Touchdown

CAPITULO 33

Verónica.

Mataría a Kyle, tomaría su cabeza y la hundiría en el váter del inodoro, lo haría sin pestañear. Luego de que el entrenador tomara mi trasero y lo colocara en la barra como hacía con ellos.

Miré mi reloj en mi celular.

05:45.

Tenía menos de quince minutos para encontrar su gran trasero y llevarlo a los vestidores. Conociéndolo no sería fácil de encontrar, últimamente se había estado escabullendo en cualquier lugar y sus escondites ya estaban a punto de volverme loca.

A menudo me preocupaba por él y aún no había podido entablar una conversación sensata, pero sería lo primero que haría el lunes. Todos habían comenzado a darse cuenta de que algo estaba mal con él, incluso el entrenador. Y eso no era bueno. El hombre me había preguntado en numerosas ocasiones que demonios estaba sucediendo y solo pude tratar de decir que no sabía nada. No era mi historia para contar. 

Kyle Johnson tenía un serio problema de corazón roto o al menos eso habían dicho los titulares de la estúpida revista deportiva de chismes que había leído de camino al trabajo. Al parecer Lindsay no tenía otro centro de atención más que mis chicos. Primero Kyle, luego Bradley y según lo que había visto en su jodido blog seguía Nicholas. Dio su ofrenda de paz con lo de la foto de Erick y mía, pero me iba a volver loca.

Cuando sacó la nota de Bradley y la chica en el elevador hace una semana algo me dijo que la mujer me seguiría dando dolores de cabeza, pero lo dejé pasar. Mi error. Esta mañana en la página seis de la revista en el taxi de Ronan me dejó claro que mi vida se volvería un sin fin de llamadas con respecto a los muchachos.

Había tenido que llamar a Eve, la agente de Kyle para que ella misma hablara con él. La mujer enojada solo me pudo decir que el imbécil no había contestado sus llamadas en dos semanas y teniendo en cuenta que nadie sabía dónde se estaba quedando teníamos un serio problema entre manos.

Una cosa era que ellos dieran de qué hablar sacando y metiendo mujeres a sus departamentos, pero si algo ponía alerta a los buitres eran los chismes que no estaban en la superficie. Y en el momento en que Kyle dejo de salir en los tabloides, todos los periodistas estuvieron más al pendiente de sus movimientos. 

Estaba teniendo problemas aquí, me estaba quedando sin tiempo y sin lugares en donde buscar. No estaba en el gimnasio, no estaba en los jodidos vestidores, había revisado incluso en la oficina del conserje y no había rastro de Kyle. Y sabía que estaba aquí.

J.J, el de seguridad me mostró incluso el vídeo de él entrando para comprobar que había sido así.

A ver, piensa Verónica. Si fueras Kyle Johnson ¿Dónde demonios te meterías?

—¿Se te perdió alguien, pequeña Verónica? 

Me giré, enojada por el repentino susto por detrás, encontrándome con los ojos marrones de Chris. La sonrisa en su rostro dejándome saber que estaba plenamente consciente de sus intenciones.

—Demonios, Chris. ¿Sabías que puedes darle un infarto a cualquiera así? 

—Lo siento. —Sonrió mostrando sus dientes perfectos, su uniforme perfectamente puesto y su casco en su mano derecha mostrando lo listo que estaba—. ¿Estás bien? 

Me caía bien Chris por esto, se preocupaba sinceramente por ti sin darle tanta importancia a las cosas sucediendo en el pasado. Me lo había demostrado luego de nuestra conversación sobre Erick.

En las últimas semanas habíamos intercambiado un par de mensajes, el hombre era un excelente oyente y se convirtió en un buen amigo. Incluso me dejó claro que el interés que tuvo por mi había sido pasajero, algo que sinceramente agradecí.

—No encuentro a Kyle y el entrenador va a colgar mi cabeza si no lo llevo a los vestidores en cinco minutos. —Mi voz sonaba ansiosa y preocupada.

—¿Johnson? —se burló con una extraña mirada en su cara, sus ojos bailando con picardía y emoción—. Creo que sé dónde está. 

Señaló la parte de atrás con su mano izquierda sin dejar de reír.

—¿Está en el baño?

Si, Verónica. Eres un genio. De todos los lugares en este jodido estadio no habías decidido buscar allí. Simplemente grandioso.

— Está, pero yo que tú no entraría allí. —lo miré confundida y pasándolo caminé directo a los baños de hombres. Nadie debería estar aquí porque había un jodido partido en diez minutos y probablemente todos estarían corriendo ajustando todo. —¡No digas que no te avisé! —el grito burlón de Hotch resonó tras de mí mientras seguía caminando.

—¡Mas te vale que sea una jodida emergencia lo que te mantenga aquí ence...! —chillé sin terminar la oración una vez puse mis ojos en la escena delante de mí.

Dios. Santo.

El chillido de Sam igualó el mío mientras Kyle maldecía por lo bajo, el uniforme de este último estaba hecho una bola en el piso y Sam apenas traía su sostén cubriéndola, su ropa junto a la de Kyle.

Miré confundida entre ambos sin querer dejar a mis ojos vagar un poco más abajo. Lastimosamente aún no procesaba bien porque obtuve un vistazo del muy...generoso paquete de Kyle en el proceso.

Carajo. Ya sabía porque Sam estaba tan prendada del hombre.

Sin quitar la mirada de horror de mi rostro observé la cabellera rubia de Sam quién intentaba zafarse del agarre de Kyle sobre ella. Si, ella no tenía vergüenza en lo absoluto.

¿Qué demonios había pasado entre la mañana de ayer y la de hoy para que esto sucediera?

—Más les vale vestirse rápido y salir de aquí —advertí—. En vez de mí, pudo haber sido cualquier otra persona, ¿Qué demonios estaban pensando? —omití la parte de Hotch. Sabía que los había visto o tal vez escuchado, pero ellos no tenían que saber eso—. ¿Sabes que Lindsay Donovan está por aquí cerca, Kyle? 

Dándome una buena mirada de su buen formado trasero apenas y pudo lucir arrepentido. Cuando mencioné a la pelirroja que hacía la vida de cada uno de nosotros un infierno, su cuerpo se tensó. 




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