16.05.2025
21:45:12
BaekHyun insistía en acompañarme a todos lados aunque la mayoría de las veces era uno de sus empleados el que lo hacía. Después de que mi rostro saliera en las noticias y me declarara un testigo del atropello, Baek tenía miedo de que aquel hombre pudiera venir a por mi.
Hablar con la prensa fue decisión mía. Trabajar en el periódico también ayudó a que la noticia estuviera en primera página. Quería que aquel hombre supiera que yo le había visto, o por lo menos había visto el coche, Sabía que, con eso, podría atraerlo hacia mí... para silenciarme, para eliminarme. Llamarme loco por ponerme en el punto de mira del asesino de mi hermana, pero yo no iba a estar tranquilo hasta que aquella persona estuviera pudriéndose en la cárcel.
—BaekHyun te he dicho que no hace falta que vengas, estoy bien, se defenderme y lo sabes.
—No estamos hablando de un niñato con ganas de pelea, Lu Han. Se trata de un delincuente. No sabemos quién es ni qué ha hecho antes. Podría tener un historial más largo que este caso.
—He hecho todo esto porque quiero atraparle, si los policías no hacéis nada tendré que hacerlo yo —. Aprieto el teléfono en mi mano.
—Debiste meterte al cuerpo de policía. Con ese empeño, ya habrías resuelto todos nuestros casos y estarían cogiendo polvo en el archivo — este suspiró sabiendo que no iba a poder convencerme de nada.
—No me necesitáis para que esta ciudad de mierda este libre de personas como aquella, estas tú pero no tienes el espíritu que hay que tener para ser el jefe de policía, ahora adiós.
Dicho eso cuelgo.
La lluvia seguía cayendo con fuerza, empapando todo mi cuerpo. Caminar era complicado, por no decir que parecía estar patinando más que andando. Venía del parque cuando empezó el aguacero. A estas horas, las calles deberían estar llenas de gente volviendo a casa o saliendo a cenar. Pero hoy estaban vacías, solo iluminadas por unas cuantas farolas parpadeantes y los relámpagos que desgarraban el cielo con cada trueno.
Entonces, el rugido de una moto me hizo reaccionar. Me aparté hacia un lado de la calle para dejarla pasar... pero no lo hizo.
Me giré, justo cuando los faros me cegaron. Me llevé los brazos al rostro para cubrirme de la luz y poder ver quién iba montado. Solo distinguí un casco blanco, una chaqueta de cuero también blanca. Los pantalones eran oscuros, posiblemente negros, mimetizándose con la noche y con la moto. Estaba a unos 60 metros de mí. Quieto. Sin razón aparente. No había casas, ni negocios, ni refugio. Y llovía como si el cielo fuera a caerse.
—¿Se encuentra bien? —grité.
No obtuve respuesta.
El rugido del motor fue la única contestación antes de que saliera disparado hacia mí.