Mi hermano en ese instante entró tomado de la mano con Adisson. Fue entonces una enorme sorpresa.
-Hola, hermanito querido, feliz cumpleaños, dijo mi hermano Averett.
Asentí con una sonrisa de agradecimiento.
-Mi gente, hoy les quiero dar una sorpresa, y es que con Adisson hemos decidido que nos vamos a casar, y todos ustedes están invitados a nuestra boda.
En aquel momento se formó una cadena de fuertes aplausos, que hizo eco en las paredes e hizo imanar nuestras emociones hasta convertirlas en réplicas de sonrisas repletas de alegría.
El doctor Ryder llevó dos dedos a la boca, índice y medio, formó una "V" invertida, curvó la lengua hacia atrás y sopló con fuerza, lanzando un potente chiflido.
-Ahora sí, vamos a cantarle al cumpleañero, dijo el doctor Bradley.
-No sin nosotros presentes, dijo Gael, atravesando la puerta, tomado de la mano con su esposa Sky.
Eje, mis amigos Gael y Sky
Bienvenidos. Qué enorme sorpresa.
Estoy maravillado de verlos.
¿Y sus hijas? ¿Por qué no las trajeron?
Gael miró a Sky fijamente de una forma tan extraña que no entendí por qué tanto misterio, y luego de carraspear al fin me respondió.
-Están en un campamento de verano, y ya nunca más las volveremos a traer. Sus comportamientos se volvieron incontenibles.
Son criaturas pequeñas, no seas demasiado duro con ellas, le dije a mi amigo para que no las castigue.
-No, Joseph. Es que, si tú supieras lo que han hecho, quedarías con la boca abierta.
-Lo que dice mi esposo es cierto, intervino Sky. Sus comportamientos no son nada comunes. Sus irascibles conductas solo las he visto en películas que están cargadas de violencia.
Cuánto lo siento. Quizás, con el pasar de los días y los meses, cambien sus formas de comportarse.
Bueno, ya dejando esos temas a un lado. Les quiero decir algo a todos, y la verdad es que, estoy muy feliz. Disculpen las lágrimas que resbalan por mis mejillas. No se equivoquen, no son de tristeza, son de mucha felicidad. Quisiera recordarles a todos cuánto los amo.
-Te amamos, Joseph, dijeron todos al unísono. ¡Eres lo máximo!
-¿Alguien quiere decirle unas palabras al cumpleañero? Mencionó Gael.
-Yo quiero decir unas palabras, dijo mi padre.
-Mi bello y perfecto hijo. Recuerdo cuando con Elizabeth teníamos planeado tu nombre desde mucho antes de que nacieras. Y cuando naciste... no vas a creer esto, pero cabías en la palma de mi mano.
-Te levantaba y le decía a tu madre: "Este hijo va a ser el mejor niño del mundo. Este niño va a ser mejor que cualquier persona del mundo". Y creciste siendo maravilloso. Y era genial verte crecer todos los días. Era un privilegio.
-Cuando llegó el momento de enfrentar al mundo, lo hiciste. Pero en algún momento cambiaste y dejaste de ser tú. Dejaste que las personas te señalaran y dijeran que no eras útil, y cuando la vida se volvió dura, empezaste a buscar a alguien a quien culpar, como si fueras una sombra.
-Te diré algo que tú ya sabes, hijo: el mundo no es arcoíris y nubes rosas. Sin embargo, a pesar de que en un principio tu vida fue difícil, superaste todas las adversidades y conseguiste el camino al éxito. Por eso te admiro, bello hijo mío.
-¡Bravooo! Dijo mi esposa Hailey, animando al resto, e hizo que haya una cadena de aplausos.
Aquella emoción que sentía en mi pecho me hizo saltar las lágrimas.
-Te amo, perfecto hijo mío, dijo mi padre, y me dio un fuerte abrazo que me hizo llorar con más intensidad.
En aquel entonces, atravesó la puerta una mujer de unos treinta años aproximadamente, de alta estatura y figura esbelta. Su cabello castaño claro, ligeramente ondulado, estaba recogido en una coleta. Sus ojos color avellana reflejaban inteligencia y una calidez natural. Su piel, ligeramente bronceada por el sol, y sus rasgos armoniosos transmitían una mezcla de dulzura y determinación.
-¿Furiosa, viniste? Dijo mi esposa Hailey.
¿Se llama Furiosa? Le pregunté a mi mujer.
-No, Furiosa le digo de cariño. Se llama Margaret. Es que le gusta el personaje de Furiosa, de las películas de Max... Max... ¿recuerdas, cielo, esas películas?
No, la verdad es que yo no veo películas.
-Ah, no importa, luego la veremos juntos.
-Llegaste justo a tiempo, Margaret.
-Muy buenos días, dijo Margaret saludando de manos a todos los presentes.
-Don Joseph, feliz cumpleaños. Me dijo Margaret.
Hailey me dijo que no le trajera regalo, ya que, bueno... en realidad a usted no le hace falta nada, y la verdad es que ahora siento un poco de vergüenza por ello.
No se preocupe, señorita Margaret. Su presencia es más que suficiente en esta casa.
-Muchas gracias, don Joseph. Es usted una persona muy digna de admirar.
Muchas gracias, señorita. Puede venir a visitarnos cuando a usted le apetezca.
-Gracias, que amable es usted. Es una persona muy admirada.
Muchas gracias por sus tan hermosas palabras.
Vi el rostro serio de mi esposa y tuve un susto tremendo. Y para solucionar mi falta de respeto le di un beso en los labios para apaciguar sus celos.
-Bueno, ahora sí, dijo mi hermano Averett. Todos vamos a cantarles juntos al cumpleañero.
-¡Joseph, Joseph, este es tu día! Ríe y disfruta con alegría. Pastel, regalos, amor sin fin. Sopla las velas y pide un wish.
-Tara, tarán, tan, tan... Cumpleaños feliz, cumpleaños a ti, cumpleaños, cumpleaños, cumpleaños feliz.
-Happy Birthday to you, to you, to you...
-Happy Birthday to you, to you, to you...
-Happy Birthday, querido Joseph. Happy Birthday to you!
-¡Que sople las velas! Dijo Adisson.
Me hicieron soplar las velas.
Luego, en conjunto, gritaron:
-¡Que la muerda, que la muerda!
Al morder la torta, mi hija Rowen hundió mi cara en el pastel. Y las carcajadas de todos hicieron un gran bullicio en el ambiente.
Después nos pusimos a jugar polo, formando dos equipos. Son cuatro jugadores en cada uno. En un equipo jugamos mi hermano Averett, mi esposa Hailey, Margaret y yo.
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Editado: 18.10.2026