Tom y Tim

Cap 1 - Viaje en el Tren

Tras el ataque de las bestias a Ciudad Sora, los Cazadores de la Academia Mugen lograron derrotar a las temibles criaturas después de un intenso combate.

Sin embargo, muchos hogares quedaron destruidos, provocando que los más humildes tuvieran que irse a la otra ciudad.

Ciudad Granillo.

Una ciudad muy apartada de toda sociedad en este gran subsuelo, bajo el frío corazón de la Antártida.

Según dicen tiene muy buenos puestos de trabajo y un bajo costo en las viviendas, motivo suficiente para que varias familias fueran ahí.

—¡¡Buaaaaaa!! ¡¡Buaaaaaaa!!— lloraba un bebé inquieto, entre las muchas familias que tomaron el tren como medio de viaje.

—Shhh, tranquila, tranquila— se escuchaba la voz de su mamá, intentando calmarla.

Más atrás en el tren, se apreciaba una pequeña familia conformada por una abuela y dos niños de doce años.

Eran hermanos gemelos, idénticos en todo aspecto físico, pero muy diferentes en lo emocional.

Tom, el que llevaba la camisa roja, era de carácter reservado, actuaba bastante serio para alguien de su edad.

En cambio, Tim, el de la camisa azul, era su lado opuesto, un niño bastante alegre y confiado, inocente en varios aspectos de la vida.

—Mmm... galletas horneadas, vengan a mí~— murmuraba el niño de la camisa azul en medio de sus sueños.

La abuela también parecía profundamente dormida, todos estaban muy cansados después de lo sucedido en Ciudad Sora.

Tom también lo estaba, pero no podía dormir a gusto, sentía mucha preocupación por todos estos sucesos.

Todo fue tan... drástico, tan repentino.

Y solo se puso peor, al escuchar al hombre de la primera fila, a la izquierda de su familia, empezando a cantar.

—Todos somos bestias en nuestro interior profundo, oculto...~— empezó a cantar una canción bizarra, mientras sacaba algo de su equipaje.

Con preocupación, Tom se giró para ver al hombre, apretando sus puños de manera inconsciente.

Notando que lo que empezaba a sacar de su maletín eran unas tijeras grandes y plateadas, manchadas con sangre en sus puntas.

—¡Oh, qué descuidado soy!~— , empezó a lamer las puntas, limpiando la sangre que cubría las tijeras.

Al ver la escena aterradora, el corazón de Tom empezó a latir a toda velocidad, apartando la mirada de aquel hombre para evitar problemas con él.

«¿Cómo... cómo no se cortó la lengua?», pensaba totalmente confuso, estaba seguro que esa tijera era muy afilada, pero de alguna manera... no se cortó ni sangró.

Pero antes de siquiera seguir pensando, volvió a estremecerse al escuchar que uno de los asientos rechinó levemente.

—. . .—

Tac... tac... tac...

El hombre de hace unos momentos, se había levantado de su asiento, para caminar directo al...

... baño.

En ese momento, Tom pudo soltar un gran y largo suspiro de alivio total, al menos por ahora.

—Ojalá lleguemos lo antes posible...— murmuró preocupado, antes de girarse hacia su hermano gemelo.

A diferencia de él, su hermano sí estaba muy a gusto, roncando suavemente mientras dormía recostado en el regazo de su abuela.

Hubo un momento de silencio, solo llenado por el sonido del tren eléctrico al moverse con velocidad sobre los carriles que lo guían.

Qué habrá ocurrido en la mente de aquel niño, para que una lágrima asomara de sus ojos y rodara con lentitud en sus mejillas.

Tac... tac... tac...

Se volvieron a escuchar los pasos de antes, acercándose cada vez más a él, provocando que todo su cuerpo se tensara como un resorte.

Hasta que los pasos se detuvieron y empezó a escuchar una suave respiración justo a su lado.

Lleno de temor, se giró lentamente hacia el sonido del respiro, viendo que...

... en realidad era una niña de camisa verde.

—¡Conque ahí estabas!— tenía las manos en las caderas, mientras mantenía una expresión determinada.

Tom soltó un largo suspiro de alivio, al darse cuenta que se trataba de su cercana vecina, Lumi.

—¿Oye, lloraste?— preguntó ladeando la cabeza, la joven niña de doce años.

—U-uh... ¡no, por supuesto que no!— se defendió con rapidez, antes de encararla con seriedad.

—¿Oye, acaso no deberías estar con tus padres?— alzó una ceja.

—Oh, vamos, no soy una niña indefensa— sonrió con confianza, antes de sentarse delante de Tom.

—Mis padres se quedaron dormidos, igual que ellos— señaló a Tim y la abuela que los cuidaba.

—Y no quería aburrirme en el viaje— se encogió de hombros.

—Aún así, no deberías-

Tom fue interrumpido de manera repentina, al escucharse fuertes golpes en la puerta del baño.

¡PUM! ¡PUM!

Antes que saliera el mismo hombre de antes, su gran altura desplazándose entre las personas, que observaban confundidos por el ruido de hace unos instantes.

Tac... tac... tac...

Pasó al lado de ellos sin darles importancia, antes de sentarse nuevamente en su asiento, con una sonrisa satisfecha.

Lumi parpadeó un par de veces, antes de girarse de nuevo a Tom.

—Hey, ¿qué ibas a decir?

Con el corazón acelerado, y los puños cerrados, respondió con los dientes apretados.

—... Olvídalo.— alzó su mirada hacia su vecina, con los ojos totalmente serios y muy ansiosos.

—Lo mejor será que vayas con tus padres, porque yo voy a dormir.— agarró una manta delgada que estaba cerca suyo, y se la colocó encima, para girarse y darle la espalda.

—... Cielos, ¿tú también, Tom?— bufó la niña con el ceño fruncido, antes de levantarse.

—Pues bien, ¡buenas noches, supongo!— se alejó con pasos rápidos, seguro que estaba un poco molesta.

—¿Hmm?~— la mirada del hombre se giró un poco, siguiendo los pasos de la niña.

—... No, ahora mismo estoy bastante satisfecho~— se agarró con ambas manos, su largo y vertical cabello azulado, peinándose hacia arriba.

Esa noche, el pequeño Tom, no pudo cerrar los ojos ni conciliar el sueño, temiendo que aquel hombre desconocido le hiciera algo a él o su familia.




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