El sonido del disparo retumba en mis oídos. Espero el dolor, espero que se extienda por mi cuerpo como una ola ardiente... pero no llega. Solo siento el escozor de los cortes en mi brazo, el golpe de la caída por las escaleras.
Abro los ojos con cautela. Frente a mí, SeHun está de rodillas. La lluvia le cae por el rostro, sus labios entreabiertos, el arma en el suelo. Parpadeo, sin entender qué está pasando... hasta que escucho gritos.
—¡Lu Han! —la voz de ChanYeol me alcanza desde lo alto, al borde de la piscina. Está empapado, con el arma todavía en alto, apuntando al cuerpo de SeHun.
El cuerpo que, de pronto, cae sobre mí.
Grito por la impresión.
—¿Estás bien? —grita ChanYeol, corriendo hacia mí.
Quiero responder. Decir que sí. Pero mi cuerpo ya no responde. El shock, el dolor, el miedo... todo se mezcla hasta que mi conciencia se apaga bajo el peso inerte de SeHun.
Despierto sobresaltado, mis manos recorren mi torso buscando heridas, balazos, algo. Pero no hay nada. Solo golpes, cortes. Estoy vivo.
Me tumbo de nuevo. Estoy en una habitación de hospital. Miro a la izquierda, esperando ver a alguien, a él. Pero está vacío.
SeHun está muerto.
Mi pareja. El hombre que intentó matarme.
La puerta se abre con un chirrido, y entran ChanYeol y BaekHyun intentando ser sigilosos... sin éxito.
—Ey, dormilón, ya era hora —dice ChanYeol mientras se sienta en la silla vacía, la misma en la que inconscientemente esperaba ver a SeHun, y jala a BaekHyun a su regazo.
—¿Cómo te sientes, Lu Han? —pregunta BaekHyun con suavidad.
—Como si me hubiera pasado un camión por encima —respondo, y cierro los ojos unos segundos.
—Es un milagro que estés vivo. Si ChanYeol no te hubiese estado vigilando...
—¿Nunca dejaste de hacerlo? —le pregunto, sorprendido.
—Jamás. BaekHyun insistió en tenerte vigilado. Y cuando miré a SeHun ese día en tu casa... hubo algo en su mirada. Se lo conté a BaekHyun, pero me dijo que estaba paranoico.
—Me caía bien —admite BaekHyun encogiéndose de hombros—. Parecía un buen tipo. Pero nada más lejos de la realidad. No es momento de entrar en detalles, debes descansar.
—Gracias —murmuro—. Aunque me mentiste diciendo que habías retirado la vigilancia.
—Y gracias a esa mentira, estás vivo —dice ChanYeol, dándome un pequeño golpe en el pie antes de marcharse.
Días después, tras salir del hospital, BaekHyun me "secuestra" en su casa. Dice que necesito compañía, y probablemente tenga razón. No estoy bien, pero tampoco estoy mal.
Ahí me entero de la verdad. De toda la verdad.
Quién fue SeHun. Qué hizo. Cuántas vidas destruyó. Cómo jugó conmigo y con tantos otros. Me enteré, pero no me hizo dejar de amarlo.
No puedes dejar de amar a alguien de un día para otro. Aunque te haya mentido. Aunque haya intentado matarte.
Lloré. No solo por mi hermana. Ni solo por SeHun. Lloré por todas las víctimas. Por las familias. Por los sueños rotos. Pero, sobre todo, lloré por mí.
SeHun era un hombre enfermo. Nunca recibió la ayuda que necesitaba. Nunca conoció la comprensión. Ni el amor. ¿Y si alguien le hubiera dado eso a tiempo? ¿Y si él hubiera querido cambiar? Tal vez no. Pero... tal vez sí.
Ese "tal vez" es la llama que decidí no dejar morir.
Cinco años después, me gradué en psiquiatría.
Me dedico a ayudar a personas con trastornos mentales. A escucharlas. A darles lo que SeHun nunca tuvo. No siempre funciona. Algunos pacientes abandonan. Otros no mejoran. Pero otros sí. Y eso basta.
Perdoné a SeHun. Por todo. Por mi hermana. Por sus víctimas. Por intentar matarme. No fue fácil. Me costó años. Pero lo logré.
Por fin, mi corazón dejó de odiarlo y de amarlo al mismo tiempo. Por fin, descansó en paz.
Oh SeHun pudo haber sido el asesino más buscado del país.
Oh SeHun pudo haberme engañado durante un año entero.
Pero gracias a Oh SeHun, encontré mi camino en la vida.
Quizá estoy un poco loco también.
Pero a veces, solo los locos entienden lo que otros no pueden.