Todo el ruido entre nosotros

Capítulo 33

Dominic

Las giras eran raras.

Siempre lo habían sido.

Semanas lejos de Londres. Hoteles que terminaban pareciéndose demasiado entre sí. Aeropuertos a horas absurdas. Entrevistas donde respondía las mismas preguntas con sonrisas diferentes. Miles de personas coreando nuestro nombre durante dos horas y un silencio extraño apenas bajábamos del escenario.

Mucho ruido.

Muchísima gente.

Ciudades distintas cada semana.

Luces tan fuertes que terminabas olvidando qué día era.

Normalmente me encantaba.

Vivía para eso.

Para la descarga de adrenalina justo antes de salir al escenario. Para el primer acorde. Para sentir cómo el piso vibraba bajo mis pies cuando el público empezaba a cantar incluso antes que nosotros.

Era la única vida que realmente conocía.

Pero ahora...

Ahora había algo faltando.

Y honestamente era irritante darme cuenta.

Porque llevaba años recorriendo el mundo y nunca había extrañado tanto volver a un lugar.

O a alguien.

El concierto había terminado hacía apenas media hora.

Todavía tenía el zumbido de los amplificadores metido en los oídos y la garganta ligeramente áspera por cantar durante dos horas seguidas.

El pasillo detrás del escenario olía a cables calientes, humo artificial y café recalentado.

Técnicos desmontaban luces mientras alguien corría con una guitarra al hombro.

Todo seguía moviéndose. Todo seguía haciendo ruido. Y, aun así... después del último aplauso siempre llegaba el mismo silencio. Ese que solo aparecía cuando la adrenalina empezaba a desaparecer.

Entré a la habitación del hotel dejando caer la chaqueta sobre una silla.

Lo primero que hice fue sacar el teléfono.

Ni siquiera me di cuenta.

Simplemente ocurrió.

Como respirar.

No había ningún mensaje nuevo.

Fruncí apenas el ceño.

Ridículo.

Sentía que hacía cinco minutos que había terminado el show. Evie probablemente ni siquiera sabía que ya habíamos bajado del escenario.

Aun así...

Abrí nuestro chat.

La última conversación seguía ahí.

La releí sin querer.

Después otra vez.

Y sonreí.

Había fotos.

Memes absurdos.

Capturas de conversaciones.

Una foto de Poe dormido sobre mi chaqueta.

Otra de una taza de café completamente quemado que Evie insistía en llamar "aceptable".

Sonreí otra vez.

No recordaba en qué momento una conversación cualquiera terminó pareciéndose tanto a un hogar.

Dios.

En qué momento me había convertido en esa clase de persona.

Antes terminaba un concierto y salía con la banda, buscaba algún bar abierto o simplemente me quedaba haciendo cualquier estupidez con Rhyder hasta las cuatro de la mañana.

Ahora... ahora mi primera necesidad era saber si una escritora antisocial me había mandado un mensaje.

Qué desastre.

—Estás sonriendo mirando el teléfono otra vez. —Levanté la vista encontrándome a Jade tirada en el sillón frente a mí.

—No estoy sonriendo.

—Claro.

Rhyder apareció desde alguna parte comiendo papas fritas.

—Está hablando con la escritora, ¿verdad?

No respondí.

Error.

Porque eso fue confirmación suficiente para esos buitres emocionales.

—¡OH, DEFINITIVAMENTE ESTÁ HABLANDO CON LA ESCRITORA!

Noah soltó una pequeña risa desde la otra punta de la habitación del hotel.

Traidores.

Todos.

Volví a bajar la vista al teléfono justo cuando vibró.

Automáticamente desbloqueé la pantalla.

Estrella: Acabo de sobrevivir a tres entrevistas seguidas.

Estrella: Creo que merezco reconocimiento internacional por esto.

Solté una risa.

Podía verla perfectamente.

Sentada con una taza de café ya frío, haciendo esa cara de agotamiento social que ponía cada vez que tenía que hablar con demasiadas personas.

Escribí rápido.

Dom: Yo sobrevivo a Rhyder hablando desde hace seis horas seguidas.

Dom: También merezco premios.

Escribí mientras lo decía en voz alta.

—¡TE ESCUCHÉ! —gritó el baterista desde el minibar.

—Esa era la idea.

Evie respondió casi al instante.

Estrella: Bueno, pero tú elegiste tenerlo en tu banda.

Dom: Eso fue una decisión inconsciente.

Dom: A veces me pregunto si todavía puedo despedirlo legalmente.

Una almohada impactó directamente en mi cabeza.

Ni levanté la vista.

Simplemente seguí escribiendo mientras escuchaba a Rhyder protestar porque "nadie valoraba su talento".

Y por primera vez en semanas...

Todo volvió a sentirse fácil.

Eso era lo peligroso de Evie.

No había llegado haciendo ruido.

No había intentado convertirse en alguien importante.

Simplemente... pasó.

Primero fueron las discusiones.

Después los mensajes.

Después la costumbre de contarle cosas que ni siquiera sabía que quería compartir.

Y ahora... estaba en todas partes.

En las canciones.

En los silencios.

En las madrugadas.

En las cafeterías donde automáticamente buscaba un libro nuevo para recomendarle.

En las librerías de cada ciudad.

En las ventanas de los hoteles cuando empezaba a llover.

En cualquier gato negro que se cruzaba por la calle.

Era desesperante. Porque el mundo entero parecía empeñado en recordármela.

En el teléfono que revisaba constantemente como un adolescente ridículo.

Incluso arriba del escenario.

Anoche, mientras cantábamos "Saturn Lights", hubo un momento en que el público empezó a iluminar el estadio con miles de linternas.




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