The Age of Crowns: Los Herederos de Eltrix

Capítulo XV: Los Tres Reinos

El consejo se reunió al anochecer, y por primera vez nadie se sentó en el lugar que le correspondía.

Caleus había apartado el sillón de respaldo alto. Se había colocado frente al cristal color humo, de pie, con la túnica gris y las manos desnudas. A su alrededor, en un círculo irregular, se amontonaban las sillas que cada cual había arrastrado hasta donde mejor le pareció. Pyrene se había sentado junto a Serelith. Brannoch, que siempre ocupaba el extremo más alejado, se había pegado a Orvain y a Nyssa. Ulvan había elegido una silla junto a la ventana, con las piernas cruzadas y el gesto de quien asiste a una función cuyo desenlace le preocupa más de lo que confesaría. Los de Draxcan se habían agrupado sin proponérselo: Kael y Lyssara, Talaida con el cuaderno, Paul con la casaca arrugada. Haldrec dormitaba sobre un banco, envuelto en la capa de Caleus.

La sala, que en otras sesiones había albergado el murmullo constante de los consejeros y el ir y venir de los ayudantes, presentaba aquella noche un aspecto despojado, casi monacal. Las lámparas, dispuestas a lo largo de las paredes, proyectaban una luz uniforme que no privilegiaba ninguna posición, y el cristal color humo, en el centro de la mesa, latía con una serenidad que contrastaba con la tensión contenida de los presentes. Fuera, el viento soplaba con una persistencia inusual, y de vez en cuando una ráfaga hacía vibrar los postigos de las ventanas, recordando a todos que la ciudad, ajena a las deliberaciones que se desarrollaban en aquella sala, continuaba su vida cotidiana bajo un cielo que ya nadie miraba con la misma indiferencia que antes.

Ilmarek fue el último en entrar. Se detuvo en el umbral, vio el círculo de sillas sin orden ni jerarquía y no hizo ningún comentario. Cruzó la sala con su paso militar, tomó una silla libre junto a su prima y se sentó con la espalda recta. Durante un buen rato nadie habló.

—He pasado la tarde leyendo el pliego de Hael otra vez —dijo al fin el Gran Sabio—. Y los seis anteriores. Y las actas de las asambleas de los primeros siglos. No he encontrado nada nuevo. Lo que he encontrado es una costumbre. Cada Gran Sabio, desde el primero, se encontró con una verdad incómoda y la envolvió en una frase hermosa. «Guardianes de Daus.» «Elegidos de los dioses.» «Custodios de los secretos.» No eran mentiras. Eran maneras de no decir «tuvimos miedo».

—Gran Sabio —empezó Pyrene.

—Dejadme terminar. —Alzó la mano—. Esta mañana, en el templo, la gema nos mostró cuatro lugares. Tres de ellos los conocemos. El cuarto no. No sé qué significa. Pero sé que no voy a ser quien, otra vez, decida por todos qué debemos ignorar. Por eso os propongo tres cosas, y cada uno votará como quiera.

Alzó un dedo.

—Primera. Eltrix no retendrá a Kael Kraxter, ni a ningún miembro de la delegación de Draxcan, ni confiscará la gema de Draynok. La gema permanecerá en el templo, bajo custodia de Haldrec y de los Guardianes, y Kael tendrá acceso a ella cuando lo desee.

—Eso es entregar... —empezó Ulvan.

—Es reconocer que no nos pertenece.

Alzó un segundo dedo.

—Segunda. Se constituirá una comisión conjunta entre Eltrix y Draxcan, con cuatro miembros de cada reino, tal como propuso el rey Airoon. Las actas serán compartidas. Las decisiones, por mayoría simple. El primer asunto será el cilindro de Hael y la excavación de la cámara bajo el Corazón.

—Pido formar parte —dijo Ulvan, y todos lo miraron, sorprendidos.

—¿Vos? —replicó Brannoch.

—Si hay una comisión, quiero estar dentro. —Sonrió con su ironía de siempre, pero la sonrisa llegó tarde—. Prefiero vigilar desde dentro a protestar desde fuera. Soy un hombre práctico.

Caleus lo observó un momento.

—Sea. Vos, Pyrene, Serelith y Tolven representaréis a Eltrix. Orvain responderá por el cilindro. Brannoch decidirá qué se hace con la noveno oeste.

—La noveno oeste se queda cerrada —gruñó el minero—. Mientras yo respire.

—Entonces cerrada se quedará.

Alzó un tercer dedo, y su voz bajó.

—Tercera. Ilmarek.

El comandante levantó la cabeza.

—Sois quien más ha sufrido esta semana —dijo Caleus—. No os lo digo con ironía. Habéis pedido custodias, clausuras, vigilancia. Estabais equivocado en las formas. No sé si lo estabais en el fondo. Os pido que acompañéis a la delegación hasta Draxcan con una escolta de los Muros. No para vigilar. Para guardar. Si lo que se esconde en las cámaras es lo que el pliego sugiere, vuestros abuelos juraron guardarlo. Quizá ese juramento ya no consista en construir muros.

Ilmarek tardó en responder. Tenía la vista fija en el suelo, en un punto indeterminado entre sus botas. En el silencio de la sala, el único sonido era el latido tenue del cristal y el roce de la capa de Haldrec contra el banco de piedra. Cuando finalmente habló, su voz llevaba un matiz que ninguno de los presentes le había escuchado antes: no era la dureza del comandante, ni la frialdad del estratega, sino algo más cercano a la fatiga de un hombre que ha pasado demasiado tiempo defendiendo posiciones que ya no está seguro de comprender.

—Mi abuela me dijo que guardáramos los muros para que nada saliera —dijo al fin—. Si quiero cumplir lo que juré, tendré que averiguar qué es ese «nada». Y no podré hacerlo desde aquí. —Alzó la cabeza—. Iré. Con veinte hombres. Los mejores. Y juro ante el consejo que lo que se me encargue lo guardaré con mi vida, sea lo que sea. Incluso si lo que hay que guardar es a un hombre.

Miró a Kael al decirlo. Kael le sostuvo la mirada sin hablar. No era una amistad. Pero tampoco ya una amenaza.

—Entonces votemos —dijo Caleus.

La votación duró tres minutos y no hubo una sola mano que tardara en alzarse. Ni siquiera la de Ulvan.

Fue Talaida quien lo sintió primero.

Estaba anotando el resultado en una página en blanco cuando el lápiz se le deslizó de entre los dedos y rodó por el suelo. Se agachó a recogerlo, y al incorporarse notó que tenía los ojos húmedos sin saber por qué. Una sensación leve, casi dulce, le subía por la nuca. Miró a Kael. Él tenía la mano apoyada en el esternón y los ojos cerrados.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.