The witness

Lu Han

21:17:13

Observo la espalda de SeHun desde el sofá mientras se mueve por la cocina. Es la primera vez que estoy en su casa, y algo no encaja. Me levanto y empiezo a caminar lentamente, inspeccionando el espacio. La decoración es mínima, los colores apagados. Frío. Impersonal. No hay rastros del SeHun que yo creía conocer: el chico alegre, carismático, lleno de energía. Aquí todo es... diferente. Casi lúgubre.

Salía con SeHun pero realmente conocía poco de él, nunca había estado en su casa, no sabía exactamente en que trabajaba, no conocía nada de él que no fuera lo que veía día a día y eso que nos veíamos poco. Podría decirse que ambos habíamos formalizado nuestra relación demasiado rápido porque según ambos lo nuestro había sido amor a primera vista y era como si nos conociéramos de toda la vida, ahora mismo dudo de ello porque no parece que conozco a SeHun en absoluto.

Avanzo por el pasillo, cruzo hacia el comedor. Mismo ambiente. Silencio. Paredes desnudas. Es como si la casa perteneciera a un desconocido. Y quizás eso es exactamente lo que está ocurriendo.

Abro una puerta en el hall. Solo un armario con cosas del hogar. La siguiente me lleva al garaje. Dudo unos segundos antes de entrar. Enciendo la luz. El zumbido del fluorescente recorre el lugar antes de que se ilumine.

Herramientas. Estanterías con productos para coches. Dos vehículos en el centro. Una moto.

Mi mirada se detiene. Un coche blanco. Me acerco. La matrícula... el modelo... lo reconozco. Es el coche que atropelló a mi hermana. Lo sé. Cada célula de mi cuerpo lo sabe. El pánico se arrastra por mi pecho como una serpiente helada. Vuelvo la mirada a la moto. Es ella. La del hombre que se coló en mi habitación días atrás. No hay duda.

Retrocedo, el corazón latiendo como si quisiera escapar antes que yo. Me doy la vuelta, listo para correr.

Pero ahí está.

SeHun.

De pie en el marco de la puerta. En la mano, un cuchillo de cocina.

—Veo que ya te has dado cuenta —dice con una calma que hiela más que el filo de su arma.

—¿Qué haces con ese cuchillo en la mano, SeHun? —mi voz tiembla, apenas un susurro.

—¿No está claro? —Sonríe—. Es para matarte.

Me cuesta respirar.

—Tú... —murmuro—. Fuiste tú. Mataste a mi hermana.

—Debo confesar que fue un accidente —responde con una media sonrisa, como si estuviera contando una travesura menor—. Pero sí, fui yo. ¿Y adivina a quién voy a matar ahora?

Esa sonrisa.

La misma que vi aquella noche en mi habitación, después del sexo, cuando me observaba como si fuera un objeto, no una persona. Esa sonrisa ahora cobra sentido. Y me paraliza.

—A ti —añade, y sin previo aviso, se lanza hacia mí con el cuchillo en alto.




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