Todavía me acuerdo de ti

Seis: Tras Victoria.

Le entraron ganas de salir corriendo tras él y estrangularle. ¿Cómo se le ocurría semejante idea, y además, delante de la chismosa que encendió todo? ¿No pensaba en los demás o qué?
—¿Por qué dudas, Vicky?
Silvia la sacó de la distracción.
—¿De qué duda hablas? —Intentaba focalizar la intención de su prima.
—¿Acaso no es el chico que te trajo a casa los deberes la semana pasada?
Se dio cuenta de que su prima también se había percatado.
—¿Quién, Kim?
Silvia dio un brinquito de la impresión.
—¿Tiene nombre de chica?
—No, es su nombre artístico. ¿De qué duda hablas?
—No entiendo por qué dudas en salir con alguien que te tiene en palmitas y te adora.
—¿Por qué crees que no quedo con mi mejor amigo? —procuró desviar el tema hacia sus verdaderas intenciones—, porque eso es lo que somos, solo amigos.
Juntas tomaron el autobús hacia Griñón.
—Oye, ¿sabes que David se ha echado novia?
—¡Que tierno! ¿Con catorce años, ya lo tiene tan claro?
Silvia miró de soslayo a su prima con media sonrisa asomando por su cara.
—¿Es eso lo que te pasa con Kim?
—¿Qué dices? ¡para nada! —Victoria mostraba reticencia—, ¡A mí me gusta otro!
—Pobre Kim, ¿sabe que te gusta otro?
—¡De sobra, vamos todos a clase!
La sonrisa de Silvia invadió todo su rostro.
—¿Y por qué no pruebas a salir con él? —se giró hacia su prima—, sería el primer novio que tienes y… ¿quién sabe?, quizás a la larga te acabe gustando más él.
Victoria miró al frente, era la segunda persona que insistía en lo mismo.
—Para mi es sólo un amigo y Troy me gusta de verdad.
—Espera, ¿Troy? —Silvia agarró el brazo de su prima—. ¿Todos son ingleses en tu clase o qué?
—No, hombre, no. Troy es de Gibraltar, aunque ha nacido en Madrid, como tú y como yo.
—Pues me hacía ilusión que por primera vez un chico alegara que eres su novia. No sé si me explico.
—A la perfección.
—Además, Carla no creo que se lo esperara. ¿Tú con novio? ¿Antes que ella, además?
—¿Pero cómo te crees que es mi hermana de competitiva?
—Un poco.
—Pero no conmigo, Silvia.
—Porque no te muestras como rival.
—¡Mira que eres burra! —Se llevó la mano a la frente y negó con vehemencia— ¿Por qué le iba a importar a ella echarse novio antes que yo?
Silvia miró por la ventana.
—No sé, porque le pega.
—Le pega que ocurra, no que le importe.
Victoria sacó su móvil del bolsillo mientras su prima esbozaba una sonrisa.
—Pues también es verdad.
Llegaron a la casa de Griñón media hora más tarde para toparse con el hecho de que Carla no estaba.
María, que ese día le tocaba trabajar en el turno nocturno en el hospital, les comentó que estaba cuidando de la pequeña Lidia para que la tía Jesusa pudiera ir a comprar.
Mientras Silvia dejaba la mochila con la muda del fin de semana y Victoria lo hacía con la suya y sus cosas de clase; a ambas se les ocurrió lo mismo.
—¿Vamos a hacerle compañía? —Se preguntaron entre ellas.
María balbuceó algo desde la cama, pues intentaba dormir la siesta para compensar las horas de sueño que iba a perder esa noche.
—¿Qué ha dicho la tía?
—Que si nos llevamos llaves, ni la despertamos si venimos enseguida, ni nos quedamos fuera si volvemos tarde.
Silvia atropelló una risa mientras que Victoria recogía su llavero y se lo metía en el bolsillo.
Seis minutos tardaron andando hasta llegar a la casa de los tíos Miguel y Jesusa.
Gonzalo es quien respondió al timbre y abrió.
—¡Serás capullo! —expresó Silvia al primo, justo al pasar a su lado—, ¿Qué hace Carla aquí, si estás tú en casa?
—¿Carla está aquí? —respondió Gonzalo con otra pregunta.
Las chicas pasaron hasta el salón, donde la aparecida jugaba con la pequeña de cuatro años.
—¿A qué viene tanto alboroto? —Carla se levantó.
—Gocho está ocupado y no me puede cuidar. —intervino la pequeña.
Los tres primos mayores se quedaron sin habla justo en el momento en el que Jesusa entraba por la puerta.
La mujer observó la escena. Se alegró genuinamente de que Silvia estuviera de visita. Se acercó y le dio un par de besos.
—¿Este fin de semana también te quedas en casa de la tía María?
—¡Sí!
Jesusa le echó una breve mirada de desdén a Victoria y siguió hablando aparte con su sobrina Silvia.
Victoria se acercó a Lidia para jugar con ella.
—¿Quieres dibujar?
—¡Sí, hadas, muchas hadas!
— Vale, me parece bien.
La mayor y la pequeña se dispusieron a dibujar alas por los margenes del cuaderno mientras Carla y Gonzalo se pusieron a hablar aparte.
—Tengo novia, se llama Jessica.
Carla abrió los ojos como platos.
—¡Eso es estupendo, Gocho! —Mostró su más sincera sonrisa.
El chico se llevó la mano a la nuca, desviando la vista, como si esperara otra reacción por parte de su prima.
—Creo que voy a llamarla, me apetece oír su voz.
Un último intento de Gonzalo por entender a Carla, o quizás a sí mismo.
—¡Eso es súper romántico y tierno, primo, ánimo!
Se sacó el teléfono del bolsillo y empezó a subir las escaleras a su habitación mientras marcaba las teclas. Desapareció escaleras arriba.
Carla se acopló a la conversación entre Silvia y Jesusa, y a las siete menos cuarto de la tarde Miguel apareció, le dio un par de besos a cada una de sus sobrinas y estas se fueron a casa de Tomás y María, justo para volver a ver el capítulo de su serie de anime favorita.




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