🩷 11. Las opciones 🩷
«La arquitectura debería hablar de su tiempo y lugar, pero
anhelar la atemporalidad.» —Frank Gehry
Theo miró hacia la puerta cerrada.
—Eso da más miedo —murmuró finalmente.
—¿Qué cosa? —preguntó Manolo.
—Que no hayan dicho nada.
El camarero suspiró apoyándose contra la barra.
—Yo creo que sí le gustó.
—¿Y entonces por qué escribía tanto?
Nadie respondió nada, todos vivenciaban la misma sensación frustrante. Theo los miró sin paciencia.
Luego el equipo continuó especulando, pero la atención de Theo ya no estaba realmente allí porque seguía pensando en la mujer de ojos verdes que observaba el restaurante como si intentara entender algo más profundo que la comida.
Aquella sensación inexplicable de familiaridad seguía molestándolo.
🩷🩷🩷
A varias calles de allí, Althea caminaba junto a Martina hacia el estacionamiento subterráneo donde habían dejado el coche.
El ruido del centro volvía poco a poco, motores y conversaciones acompañados de algunas bocinas lejanas, pero ella seguía pensando en el restaurante.
En la luz cálida, en las plantas junto a los ventanales y en el sonido de la cocina mezclándose con las risas. En cómo aquel lugar tenía alma.
—Tienes cara que no me gusta y que no logro interpretar —comentó Martina mientras presionaba el botón del ascensor.
—Porque probablemente sea un conflicto que no sé cómo voy a manejar.
—Bueno… al menos la comida estuvo deliciosa. —Aquello no ayudó, Althea soltó aire lentamente.
—Ese es exactamente el problema. —Las puertas del ascensor se abrieron y ambas entraron.
—¿El cheesecake? Porque sí. Merece patrimonio nacional.
—El restaurante, Tina. Todo el maldito restaurante. No jodas más,se que la comida está deliciosa y el ambiente es, es… único
Martina guardó silencio apenas un instante. Lo suficiente para entender que esta vez su amiga hablaba en serio.
—Te gustó mucho.
—No debería haberme gustado tanto. —Althea se apoyó contra la pared metálica del ascensor—. Fui pensando en estructuras, distribución, viabilidad… y terminé entendiendo por qué el dueño se niega a vender.
—Porque el lugar es precioso.
—Porque está vivo —corrigió ella casi frustrada—. Eso es lo peor.
Martina ladeó apenas la cabeza. Aquello no era su amiga la arquitecta hablando era una profesional confundida.
—Explícame —pidió más suave.
Las puertas se abrieron hacia el estacionamiento y ambas comenzaron a caminar entre filas de vehículos.
—Si ese local desaparece, el proyecto gana espacio, circulación y coherencia visual —comenzó Althea automáticamente, casi como si recitara un informe interno—. Pero perdería identidad y ahora mismo el problema es que ya no puedo ignorar eso.
—Ajá…
—El complejo está diseñado como un espacio moderno, elegante, funcional…, pero el restaurante rompe completamente la estética. —Se pasó una mano por el cabello con evidente frustración—. Y al mismo tiempo hace que todo alrededor parezca frío. —Martina sonrió apenas.
—Eso sonó dolorosamente poético para alguien que hace planos y es muy práctica.
—No estoy bromeando.
—Yo tampoco.
Llegaron hasta el coche y Althea apoyó una mano sobre el techo antes de continuar.
—Si el dueño no vende, todo el proyecto queda paralizado. Los inversionistas quieren uniformidad. Quieren líneas limpias, diseño integrado, lujo moderno. No un restaurante antiguo atrapado en medio del complejo.
—Pero ese restaurante tiene más personalidad que medio centro comercial junto.
—¡Exactamente! —exclamó ella señalándola con frustración—. Ese es el problema.
Martina soltó una carcajada.
—Nunca pensé verte molesta porque algo tiene demasiado encanto.
—Tina…
—No, escucha. Ese lugar es precioso. Tiene identidad, historia, calidez… y además se siente real. No como esos restaurantes minimalistas donde uno paga cuarenta dólares por una hoja decorativa encima de comida triste.
—Y…, porque ahora viene el y…
—El proyecto es importante para el despacho, ayudará a posicionarnos —murmuró finalmente—. Si esto se cae, Amanda y su firma van a quedarse con todo.
Martina dejó de bromear apenas escuchó aquel nombre de Amanda. La sola mención significaba competencia, ambición y problema. La mujer era la jefa del despacho de arquitectos rival, ambiciosa, encantadora, y con un pasado profesional cuestionable porque no tenía límites para ganar sus objetivos.
—¿Tan grave es?
—Es el proyecto más importante del año. —Althea abrió el coche con algo más de fuerza de la necesaria—. Si no logro resolver el tema del restaurante, los inversionistas podrían considerar otras propuestas.