Touchdown

CAPITULO 12

Verónica.

— A ver, mi querida y amada V. —Sam me apuntó con el lápiz labial en su mano derecha—. Se supone que esta noche trata de nosotras, deja de pensar en lo que pasó anoche y ponte ese bonito vestido que sé que acabas de esconder en el fondo de tu maleta.

—Eres mala, ¿sabías?

—Me lo agradecerás más tarde. —Dejó el labial en la cama y noté la sonrisa pícara surcando en sus labios—. Cuando estés hablando con Christopher señor músculos. 

—Buenas noches, señoritas. —La voz de Katy llegó desde la puerta abierta de mi habitación.

Nos habíamos encontrado con ella en el lobby del hotel y Sam la había invitado. Mis ojos repasaron el vestido blanco sobre su cuerpo. Ella si que sabía como lucir bien un vestido como ese.

—De nuevo repíteme que haces trabajando de recepcionista chica, con ese cuerpo yo sería modelo. —Se giró Sam en su dirección.

—Podrías serlo si quisieras —espeté, poniéndome el vestido azul que compramos luego del juego. Sam me arrastró a la boutique cerca del hotel bajo la excusa de que mis pantalones se quedarían en mi maleta—. Hay mujeres que envidian esas curvas, Sam.

—Lo sé —chilló encogiéndose de hombros y tomando la copa de vino sobre el escritorio de la esquina.

— Y ese ego también. —Katy sonrió —De hecho, mi papá es el dueño del hotel. —Sam casi escupe la bebida que acababa de llevar a su boca. —Al parecer pensó que ya era hora de que mis niñadas de niña rica se acabaran y me dijo que si no trabajaba no había dinero. — Katy tomó la copa al lado de la de Sam —Y creo que se imaginan el resto.

— ¿Tu padre quisiera adoptarme? —el golpe en la puerta la interrumpió, haciéndola chillar emocionada. —Bueno chicas, prepárense para la mejor noche de su vida. —dio un paso hacia mí y me arregló el cabello —Si el imbécil se te acerca corre en dirección contraria, no te quiero cerca suyo.

Asentí, riendo por su tono de mamá osa.

Lo menos que quería esta noche era a Erick cerca de mí, mucho menos luego de lo que había pasado en el partido hoy. Si, habíamos ganado, pero luego de eso Chris me había llevado a almorzar. No pensé mucho en ello, solo estuvimos hablando como amigos, en ningún momento se tornó como algo más, pero Erick no lo vio así. 

Me fui aun viendo la mirada de odio por parte de Erick, pero mas que eso, había temor en sus ojos. Y sabía el motivo. Él se sentía culpable por lo de Brent, y creía que actuando como un idiota ese sentimiento iba a pasar.

Quise acercarme entonces, decirle que habláramos, pero ya le había dicho que sí a Christopher y no quería hacerle un desplante. Entonces me marché con él, prometiéndome a mi misma que buscaría el momento para hablar nada más llegáramos a Boston. 

Cuando llegamos al salón de eventos, abrí mi boca, completamente sorprendida por el lugar. Había escudos de los equipos en cada dirección que mirara y la fortuna que claramente se habían gastado en esto, era evidente. Al parecer los de administración en serio querían una tregua entre los equipos, y por lo visto, la estaban consiguiendo.

Algunos de los Boston Devils incluso estaban hablando animadamente con los de Chicago sin rastro alguno de pelea en el aire. Esperaba que eso se mantuviera.

El entrenador me guiñó un ojo desde el otro lado de la habitación, cuando sus ojos se encontraron con los míos y segundos después, volvió su atención a los hombres a su alrededor.

Escaneé el lugar ante el jadeo conmocionado de las mujeres a mi lado y vaya que me iba haciendo una idea. Estos hombres sin camisa eran una cosa, pero en traje, cualquier chica diría que era la octava maravilla.

Caminamos un poco hasta llegar cerca de la barra, mis ojos encontrándose con la mirada divertida de Kyle, cuyos ojos fueron a la rubia a mi lado, lanzando un ligero guiño en su dirección, para luego volver su atención al moreno queriendo su atención.

Mi amiga sonrió triunfante y se dirigió a la zona de bebidas cuando intenté abrir la boca. Si, ella y Kyle tendrían un rollo esta noche. La conocía lo suficiente como para saber que no iba a dejar pasar la oportunidad.

El hombre al lado de Kyle me dio un asentimiento al ver hacia donde miraba su excompañero y recordé que ese era el amigo que había mencionado antes, era un moreno ciertamente impresionante.

—Es hermoso, ¿no? 

—Kyle dijo que tiene novio —le dije a Hannah. 

— Y vaya que lo tiene. —nos miró a Katy y a mí. —Mike Johnson, es un abogado graduado de Harvard. —dijo. —Créeme que si ese hombre, —señaló al amigo de Kyle —te parece guapo, espera a conocer a su novio.

—Son tan bellos juntos y las revistas los aman a pesar que intentan mantenerse alejados. —Su mirada cayó—. Quiero tener una cita pronto, carajo, el trabajo me está consumiendo. 

— Yo puedo ser tu hombre, hermosa. —la voz llegó desde atrás y al girarnos Hannah bufó.

— No hablaba de ti, Blake. —ni siquiera le devolvió la sonrisa. —Te conozco lo suficiente como para saber que tú y yo no funcionaríamos ni siquiera en la cama.

—Nunca te tomaste el tiempo de ver como acababa en realidad. 

El tipo se acercó y puso un beso en la esquina de su boca, y puedo jurar que algo le susurró porque la cara de Hannah se tornó a un rosa completo.

Blake sonrió, hizo un gesto de despedida y se fue.

—Eso fue intenso —se burló Katy en dirección a Hannah. Cuando sus ojos se posaron en mí, la sonrisa desapareció para luego tragar en seco y acoplar su rostro a un total nerviosismo—. No quiero alarmarte, pero ya llegó.

Ella y yo sabíamos que no tenía que decir su nombre para que mi cuerpo reaccionara. Sabía que estaba tensa y también que probablemente fue una mala idea venir aquí esta noche.

— Ese tipo Hamilton y tú, tienen historia ¿no es así? —murmuró la pelirroja mientras llevaba la copa de vino a sus labios.

¿En qué momento la había conseguido?




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