🩷 13. Intervención oportuna 🩷
«El amor es como conducir en ciudad desconocida: nadie sabe realmente a dónde va, pero igual acelera.» —Taylor Jenkins Reid
El auto avanzaba entre las avenidas todavía tranquilas del domingo por la mañana mientras Martina cantaba sin ninguna dignidad desde el asiento del copiloto.
—♪ pero, no pasa nada… no pasa nada… yo me voy a aguantar mientras tú te ríes a carcajada ♪ —movía una mano dramatizando la canción—. Dios, estas mujeres hacen puras canciones pegajosas.
Maura mantenía ambas manos sobre el volante con expresión estoica.
—Estás desafinando criminalmente.
—Eso no importa cuando se canta con sentimiento. —Subió todavía más el volumen—. Además, las Haash entiende el drama romántico contemporáneo.
—Tú entiendes cómo destruir tímpanos antes de las nueve de la mañana.
Martina ignoró el comentario y siguió cantando mientras revisaba distraídamente su teléfono.
—¿Crees que Althea ya esté en el café? —preguntó de pronto.
—Lleva despierta desde las seis reconsiderando todas sus decisiones.
—Pobrecita. —Sonrió divertida—. Es capaz de no ir —Maura no respondió enseguida.
—Irá porque cree que la acompañarás —dijo y el coche tomó otra avenida.
Martina tardó unos segundos en darse cuenta. Luego frunció el ceño lentamente.
—Espera… —miró por la ventana—. Ese no es el camino al café.
Maura siguió conduciendo con absoluta tranquilidad.
—Lo sé.
—¿Te equivocaste?
—No. —Martina bajó lentamente el teléfono.
—Maura, el café queda cerca de la casa de Althea.
—También lo sé. —Hubo un pequeño silencio, entonces Martina abrió mucho los ojos.
—Espera… —giró completamente en el asiento—. ¿No vamos para allá?
—No.
—¡Pero dijiste que no íbamos a dejarla sola! —Maura finalmente la miró de lado con una calma peligrosísima.
—¿Tú no entiendes el sarcasmo? ¿De verdad pensaste en ir hacer mal tercio? —Martina parpadeó.
—¿Qué?
—Cada palabra de esa conversación estaba cargada de sarcasmo, Tina. —Volvió la vista al frente—. Pensé que era evidente cuando dije que me negaba a dejar a Althea sola después de ocho años sin interactuar románticamente con nadie. —Martina abrió la boca lentamente.
—…Oh.
—Sí. Oh.
—Bueno, cuando lo dices así suena bastante obvio.
—Porque lo era. Era obvio solo por el tono en que te hablé.
—Definitivamente debiste usar subtítulos. —Maura soltó un suspiro resignado.
—Martina, si aparecemos en esa cita habremos arruinado cualquier posibilidad de normalidad.
—Yo solo quería quería acompañarla, para que no se arrepienta, luego le hubiera ido con cualquier excusa.
—Te conozco y conozco lo chismosa que eres. Es tu don periodístico.
—También. —Se acomodó mejor en el asiento—. Pero admítelo… también tienes curiosidad.
—Todos sentimos curiosidad. La diferencia es que algunos tenemos autocontrol. —Martina sonrió lentamente.
—Eso sonó muy arrogante para alguien que literalmente tomó un vuelo temprano para regresar antes de la cita. —Maura guardó silencio dos segundos.
—No tienes pruebas.
—Tengo intuición y demasiados años conociéndote. —Una pequeña sonrisa apareció finalmente en la boca de Maura, pero Martina alcanzó a verla.
—¡Ja! Lo sabía.
—No exageres.
—Te conozco.
—Estoy profesionalmente implicada..
—Eso no existe fuera de tus delirios de abogada. —Maura negó apenas con la cabeza mientras cambiaba de carril.
—Althea necesita hacer esto sola.
Martina apoyó la cabeza contra el asiento observando el techo del coche y entonces… sonrió despacio.
Ahora que lo pensaba bien… nunca había tenido intención real de ir a ese café.
Había molestado demasiado a Althea durante todos esos días, sí. Había dramatizado, exagerado y llamado cita a algo que técnicamente seguía siendo un café.
Conocía a su amiga, sabía perfectamente que no le decía que la acompañaba no hubiera ido, por otra parte si se aparece allí con Maura, Althea jamás se relajaría realmente. Estaría pendiente de ellas de sus miradas de sus comentarios preparándose para sus burlas posteriores y Theo… probablemente terminaría sintiéndose evaluado.
Definitivamente aquello tenían que vivirlo sola. Martina soltó aire lentamente y sonrió con cierta derrota divertida.
Maura la miró apenas de reojo.
—Nunca pensaste ir, ¿verdad? —Martina levantó una ceja inocente.