The witness

Se Hun

23.03.2025

20:54:58

Me levanto de la silla justo cuando Lu Han cruza la puerta de la cafetería. La escolta ya no es un problema: habíamos convencido a BaekHyun de que no hacía falta. Conmigo, Lu Han estaba "seguro". ChanYeol desapareció del mapa con una facilidad que no esperaba, y ahora, por fin, todo estaba dispuesto. Hoy sería el final. Nada ni nadie me detendría.

Lu Han se acerca con esa forma de caminar que mezcla inocencia y determinación. Se sienta, pide un café con leche y me observa con sus ojos avellana. Sus ojos... hay algo en ellos que siempre me atrapa, que me retiene más de lo que quisiera admitir. Pero no hoy. Hoy no hay espacio para sentimentalismos.

—Quiero que hoy duermas en mi casa — cojo su mano que está apoyada encima de la mesa — tengo algo importante que decirte.

— ¿De verdad? ¿El qué? — pregunta con una sonrisa curiosa.

—No seas impaciente Deer — ambos sonreímos ante ese apodo ya que es el que le puse nada más conocernos.

—Hacia mucho que no me llamabas así.

— Desde que nos conocimos hace 6 meses.

— Fue hace un año — murmura

Maldigo por dentro. Un error estúpido. Me doy un golpe mental. Sonrío, disimulo.

— Vaya, estaba seguro que fue hace menos, el trabajo me está matando.

—Todavía no me has dicho en qué trabajas realmente, SeHun —dice, apartando su mano con una mueca.

—Te dije que trabajo con el gobierno, no puedo contarte nada más —este bufa y algo me dice que no se cree ni una sola palabra de lo que estoy diciendo —. Vamos a mi casa —añado, inclinándome hacia él, bajando un poco la voz—. realmente tengo algo importante que decirte y tengo una sorpresa para ti

La palabra "sorpresa" hace su magia. La desconfianza se desvanece de su rostro, y sonríe como un niño al que prometen un regalo. Se levanta, me toma de la mano, y deja un par de billetes en la mesa antes de que pueda pagar yo.

Veinte minutos después estamos en mi casa. Un espacio amplio, minimalista, diseñado para impresionar... y para ocultar. Lo guío hasta el salón, donde lo invito a sentarse en el sofá. Obedece sin sospechar nada. Se deja caer cómodamente mientras yo desaparezco hacia la cocina.

Abro uno de los cajones. Lo de siempre: cubiertos, cuchillos, nada fuera de lugar. Excepto que hoy uno de ellos no será para cocinar. Rodeo con la mano el mango de un cuchillo grande y frío. La hoja brilla bajo la tenue luz de la cocina. La siento pesada. Contundente. Perfecta.

Hoy no solo se trata de acabar con él.

Hoy se trata de disfrutarlo.




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