The witness

Se Hun

21:21:01

Lu Han corría por el garaje, su respiración entrecortada rebotando contra las paredes de cemento. Yo le seguía, ambos jugando al gato y al ratón. Él se escondía al otro lado del coche mientras yo rodeaba el vehículo con el cuchillo en mano, buscando el momento exacto para atraparlo y terminar de una vez por todas lo que debí haber hecho tiempo atrás, cuando lo tuve a tiro.

—¡Estás loco! —gritó desde su escondite, jadeando, el miedo desbordando en cada sílaba.

—Claro que lo estoy, cariño —respondí con una sonrisa torcida—. Pero adivina qué: nadie lo sabe.

—¡Lo sabrán todos en cuanto salga de aquí y lo cuente! —replicó, extendiendo una mano hacia la estantería y lanzándome a la cabeza una lata de pintura que esquivé por milímetros.

—¿Aún no lo entiendes, Lu Han? —rugí, mi voz retumbando por el garaje como un trueno—. No vas a salir vivo de aquí. Vas a morir, porque cometiste el error de ver lo que no debías, porque no hiciste lo que debías: quedarte en tu puta casa ¡y no meterte en mis asuntos! —Golpeé con el cuchillo el capó del coche, provocando un chirrido metálico—. ¡Todo esto es por tu estúpido comportamiento!

—¡Muérete, hijo de puta! —escupió con rabia.

—Me he cansado de este juego —dije en un susurro venenoso.

Sin más aviso, me impulsé y salté por encima del capó para acortar distancias, pero Lu Han ya había reaccionado. Agarró una herramienta pesada y me la lanzó a la cara. El impacto fue seco y violento. Gruñí de dolor, trastabillando un segundo. En mi furia, moví el cuchillo a ciegas, logrando rasgarle el brazo con un corte profundo.

El grito de Lu Han fue música para mis oídos. La sangre corrió por su piel, manchando su ropa, goteando en el suelo. Sonreí al ver cómo se encogía de dolor. Adoraba esos sonidos. Pero, para mi sorpresa, no se detuvo. Con una valentía que bordeaba la locura, corrió hacia la puerta. Fui tras él, dispuesto a terminarlo de una vez.

Lo alcancé de un tirón por la muñeca, pero logró zafarse con un giro desesperado, empujando la puerta justo cuando yo iba a cruzarla. La madera se estrelló contra mi cara con un golpe seco.

—¡Maldito crío! —rugí mientras sentía la sangre caliente brotarme de la nariz. Me la había roto.

Lo perseguí por el pasillo, mis pasos firmes resonando en el suelo como el eco de una sentencia. Miré a ambos lados. Las manchas de sangre marcaban un camino hacia la izquierda.

—¡Lu Han! ¡Lu Han! —canturreé mientras subía las escaleras con lentitud, sabiendo que podía oírme—. ¿Dónde estará el dulce Lu Han?

Me detuve en el descanso de la escalera, limpiándome la sangre con el dorso de la mano. Sonreí.

—Hoy, el niño huérfano se va a reunir con su difunta familia —dije en un susurro venenoso—. ¿No es fascinante?




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