14.03.2025
La puerta del garaje se cierra tras de mí, dejando el coche resguardado de las miradas indiscretas. Permanecerá allí durante un buen tiempo... al menos por ahora.
Mi nombre es SeHun o así es como me conoce una pequeña minoría. Otros solo saben de mí lo que yo quiero que sepan, y me llaman por el nombre que decida darles en ese momento. En la calle soy reconocido por mi rostro atractivo, por mi personalidad fría y arrogante, por esa mirada que grita PELIGRO. Pero puertas adentro —de esta casa o de cualquiera de mis múltiples residencias— soy alguien completamente distinto. Un hombre con sentido del humor, cariñoso, romántico... el tipo de novio que muchos desearían tener.
Sin embargo, hay una faceta que solo yo conozco. El SeHun que se esconde entre sombras. Aquel al que buscan en todos los rincones del país. Aquel cuyo nombre nunca aparece en las noticias, pero que es temido en los círculos más oscuros. Un asesino meticuloso, letal, sin piedad. Un hombre que mata sin dejar rastro, que convierte el crimen en arte.
Y por eso, después de cuatro años, aún sigo libre.
Aún sigo haciendo lo que hago... porque me divierte.
Me encanta ver cómo se desmoronan. Me fascina mirarles a los ojos mientras suplican por sus vidas. Me deleito con el terror puro, con el silencio repentino de un cuerpo sin vida. Me obsesiona.
Me dejo caer en el amplio sofá del salón, mientras mi mirada busca el mando de la televisión. Al encontrarlo, enciendo el aparato y pongo un canal de noticias. No tardo en dar con una transmisión donde ofrecen condolencias a la familia de la última víctima del atropello. Anuncian que la investigación ha sido cerrada, lo cual no me sorprende en absoluto.
Pero entonces aparece un titular que me hace prestar más atención, acompañado de la imagen de un joven:
"El hermano de la fallecida y testigo del atropello..." bla, bla, bla.
Así que la pobre chica era hermana de Xi Lu Han.
Qué interesante.
No puede quedar ningún testigo con vida.
Porque sí...
Yo maté a esa chica.