🥀🥀No importa como eres🥀🥀
Al siguiente día fui a trabajar, pero me esperaba que todo lo amara, aunque con las demás personas sonreía y tenía una sonrisa agradable... pero conmigo era diferente. Cuando me miraba, su expresión cambiaba y su rostro era de una sonrisa avergonzada y siempre fruncía las cejas como si quisiera irse al baño.
- ¿Acaso tienes ganas de ir al baño o por qué siempre cuando me miras frunces las cejas? De antemano te digo que el baño está por ahí - le dije señalando a la puerta de enfrente.
- ¿Es que acaso estás estúpida? ¿Por qué carajos piensas que quiero ir al baño?
Me aguanté la risa - Porque, bueno, porque carajos me insultas y es tu culpa por fruncir las cejas que tú tienes.-
- Número uno, no quiero ir al baño, y no estoy... - digo señalando su entrecejo - Esto lo frunces tú. ¿Es que no crees que colmas mi paciencia con tu incompetencia? Y tercero, sí tengo cejas y aunque no las tuviera, sigo siendo muy atractiva.
¿Acaso ella misma se estaba halagando? Pero ahora que la miro bien, ella sí es linda... pero ¿en qué estoy pensando? Siento como el calor sube a mi rostro y mis mejillas son completamente de un color rojo carmesí y aunque lo intente ocultar, es inevitable y ella me vio.
- Basta, no me digas que mi belleza te ha cautivado o... ahora estás tan roja como un tomate. No es necesario que me halagues, yo sé muy bien que soy demasiado sexy.-en una parte tenía razón si está bien sexy pero ese no es el punto, el punto era que ella se creía la única flor del desierto y era muy arrogante.
-Número uno no me insultes mascotita~ y número dos vas a tener que estar en mi oficina hasta tu hora de salida- increíble ahora actuaba muy seria pero no quería pelear así que solo me limité a asentir con la cabeza después de todo ella viva a ser mi jefa u debía aceptar las órdenes, no tenía opción o el lujo de rechazar y reprochar las órdenes de ella.
Una vez dijo esas palabras ya se dio la vuelta, su actitud era mucho más seria de lo que fue hace unos minutos. Cuando estaba marchándose sentí como mi corazón se aceleraba y no por miedo, era por otro sentimiento, algo más fuerte, algo más profundo.
Acomodé mis cosas en el escritorio que había en la oficina y comencé a echar un vistazo a algunas hojas y a un libro de reglas que había junto a mi escritorio. Así es como pasaban los días y eran muy pocas las veces que la veía, después de todo ella debía estar ocupada con trabajo o reuniones. En esos días me di cuenta de los sentimientos hacia ella, pero no quería decir aún nada, debía esperar unos días más para ver si ese sentimiento seguía o desaparecía en algún momento.
Mi departamento era mucho más lleno de lo que antes era, podía permitirme cosas un poco más costosas, aunque siempre llegaba cansada por la oficina. Debía descansar unos minutos, cambiarme y atender el café en el que también trabajaba y era mi segundo trabajo. Un día que era el descanso en el Ciber Café, tenía tiempo para adelantar papeleos en la oficina, entonces comencé a adelantar y hacer mi trabajo. Poco a poco la luz solar de la oficina fue desapareciendo, cuando ya casi era noche me detuve para estirarme y relajarme un rato.
Cuando me disponía a volver a hacer el trabajo entró ella vestida como siempre con su traje habitual pero esta vez algo cambiaba, algo diferente, y era que estaba llena de sangre.
Su camisa siempre blanca y planchada, impecable, ahora estaba manchada de sangre, arrugada y rota. No sabía qué hacer. ¿Qué podría hacer en esa situación? La sostuve entre mi hombro y susurró con voz más baja de lo que debería ser, un susurro casi inaudible:
-llévame por el pasillo, no me lleves a mi casa, llévame y escóndeme antes de que me encuentre, apúrate-.
Sí, sí la buscaban. No puedo llevarla por el pasillo público, entonces la llevo por el pasillo secreto. Me acordé que hace algunos días ella me indicó un pasillo secreto que era para casos de emergencia y este era uno, era una emergencia.
Llevé solo mi celular y mi bolso, no podía recoger nada más, no podía recoger mis cosas, no tenía tiempo y debía apurarme. Con esfuerzo abrí la puerta secreta, la acomodé un poco e hice espacio para mí.
Cuando cerré la puerta pude ver unos hombres con armas en las manos, casi nos descubren. En la puerta secreta había un espacio que permitía visualizar lo que sucedía sin ser vista desde la parte de afuera. Después de otros segundos, que incluso llegaban a cero minutos, llegaron más hombres con armas y comenzaron a revisar cada lugar. El miedo me apoderó y como pude cargué a mi jefa, después de todo eso era, y con dificultad la llevé. No sabía dónde llevarla. La única idea que se me vino a la cabeza era llevarla a mi departamento, tal vez podrían encontrarnos pero al menos podría curarla. Comencé a caminar en el pasillo, era muy estrecho y demasiado largo, dificultaba caminar.
No sabía en lo que me metía, después de todo no la conocía, ni siquiera sabía su nombre. Cuando llegué al final del pasillo secreto abrí con lentitud la puerta y salí con ella para después cerrarla atrás de mí. Si la ven herida las personas se asustarán y armarán un alboroto, por lo cual mejor sería ir por callejones oscuros esperando no suceda algo.
Cada callejón era peor, algunos más largos, otros más oscuros, más estrechos, otros con personas de dudosa procedencia, ya sean tomados, etcétera, etcétera. Rezaba por llegar a casa a salvo, además ya era muy noche y llegamos, no tan rápido pero llegamos a casa. Subí con cuidado para no lastimarla y la llevé a mi habitación, era el único lugar donde podía tenerla y tras llevarla a la habitación comencé a curar sus heridas. Obviamente compré medicina cuando veníamos a casa. Tenía que sacarle la camisa, por lo cual desbotoné el chaleco y después su camisa. Una vez hecho, pude visualizar mejor las heridas, eran más profundas, más de lo que me imaginé o de lo que esperaba ver.