Evie
Me quedé mirando el último mensaje de Dominic como una absoluta idiota.
"Ahora definitivamente voy a enamorarme más de ti".
Mi corazón seguía completamente fuera de control. Porque había algo peligrosísimo en Dominic cuando dejaba de esconder las cosas detrás de bromas.
Y últimamente lo hacía más seguido.
Demasiado seguido.
Poe decidió en ese momento caminar sobre mi estómago para bajarme de la nube emocional.
—Traidor.
El gato ignoró completamente mi sufrimiento romántico y se acomodó en el respaldo del sofá.
Miré la hora.
Y automáticamente me enderecé.
—Mierda.
La editorial.
Había olvidado completamente que debía ir.
Otra vez.
Excelente señal de estabilidad mental.
Corrí por el departamento intentando recomponerme después del desastre emocional/familiar/romántico de la mañana.
Me retoqué apenas el maquillaje. Busqué las llaves. Intenté ignorar que seguía sonriendo por culpa de un músico arrogante en otro país.
No funcionó.
Tomé el bolso justo cuando el teléfono volvió a vibrar.
Dominic otra vez.
Claro.
Abrí el chat automáticamente.
Dom: ¿Sigues viva o tu madre logró asesinarte psicológicamente?
Solté una risa mientras cerraba la puerta del departamento.
Evie: Sobreviví en ese momento y todavía sigo haciéndolo.
Evie: Aunque ahora llego tarde a la editorial por culpa tuya.
La respuesta llegó mientras esperaba el ascensor.
Dom: Qué honor arruinar profesionalmente a una escritora famosa.
Negué apenas sonriendo.
Dios.
Me estaba acostumbrando demasiado a esto.
Y eso daba miedo.
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La editorial era un caos apenas llegué.
Personas caminando rápido. Telefonos sonando. Diseños de portadas por todas partes.
Margaret apareció apenas me vio entrar.
—¡Por fin! Pensé que ibas a desaparecer emocionalmente otra vez.
—Buenos días para ti también.
Mi editora me tomó del brazo arrastrándome directamente hacia una sala de reuniones.
—Tenemos muchísimo que organizar.
Y honestamente… esta vez no me molestó. Porque por primera vez en mucho tiempo sentía ganas de vivir todo eso.
Las siguientes horas pasaron entre contratos, ideas de promoción y reuniones.
Mi libro estaba oficialmente entrando en producción.
Real.
Real de verdad.
Y cada vez que alguien hablaba emocionado sobre el lanzamiento… una parte de mí seguía sin terminar de creerlo.
—La preventa está explotando y eso que aún no revelamos casi nada —dijo una de las encargadas de marketing mirando su tablet—. Y el tema con Black Hollow está aumentando muchísimo el interés.
Ah sí.
El “tema con Black Hollow”.
También conocido como: mi caos sentimental público.
—Las redes están obsesionadas con ustedes —agregó otra persona riéndose apenas—. Especialmente después del concierto de anoche.
Quise morir inmediatamente.
Margaret levantó la vista.
—¿Qué concierto?
No.
No no no.
La encargada mostró directamente el video de Dominic cantando.
Y mi alma abandonó mi cuerpo.
"Cause some girls feel like London rain…"
—OH DIOS MÍO —gritó Margaret viéndome—. ESA CANCIÓN ES SOBRE TI.
—No necesariamente.
Todos me miraron exactamente igual.
Traidores.
—Evangeline —dijo Margaret lentamente—. Literalmente habla de una mujer emocionalmente inaccesible de Londres que huye de sus sentimientos.
—Eso podría ser cualquiera. —traté de desviar el tema aunque era absurdo, ya había tenido esta conversación con Charlotte anteriormente.
—También menciona tormentas emocionales y peleas constantes.
Suspiré derrotada. Porque la nueva canción de Black Hollow sobre mí estaba volviéndome un iman de burlas cariñosas.
—Odio esta editorial.
La sala entera empezó a reírse. Y honestamente… yo también terminé riendo un poco. Porque era ridículo. Toda mi vida intentando proteger mi privacidad… y ahora internet entero parecía seguir mi desastre romántico capítulo por capítulo.
Perfecto.
Más tarde terminaron llevándome a ver pruebas físicas del libro.
Y ahí sí todo lo demás desapareció un momento.
Porque verlo así… real.
Con portada. Con mi nombre. Con páginas impresas de verdad.
Me dejó sin palabras.
Tomé uno lentamente entre las manos.
Mi libro.
El libro que pensé que jamás iba a terminar.
El libro que nació entre peleas de balcón, música a las tres de la mañana y un vecino imposible.
Pasé lentamente la yema de los dedos por el relieve de la portada.
Mi nombre. Ahí. Impreso de verdad.
Abrí el libro con un cuidado casi ridículo y el olor a tinta nueva me golpeó de inmediato.
Cerré los ojos apenas un segundo.
Pensé en todas las noches en las que cerré la laptop convencida de que jamás volvería a escribir una sola palabra.
En todos los documentos abandonados.
En todas las páginas borradas.
En todas las veces que estuve a punto de rendirme.
Y aun así... aquí estaba.
Existiendo. De verdad.
Pasé algunas páginas casi sin pensar hasta llegar a la dedicatoria.
"Para quienes alguna vez creyeron que era demasiado tarde para volver a empezar."
Me quedé mirándola unos segundos.
Cuando la escribí, pensaba en mí.
En aprender a escribir otra vez.
En aprender a vivir otra vez.
Tragué saliva lentamente.
Porque ahora... ya no estaba tan segura de que esa dedicatoria hablara solo de mí.
Sentí el pecho apretarse fuerte.
—¿Te gusta? —preguntó Margaret más suave.
Editado: 15.10.2026