Todo el ruido entre nosotros

Capítulo 30

Dominic

—Si este hotel vuelve a darme huevos fríos voy a iniciar una guerra diplomática. — dijo Rhyder que estaba tirado boca abajo sobre uno de los sillones de la suite mientras Noah intentaba ignorarlo leyendo algo en su teléfono.

Spoiler: no lo estaba logrando.

—Tú iniciarías una guerra por menos —murmuró Noah.

—Correcto. — dijo Jade que apareció desde la habitación contigua con gafas oscuras puestas aunque estábamos adentro. Porque claramente vivía para el drama.— Hay paquetes abajo para ustedes.

No levanté demasiado la vista desde la guitarra.

—¿Fans?

—No. Pero soy tan amable que lo traje hasta aquí, por lo consiguiente me deben un favor.

La sonrisa lenta de Jade inmediatamente me dio mala espina.

Muy mala.

—Entonces ¿qué?

Ella dejó unas cajas sobre la mesa de la sala. Y apenas vi la letra… mi corazón hizo una cosa peligrosamente estúpida. Porque reconocería la letra de Evie en cualquier lugar.

Rhyder prácticamente gritó.

—¡LA ESCRITORA!

Noah dejó el teléfono instantáneamente.

Traidor.

—Oh, esto es importante importante —dijo Jade sentándose directamente en el brazo del sofá—. Procedan. Necesito entretenimiento.

Me acerqué lentamente a las cajas sintiéndome ridículamente nervioso.

Como si abrirlas fuera peligroso. Y honestamente probablemente lo era.

La primera tenía una nota encima.

"Para la banda más ruidosa de Europa.

Intenten no incendiar ningún hotel.

— Evie"

Rhyder se llevó una mano al pecho.

—La amo.

—Ni se te ocurra —dije automáticamente.

Los tres me miraron inmediatamente.

Mierda.

Jade sonrió como depredadora emocional.

—Oh, él está mal mal.

Ignoré eso abriendo la caja grande. Y el caos empezó inmediatamente.

—¡NO PUEDES ESTAR HABLANDO EN SERIO! —gritó Noah viendo los snacks ingleses.

Rhyder levantó el libro sobre bateristas como si fuera un tesoro nacional.

—Me siento comprendido espiritualmente.

—Eso es preocupante —murmuró Jade aunque también estaba sonriendo mientras veía el set de púas vintage.

Y por un segundo… simplemente los observé. Porque Evie había pensado en todos. En detalles específicos. En cosas pequeñas que apenas mencionamos alguna vez.

Muy ella.

Fingiendo indiferencia mientras recuerda absolutamente todo.

Después vi la otra caja.

La mía.

Mi nombre escrito en negro sobre la tapa. Y de repente el resto del mundo desapareció un poco.

—Ohhhhhh —canturreó Rhyder—. La caja del amor. Se aman tanto que le envío una caja solo para él.

—Cállate. —Pero mi voz salió distraída mientras la abría.

Lo primero que vi fue el café. Y automáticamente solté una risa.

—¿Qué? —preguntó Noah.

Levanté el paquete.

—Me quejé del café del hotel una vez.

Jade inmediatamente apuntó con el dedo como detective.

—Obsérvese el fenómeno conocido como “Evangeline presta atención incluso cuando finge no hacerlo”—dijo.

—Jade.

Ella siguió como si nada.

—Y eso, amigos, es enamoramiento.

Rhyder hizo sonidos de marcha nupcial.

Quise matarlos un poco.

Después encontré el vinilo, "Oasis – Definitely Maybe". Y me congelé. Porque llevaba literalmente meses buscándolo.

—No puede ser…

—¿Qué es? —preguntó Noah inclinándose curioso.

Negué apenas todavía mirando el disco.

—Es imposible de conseguir y mucho mas en buen estado.

Mi pecho se apretó raro. Porque Evie debió esforzarse muchísimo para encontrarlo. Y después… la bufanda. Negra. Mía. Con el perfume suave de su departamento todavía impregnado.

Dios.

Me quedé completamente quieto sosteniéndola. Recordaba perfectamente haberla dejado ahí. Y ahora estaba doblada cuidadosamente dentro de la caja como si significara algo.

Rhyder me observó unos segundos.

Después habló más suave:—Hermano…

No respondí. Porque acababa de ver un cuaderno. Pequeño. De cuero oscuro. Con una nota doblada entre las páginas.

Sentí el corazón acelerarse inmediatamente.

—OH NO —gritó Jade levantándose—. ESO ES PRIVADO. NOS VAMOS.

—¿Desde cuándo respetas la privacidad? —preguntó Noah.

—Desde que Hale parece a dos segundos de sufrir un colapso romántico.

Rhyder intentó espiar igual.

Le tiré un almohadón en la cara.

—Fuera.

—¡DICTADURA!

—FUERA.

Entre quejas exageradas terminaron desapareciendo hacia las otras habitaciones.

Y finalmente… quedé solo.

Apoyé ambas manos sobre la mesa unos segundos.

Era absurdo.

Había tocado frente a estadios enteros sin ponerme tan nervioso. Y aun así... abrir un cuaderno enviado por Evie me daba mucho más miedo que cualquier escenario. Porque las canciones podían romperte el corazón. Pero las palabras de Evangeline Hart... tenían una puntería mucho más precisa.

Miré el cuaderno varios segundos antes de abrirlo. Lo giré entre las manos varias veces.

No era solo un cuaderno. Era Evie. Y después de todo lo que había pasado... tenía miedo de descubrir que todavía seguía despidiéndose de mí.

La letra de Evie apareció inmediatamente.

Perfecta. Elegante. Peligrosamente honesta.

"Me dijiste una vez que odiabas las páginas vacías porque te hacían sentir que cualquier cosa podía salir mal."

Mi respiración se desaceleró apenas.

Porque sí. Lo había dicho. Una madrugada cualquiera mientras ella escribía y yo fingía no quedarme solo para escuchar el sonido de su teclado.

Seguí leyendo.

"Yo siempre pensé lo contrario."

Tragué saliva.

"Creo que las páginas vacías son lo único valiente que existe."




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