Turno Nocturno I: El Hospital Saint Jouns

Capitulo 10:

–¿En serio no escucharon nada de lo que paso? – Harker le pregunto a sus compañeros paramédicos, y no daba crédito cuando estos negaron con la cabeza. Henry recién salía del cuarto cuando los escucho, aun tenía la cara embarrada de sueño mientras se burlaba.

– ¿Qué pasa? ¿Tuvieron una noche difícil?

–La peor de todas– respondió Casidy por ellos, la sonrisa del grandote menguo un poco al ver sus heridas. Mientras el delincuente le contaba por todo lo que había pasado, el trio de paramédicos debatía en silencio.

– ¿Cuánto tiempo a pasado? – termino preguntando Tucker.

–Unas 12 horas por lo menos.

–Y no hay ni rastro del sol– Tucker se llevó la mano a la cabeza mientras pensaba. –Incluso la noche más larga dura entre 12 y 14 horas, si el sol se ocultó justo cuando despertamos puede que… debería amanecer en unas horas, lo sé.

–Tucker– lo interrumpió Harker. –El monstruo que nos atacó el primer día.

–Oye, ya lo hablamos, pudo haber sido una pesadilla.

–Entonces como explicas que lo haya visto aquí anoche? ¡Me ataco! Me persiguió por los pasillos y yo…– Harker no pudo continuar, no podía decir el resto sin que sonara como un loco.
Más aun porque todavía quedaban incongruencias, no podía decir como paso de medir el tamaño de una casa a solo dos metros. Y ni que decir de cómo murió, parecía tan irreal que Harker en serio esperaba que fuera un sueño. Recordó sus ojos, esa mirada de angustia lanzada hacia el mientras las cadenas lo arrastraban hasta el cielo. Sus gemidos llenos de falta de voluntad, casi podía percibir la frustración de no poder apretarlo entre sus dedos.

Un escalofrió recorrió la espalda de Harker, y por alguna razón creyó ver la luz de la mañana. Pero solo quedaba la noche austera que los había recibido en un principio.

¿Realmente llegaría el amanecer?
. . . . . .

Dorian entro a urgencias arrastrando todo el cansancio de la noche anterior, apenas y había tenido tiempo de bañarse antes de que la enfermera en jefe lo arrastrara hasta aquí. Al parecer, ninguno de los otros doctores estaba disponible y el director… nadie lo había visto desde la noche anterior.

En cuanto cruzó el umbral, un olor a café rancio y desinfectante recalentado le asalto las fosas nasales. Las luces parpadeaban, pero no por error, parecían seguir el ritmo de los monitores cardiacos a dos notas de distancia. Algunos de ellos iban acompañados de respiraciones que subían y bajaban, justo a tiempo para que las luces parpadearan y se formara esta extraña sincronía.

– ¡Doctor! – alguien le llamo, pronto una figura alta apareció junto a él. Era la enfermera celeste, quien había pasado la noche en el mismo lugar que él. Una mirada de reconocimiento entre ambos confirmó que lo pasado la noche anterior fue real. Sin más palabras, Celeste le guio entre las habitaciones hasta una en particular. Mientras se acercaban, el Doctor se preguntó cómo era capaz de escuchar las respiraciones de los pacientes, si todas las puertas estaban cerradas.

La puerta de la numero 3 se abrió, y una figura encorvada junto a una cama verificaba manualmente los signos vitales.

–Hora de muerte, 10:22 AM– leyó el doctor Ashford, mientras se sentaba en una silla. Pero Dorian no podía dejar de notar que el monitor cardiaco seguía funcionando.

–Pero Michael, esto no…–

–Se apaga, verdad? – le interrumpió Michael Ashford antes de que continuara. –Estas cosas han estado fallando toda la noche, por lo general no sabemos cuáles funcionan hasta que ya es demasiado tarde.

Dorian apretó la mandíbula ante esta mala noticia. – ¿Cuantos hemos perdido desde ayer?

– ¿Sin contar a dos que desaparecieron sin ninguna razón? Tres, y eso es solo en urgencias, y solo me refiero a los pacientes.

– ¡Dios! ¿Qué se supone que es todo esto? – Ante la pregunta de Dorian, nadie supo cómo responder. Celeste simplemente inclino la cabeza y salió del cuarto, mientras que el doctor Ashford solo se rio sin gracia en su silla. Intentaba ocultarlo, pero sus manos temblaban un poco entre sus piernas. Dorian lo noto y coloco su mano en el hombro del doctor. –Oye, ve a tomar aire, soy tu reemplazo, lo olvidas?

–Sí, no creo que vuelva aquí por un tiempo.

–Eso lo veremos.

. . .

La enfermera volvió de la sala de información con la cara apesadumbrada, estaba a punto de echarse una siesta tras el mostrador cuando noto a Mercy por una ventanilla. Estaba en el cuarto de la anciana más querida del hospital, a la que toda la familia acompaño al hospital cuando se rompió una pierna tras caer de las escaleras. Vinieron sus dos hijos, uno de ellos con su esposa y tres niños. Probablemente, un par de ellos se haya arrepentido de haber venido a acompañarla, y Celeste no sabía por qué eso era divertido. Vencida por la curiosidad, se acercó a la ventana para ver lo que estaban haciendo.

–Muchas gracias mi niña, eres la persona más amable que hemos conocido– dijo la anciana mientras su familia se acomodaba en la habitación. Mercy parecía apenada mientras sonreía. –No se preocupe señora Irene, lo que pasa es que todos están muy cansados por todo el día de trabajo, por eso no pudieron ayudarla. Pero ahora que esta habitación se ha vaciado, toda su familia puede ocuparla sin problemas.

–Después de que los demás hayan muerto, querrás decir– espeto uno de los hijos de la señora, quien rápidamente le miro con enojo. Mercy no le dio importancia mientras ponía buena cara. –En seguida vuelvo, le diré al camillero que traiga más camas.

– ¡Ay no! Señorita Mercy, no se vaya– La enfermera se vio envuelta por los brazos de una niña que le miraba con ojos tristes. – ¡Tío Lucas! ¡Discúlpate!

–Yo me encargo– la madre de la niña ayudo a la enfermera a liberarse, esta le agradeció nerviosamente y logro escurrirse de la habitación. Viendo su apariencia sigilosa, la enfermera Celeste pronuncio con sarcasmo.

–Quien te viera ahora mismo no pensaría que has estado llorando toda la noche– Celeste no sabía por qué, pero su apariencia diminuta le resultaba molesta, especialmente hoy. Pero cuando la vio voltearse sorprendida y mostrar esa sonrisa tonta, su molestia creció aún más. –No pude dormir en toda la noche por tu culpa, pero que bueno que tú sí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.