¿Sabes lo que acabas de ver, Kael?

—Una mujer de Eltrix cuya gema reaccionó ante mi presencia. Algo parecido a lo que ocurrió en el Reino Interior con los guardianes.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.