Ubi sunt: ¿qué fue de quiénes vivieron antes que nosotros?

Los Húsares Sangrientos

Tres años después.

Una de las prácticas mas curiosas del periodo postapocalíptico es la de demoler edificios demasiado arruinados, que ya no se pudieran restaurar, o que fueran "demasiado feos", para tomar sus restos y rescatar toda la madera, hormigón, hierro y cualquier material reusable para venderlo o usarlo para restaurar edificios en mejor estado.

Eso fue lo que pasó en Berkeley, al norte de Oakland, donde varios de sus edificios terminaron en mal estado producto de la falta de cuidado, ya sea por los frecuentes incendios o la gran cantidad de humedad que venía de la entrada de la bahía y que deterioró varios de ellos. Algunas pocas personas habían ido a establecer un pequeño asentamiento cerca, y al investigar el estado de la mayoría de los edificios, les colocaron en la mira de los "Cosechadores de Edificios", los cuales establecieron su campamento con la maquinaria necesaria y llamaron a mas mano de obra, por lo que mucha gente Oakland respondió a la llamada. Entre ellos estaba la familia Magon, la cual decidió mudar a toda la familia hacia allá. Invitaron a la señora Rosa Neri, pero lo rechazó, diciendo que prefería quedarse como marisquera. 

Evidentemente, una mayor actividad así implica una mayor atención por parte de San Francisco, y con ello la necesidad de enviar mas milicias a la zona. Adela, ahora con quince años, fue enviada una vez a vigilar el área. Aprovechó el momento para ver mas de cerca cómo funcionaba esto. 

Un día vio como colocaban detonadores en un edificio y lo derribaban. Parecía uno de esos edificios antiguos que eran mas ventana que pared, las cuales habían desaparecido. Cuando detonaron, pareció que el edificio se la estaba tragando la tierra, pero nada mas lejos de la realidad. El suelo se empezó a llenar de escombros, hasta que todo fue un montón del mismo. Quedaron algunas partes todavía en pie. Inmediatamente después, con cascos metálicos, varios subían y comenzaban a tomar los trozos de escombros que pudieran cargar fácilmente y los fueron llevando a carros de carga que iban llegando. Los trozos mas grandes eran reducidos en tamaño con picos. La gente tenía que usar guantes especiales para tomar los metales destrozados y oxidados.

—Un corte con ellos puede producir una enfermedad mortal que puede matarlos lentamente, el tétanos —explicaba la persona encargada de capacitar a los trabajadores —. Antes teníamos remedios y hasta una vacuna para eso, pero se perdieron con el colapso de la civilización. Por eso mismo deben tener cuidado. 

Otro día Adela se acercó a la parte donde eran trasladados los escombros. Allí con picos y mazas la gente iba separando el hormigón del concreto. El primero era reducido a polvo para luego ser acumulado en sacos, mientras que el metal era reducido a trozos lo mas pequeños posibles, para luego ser almacenados en cajas especiales. Seguidamente todo era cargado y transportado por camiones con motor de combustión. Para muchos, incluyendo la joven Rosa Neri, era la primera vez que veía uno, observando con interés cada detalle del vehículo. Muchos no veían con buenos ojos el uso de vehículos que requirieran derivados del petróleo, pero era lo mas seguro debido a la naturaleza y el peso del cargamento. 

—Muchos de ellos tiene contactos con pioneros, por eso usan esos vehículos —decía un miliciano ya mayor.

—Bueno, al menos sabemos que algunos están dispuestos a ayudarnos —comentó Adela.

—No los mueve el desinterés jovencita. Es oportunismo. Nos ven solo como oportunidad para conseguir algo, si no, no harían nada.

Cuando se iba a realizar cambio de turno de milicias, la joven aprovechó de almorzar con los Magon, el cual fue un plato de arroz blanco con alubias, lo normal en Oakland. 

—¿Y cómo ha estado mi hijo? —preguntó el Señor Magon.

—Ha estado bien, aunque por alguna razón se ha puesto mas temperamental de lo normal —le contestó ella.

—Uf, la edad del pavo —contestó la abuela —. Yo todavía recuerdo cuando a mi hijo le dio cuando era cabro. Era intratable. Cada cosa que le dijeran lo molestaba, incluso el acto de saludarle le molestaba.

El mencionado agachó la cabeza, avergonzado de que le recordaran esa actitud.

—Y a todo esto querida, ¿y ti te ha dado? —le preguntó la abuela.

—No sabría decirle. Yo supongo que sí, aunque parece que no tan fuerte.

—Es que las mujeres son mas maduras que los hombres, todos los saben —respondió la Señora Magón.

—Pues yo pienso que ella no lo necesitó —contestó el padre de Antonio —. Yo lo he notado en otras personas cuando fui miliciano. La edad del pavo es una especie de "rito de iniciación" inconsciente a la madurez, lo que implica adolecer... por algo la adolescencia se llama así. A lo que quiero llegar es que Adela no lo necesita porque ella ya pasó por su rito de iniciación.

Su propia familia le miró, especialmente su madre, con cara de reprimenda por haber dicho algo indebido o con poco tacto. Adela por su parte, al ponerse a pensar en lo que había dicho, le encontró bastante sentido.

Tras una serie de conversaciones casuales, así también de enviar saludos a Antonio, ella se despidió y se dirigió hacia los carros de tracción animal que les llevarían de vuelta, ya estando atardeciendo. Ya se habían alejado bastante cuando de pronto oyeron disparos, que venían detrás de ellos, desde el asentamiento.

—Mierda, deben haber aprovechado el cambio de turno —exclamó uno para luego desde la radio recibir un mensaje.

"Aquí asentamiento Berkeley, nos están atacando. Necesitamos refuerzos, cambio".

Tras responder afirmativamente, frenaron bruscamente y dieron vuelta rápidamente los carros para regresar. 

Cuando estaban llegando, empezaron a ser recibidos con disparos desde su izquierda. Los caballos se encabritaron y uno cayó muerto. Los milicianos salieron a trompicones y se pusieron a cubierto en otros edificios en ruinas de enfrente. Empezaron a devolver los disparos como pudieron a la vez que avisaban que habían sido emboscados. Un grupo, entre los que se encontraba Adela, intentó colarse entre los otros para intentar llegar hasta el asentamiento y ver lo que había pasado. Tardaron bastante por la caminata, y al llegar, encontraron el lugar convertido en un campo de batalla, con balas yendo de un lado a otro.




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