16.05.2025
22:08:26
El hospital estaba desbordado. Médicos y enfermeras iban y venían por los pasillos con el rostro tenso: un incendio en un edificio de apartamentos había llenado las salas de urgencias durante la madrugada. Yo, en cambio, caminaba entre ellos como un fantasma sin nombre, con un único propósito.
Avancé hasta un pequeño vestuario sin detenerme a comprobar si había alguien dentro. No importaba. Tomé una bata blanca, una mascarilla, y en menos de un minuto ya estaba disfrazado de uno más. Nadie me miró dos veces mientras salía de allí. ¿Podría irme mejor?
Sabía exactamente a dónde ir. La habitación de Lu Han. Claro que lo sabía. Una sonrisa ladeada se dibujó en mis labios al pensar en ello, pero la borré de inmediato al llegar a la puerta. En el soporte colgaba su expediente. Lo tomé con calma, leyéndolo al detalle: contusión en la cabeza, esguince de tobillo... ¿Nada más? Ese chico era más resistente de lo que parecía. El impacto con la moto había sido brutal.
Empujé la puerta con lentitud. La habitación estaba en penumbra, iluminada solo por una luz tenue que caía directamente sobre su cama. Él dormía, tranquilo, sin sospechar nada. Cerré la puerta con cuidado y avancé hacia él, tomando la almohada de la cama vacía. Lo observé. Su rostro, apacible. Vulnerable. Tan cerca de su final.
Levanté la almohada, acercándola a su cara. Unos segundos más y todo habría terminado. Por fin me libraría del único testigo que realmente podría unir las piezas: la voz, el coche, la moto. Incluso sin ver mi rostro, Lu Han sabía demasiado.
Estaba a centímetros de cumplir mi objetivo cuando la puerta se abrió de golpe.
Una enfermera entró, hojeando una carpeta. Me detuve en seco. En un movimiento rápido, dejé la almohada sobre la otra cama, fingiendo una calma que no sentía. La mujer alzó la vista, primero hacia mí, luego hacia Lu Han. Sus ojos se estrecharon.
—¿Qué haces aquí?
—Le estaba acomodando—dije con voz tranquila—. tenía dos almohadas y parecía bastante incómodo — murmuro.
— ¿Quién eres? — pregunta después de mirar a Lu Han viendo si tenía algún daño.
—Soy un interno, estoy en mi último año de medicina y pensé en pasarme a ver si todo iba bien.
—Eso está prohibido — dice tajante chequeando las constantes vitales y acabando con mi paciencia.
Mi mandíbula se tensó. Respiré hondo para contener la frustración.
—No tenía ni idea, lo siento, ya me voy.
Salí sin mirar atrás. Crucé los pasillos y me deshice de la bata y la mascarilla tirándolas al suelo. Mi humor era una tormenta. Había fallado. Otra vez.
Dos intentos. Dos fracasos.
Pero la tercera... la tercera sería la vencida.
Y esta vez, ya sé exactamente qué voy a hacer.