Ultima Promesa

Capítulo 30: creando recuerdos

Lilia permanecía sentada contra la cabecera de la cama, todavía envuelta parcialmente en las mantas. Aunque su fiebre había bajado un poco, seguía teniendo las mejillas sonrosadas y el cabello ligeramente desordenado. Kaede se había sentado cerca de ella, mientras Miyu ocupaba una silla y Ren permanecía de pie junto al escritorio.

Lilia los miró a los tres.

—¿Qué ocurrió en la escuela? ¿Qué pasó en clase?

Ren levantó una ceja y sacó un cuaderno de su bolso mientras se lo entregaba.

—Eso es lo primero que quieres saber. Deberías preocuparte por recuperarte en lugar de preocuparte por las clases. Aquí tienes los apuntes.

Lilia tomó el cuaderno inmediatamente.

—Estar enferma no significa que esté excluida de perder clases.

Ren la miró unos segundos.

—Eso no tiene sentido.

—Claro que lo tiene. Si no asisto, pierdo información.

Miyu cruzó los brazos.

—Sinceramente, Lilia, deberías acomodar mejor tus prioridades.

Lilia comenzó a revisar las páginas.

—Aprender es una de mis prioridades.

—A veces es al revés —dijo Miyu inclinándose hacia adelante… demasiado cerca de la taza caliente que había sobre la mesa.

—¡AU! —se apartó de golpe llevándose las manos a la cara—. ¡La taza estaba caliente!

Kaede se acercó preocupada.

—¿Te quemaste?

—¡Las cejas! ¡Creo que me quemé las cejas! —corrió hacia el espejo de la habitación mirándose con horror—. ¡¿Por qué nadie me avisó?!

Ren suspiró.

—Porque estabas ocupada discutiendo.

Kaede se mordió el labio para no reír. Lilia siguió leyendo como si nada hubiera pasado.

—Continúen.

Kaede soltó una pequeña sonrisa y la miró con atención.

—Pero hablando en serio… ¿cómo te sientes?

Lilia siguió leyendo unos segundos más antes de cerrar el cuaderno despacio.

—Sinceramente… nunca me había sentido tan debilitada en toda mi vida. Espero no volver a enfermarme nunca.

Kaede parpadeó.

—No deberías quejarte tanto. Seguro que no será la primera vez que te enfermas.

Lilia la miró con absoluta seriedad.

—Nunca me había enfermado antes.

Silencio.

—¿Qué? —Miyu se quedó con la boca abierta.

—Nunca. Gracias a mi magia, las enfermedades nunca llegaban a afectarme.

Ren soltó un largo suspiro llevándose una mano al rostro.

—De alguna manera… ya esperaba escuchar algo así.

Kaede se tapó la boca conteniendo la risa al ver la cara de Miyu, que la miraba sin poder cerrar la boca.

—¿Me estás diciendo que… jamás en tu vida…? —alcanzó a balbucear Miyu—. ¿Ni fiebre? ¿Ni gripe? ¿Ni siquiera un resfriado pequeñito?

—Nunca —confirmó Lilia tranquila.

—¡YO ME ENFERMO DOS O TRES VECES CADA INVIERNO Y CAGO HORRIBLE! —explotó Miyu de golpe, poniéndose de pie indignada—. ¡NO ES JUSTO!

—Eso parece poco eficiente —comentó Lilia con calma.

—¡¿POCO EFICIENTE?! —Miyu se lanzó hacia ella sin pensarlo— ¡Te voy a enseñar yo!

Lilia no se asustó. Levantó el brazo con rapidez, la sujetó por la cintura y la detuvo en el aire sin apenas esfuerzo.

—Sabía que reaccionarías así.

—¡SUÉLTAME! ¡LILIA! —pataleó Miyu sin poder acercarse ni un centímetro más.

—Estás demasiado alterada.

—¡PORQUE TÚ NUNCA TE ENFERMAS Y YO PASE TODOS LOS INVIERNOS SUFRIENDO!

Ren corrió hacia ellas intentando separarlas.

—¡Miyu, basta! ¡Déjala! ¡Lilia está enferma!

—¡Ella empezó!

—¡Yo no hice nada! —respondió Lilia sosteniéndola firme.

—¡Existir así ya es suficiente motivo para molestarte!

Kaede ya no pudo contenerse más y estalló en carcajadas apoyándose contra la pared de tanto reír.

—¡JAJAJA! ¡Miyu está celosa! ¡Está celosa porque Lilia nunca se enferma!

—¡NO ESTOY CELOSA! —gritó Miyu todavía colgada del brazo de Lilia—. ¡SOY JUSTA Y ENVIDIOSA!

Lilia la miró sin soltarla.

—¿Estás molesta porque mi cuerpo tiene una defensa mágica contra las enfermedades?

—¡NO LO DIGAS ASÍ! —se quejó Miyu avergonzada mientras Ren intentaba sin mucho éxito ayudarla a zafarse—. ¡Solo quiero que por una vez sientas lo que sentimos los demás!

Kaede seguía riendo sin poder parar, Ren intentaba mantener la compostura y Lilia… simplemente sostenía a Miyu como si nada, con aquella calma suya que la hacía parecer la más sensata de todas, aunque en realidad simplemente no entendía por qué su amiga se ponía así de furiosa por algo tan lógico.

Ren soltó un suspiro y finalmente tomó a Miyu por los hombros.

—Vamos. Necesitas calmarte.

—¡Pero Ren, ella...!

—Está enferma.

—¡Lo sé!

—Entonces deja de lanzarte sobre ella.

Miyu hizo un pequeño puchero.

—Solo estaba enojada...

—Lo sé. Pero puedes enojarte desde abajo.

—Eso no tiene sentido.

—Precisamente por eso.

Ren consiguió llevársela fuera de la habitación mientras Miyu todavía protestaba.

—¡Pero todavía no terminé de reclamarle!

—Puedes continuar cuando Lilia esté sana.

—¡Esto no ha terminado, Lilia!

Desde la cama, Lilia levantó una mano.

—Entendido.

—¡No digas "entendido" como si esto fuera una misión!

La puerta se cerró detrás de ambos. Durante unos segundos, Lilia y Kaede permanecieron en silencio. Las dos miraron hacia la puerta. Desde el pasillo todavía podían escucharse las voces de Miyu y Ren alejándose.

—¡Solo quería que entendiera!

—¡Ya te entendió!

—¡No parece!

Lilia suspiró suavemente.

—Miyu no es una mala persona.

Kaede sonrió.

—Lo sé.

—Simplemente reacciona demasiado rápido.

—Eso también lo sabemos.

Ambas soltaron una pequeña risa. Sin embargo, cuando el ruido de abajo comenzó a desaparecer, Kaede volvió a mirar a Lilia. Había algo que no terminaba de encajar. Se acercó un poco y se sentó a su lado.

—Lilia.

—¿Sí?

—¿Qué te pasa realmente?

Lilia dejó de mirar los apuntes.

—Ya te dije que estoy recuperando maná.



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En el texto hay: escolar, ficcion, ficcion aventura romance

Editado: 04.10.2026

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