Un amor a primera nota

Capitulo 14

Solo quiero hablarte.

Ella me miró por encima de la lente de sus gafas, sonriendo amable como lo hacía en cada sesión.

-Bueno, Vicky, ¿Qué tal tu semana?.

-Bien supongo.

-Haz tomado tus medicamentos, ¿No?.

-No los necesito.

-Victoria...

-Hablo en serio, he estado bien, aunque aún tomo las pastillas para dormir ciertas veces no he tenido ningún otro... inconveniente.

Inconveniente.

Claro, así lo llamábamos, era una forma indirecta de decir "ataques de ansiedad", "ataques de pánico", "insomnio" "pesadillas" y " autolesiones", la doctora Davis decía que era una forma de lidiar con la situación sin que sonara a algo trágico, como un intento de no hacerme sentir avergonzada de mi falta de inteligencia emocional. Aunque no lo estaba, de hecho era más cansancio que vergüenza.

-Dejaremos eso de un lado, por ahora, lo que me importa es sobre los inconvenientes, cuéntame, ¿No has intentado...?.

-No.

-¿Haz tenido algún...?.

-Ni uno solo.

-¿Y alguna...?.

-Solo una.

-Vale, ¿De qué fue esta vez?.

Suspiré y empecé a contarle cada detalle de la pesadilla que había tenido días atrás. Pero me quedaba callada algunos momentos porque a pesar de tener la misma psicóloga desde hace muchos años, era difícil hablar de ciertas cosas porque significaba volver a recordar, sentir, pensar, y sobretodo, odiarlo por el hecho de saber que aún estaba la misma presión en mi pecho por los comentarios de mis padres, los "eso lo hacen las putas" de papá cuando me ponía un vestido con solo catorce años, el "estás bajando de peso" de mamá cuando decía que no tenía hambre, los "serás igual que tu hermano" de papá cuando le pedía su ayuda y decía que no valía la pena y los "ojalá vivir sola" de mamá cuando no hacía algo bien.

Por más que tomara terapia, no iba olvidar aquellas palabras tan crueles que me habían dicho toda la vida, las comparaciones, las exigencias, las expectativas y el cargo de culpa por creer que estaba mal, que los estaba decepcionando, que no era suficiente, y que no merecía ser su hija, pero simplemente no podía, estaba cansada, mi mejor amiga se había ido, mis notas habían bajado, mis padres discutían aunque estuvieran separados y la ausencia de él era cada vez mayor cuando mamá se iba por meses a sus colecciones y a los desfiles al extranjero, volviendo toda la casa en una simple estructura llena de recuerdos tan dolorosos que aún se ponía sentir en la piel.

Toda mi mente estaba ahí mientras mi boca pronunciaba palabras lejanas hasta que:

-Recuerdo que me hablaste de un chico, Alan, si no recuerdo mal.

Me sorprendió el cambio repentino del tema de conversación, y no me gustó nada que ese fuese el cambio. Si le había platicado a la doctora Davis sobre Alan, pero solo que lo había conocido y que nos habíamos hecho amigos, pero nunca le dije sobre los besos ni nada más allá de ello. Y tampoco tenía pensado hacerlo, ni siquiera Bárbara y Carlys sabían, y no le iba a decir a ella antes que a mis amigas.

-¿Qué hay con él?.

-¿Qué tienes con él?.

-Nada, solo somos amigos.

-Amigos_repitió como si no le convenciera del todo.

-O por lo menos lo éramos.

-¿Éramos?.

-Sí.

-¿Qué sucedió?.

-No lo sé me dejó de hablar, pero sé que hay algo más.

-¿A qué te refieres?.

-Cuando Mark llegó y me vió con él, se puso histérico.

-¿Y por ello te dejó de hablar?.

-Supongo, fue muy confuso, más porque papá ya sabía que eramos amigos y cuando me volvió a ver con solo enloqueció.

-Espera, ¿Tu padre? ¿Has vuelto a hablar con tu padre?.

Mierda.

Sabía que la había cagado cuando la doctora Davis se inclinó hacia mí con interés.

-Victoria...

-Ya tengo clases, debo irme.

No esperé a que respondiera, ni siquiera tuvo tiempo para reaccionar cuando ya estaba cruzando la puerta. Lo bueno de esto era que el departamento de psicología era de la escuela, asi que podía ir sin preocuparme de llegar tarde a las clases, al principio no me gustaba la idea, pero luego solo me acostumbré.

Mientras iba llegando a los casilleros pensaba en el hecho de que mi psicóloga ya estaba al tanto del contacto que había tenido con Joshua, al menos no sospechaba que estaba rompiendo las leyes al quedarse en casa a escondidas mientras mamá no estaba, pero ya podía imaginarme mi próxima visita.

...

-Estoy entusiasmada por el próximo partido, dicen que vendrán jugadores del extranjero_escuché detrás de mi un par de chicas mientras salía del salón.

-¿Extranjeros?.

-Así es, dicen que son de España o algo así.

-Momentos donde odio no hablar español.

Las veo pasar por mi lado al detenerme en el bebedero, me quedé tan centrado en verlas alejarse que mis hombros brincaron del susto al ver a un pelirrojo apoyarse de pronto en la columna a mi lado

-¡Aiden!_me quejé golpeando su hombro.

-Lo siento preciosa, no era mi intención asustarte.

Rodé los ojos, divertida.

-De hecho, quería invitarte al partido del fin de semana.

-¿El partido?.

-Si, mi equipo y yo jugaremos contra los Trollers.

-Mmm, no lo sé...

-Anda, no serás asi de mala y no venir al partido de tu querido amigo Aiden_dijo acercándose a mi, canturreando irritante mientras abrazaba mis hombros.

-Aiden, no sé si pueda.

-Claro que puedes, no me dejes plantado en medio de la cancha, además me lo debes de la vez pasada.

Apreté los labios sin saber qué decir. La verdad se me hacía ilusión ir y apoyar un poco a Aiden, pero a la vez los ánimos estaban por los suelos

-Lo pensaré.

-Te conozco Elisabeth, esos "lo pensaré" terminan en "he tenido un inconveniente".

-Eres imposible.

-Te prometo que si vas te compro lo que quieras en la cafetería por una semana.

-Hecho.

-Genial_me sonrió amplio besando mi mejilla_te paso la hora por mensaje, vamos, te llevo a casa.




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