Trastorno

CAPÍTULO 4: TOS INFERNAL

No cuento con la bendición del descanso, ni de noche ni de día. Aquella tos infernal que mi hermano Averett posee está consumiendo cada fibra de mi partes internas. Mi cerebro se encuentra desubicado y aprisionado por la superstición y las alucinaciones.

En mi estructuras más profundas me controla una irritación sofocante. La amargura de mis percepciones se oscurece y altera las fibras causales de mis reacciones motrices. Por mi exterior, todo resuena diferente, surgen unas espigas filosas y horrendas que pretenden perforar mi piel.

Su cof, cof que sale de su boca, a mí me suena como a: contamino, destruyo, aniquilo y desaparezco todo lo que se me ponga en frente.

Aquel sonido violento, prejuicioso y arrebatado tiene la semejanza de un tornado. El virus antes parecía controlable y se daba en mi hermano, sucinto. Luego, con el pasar de las horas y los días, se hizo vorágine. El altar de fuego posicionado en su garganta está siendo sustentado por una combustión profunda que parece ser infinita.

Aquel tormento se le atribuyó a mi hermano por ejecución atribuida al castigo impostado por la fornicación.

Es bien sabido por mí que mi hermano es bien prostituto. Cambia de mujer como cambia sus prendas interiores.

En sus días de descanso acude a bares y siempre una nueva víctima cae rendida a sus pies. Alocadas mujeres se tropiezan ante la imagen angelical de su rostro, donde las palabras salen sobrando y los discursos breves y enmarañados les susurran palabras envueltas de placer al oído, que se vuelven muy tentadoras. Acto seguido, tras el elipse mágico de la bebida, se ejecuta la grandeza del diablo, cuyo poder hipnotiza y embelesa.

Un día le reclamé a Averett que si iba a coger en su habitación por la noche, que calle los gemidos de sus mujeres, ya que mis hijos se encontraban durmiendo en cama en el segundo piso.

Ahora mi hermano está pagando el precio de sus pecados, y está siendo consumido por la miseria.

Anteriormente, su tosido se daba cada 30 o 60 minutos, con un sonido más que moderado. Ahora se volvió vehemente. Tengo la sensación de que una aviesa serpiente se encuentra envuelta en su cuello y al meterse en su boca prendió sus colmillos en su garganta para expeler toda su toxina.

Eyecta sus microorganismos patógenos de sus fauces cada tres segundos. Parece que se reprodujeron dentro de su cuerpo un ejército de infernales seres microscópicos, con la terrible intención de infectar a la humanidad entera si fuese necesario.

La perfecta delicadeza de mi comportamiento se está evaporando y mi cuerpo da tumbos al caminar.

Parezco un ebrio perdido por la bebida. Mi mente se sofoca y se desorienta por la incapacidad de no poder pensar y descansar de la manera correcta. El templo de mi cuerpo se balancea cual terremoto remece la tierra y derriba lo que se encuentra a su paso.

Mi hermano Averett se parece a una orquídea presumida donde expone sus delicados pétalos, para mostrarle al mundo su belleza natural. No obstante, entre aquella innata e inmensa vanagloria ocupada por la inmaculada divinidad, jamás pudo sospechar tan orquídea vanidosa que a los gusanos también le habían advertido de su presencia.




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