Un Caballero para Lilian

CAPÍTULO 27

—¡Andrew! —Lilian despertó agitada, jadeando, sudorosa por la pesadilla que había tenido hace unos segundos en el que el protagonista era su esposo: tendido en pleno campo de batalla con heridas en su cara y cuerpo, su caballo muerto y él apenas respirando…

Se sintió tan real. Era terrible. Muy horrible.

Su desesperación, el miedo, los latidos del corazón por no saber si la bola del cañón caería sobre él para luego sólo sentir un dolor indescriptible, solo causó que Lilian comenzara a llorar al imaginar que algo malo le pasó a su Andrew que sin pensarlo de su boca ya brotaban rezos que pedían piedad por su esposo, porque Dios lo cuidase y lo trajese a salvo a casa, sin embargo, el dolor en su pecho seguía allí al igual que las imágenes y el horror que había sentido, que ya temía hasta de volver a dormir.

—¿Lily? —alzó la mirada para encontrarse a una Hazel que se asomaba a su habitación, vistiendo una bata blanca con su cabello suelto, sosteniendo la única vela que iluminaba muy apenas la oscuridad del cuarto— ¿Una pesadilla?

—F-fue ho-horrible —sollozó la duquesa volviendo a abrazar sus rodillas para esconder su rostro. La señorita Allen, viendo que era grave el asunto, cerró la puerta y caminó hasta la cama dejando la vela en la mesita de noche para así acariciar el cabello de su querida amiga.

—Mis favoritas sin duda —mencionó con sarcasmo—. Pesadillas que causan terror y no las que sólo dan asco o incomodidad… yo sólo tengo de estas últimas. Son aburridas.

Aunque era evidente que la señorita Allen era espantosa consolando a las personas, daba todo de sí porque sabía que Lilian era alguien muy sensible y que realmente estaba preocupada por el duque, por lo que se esforzaba por hacer que dejara de sufrir pese a que podía notar que la pesadilla fue una peor que terrible, tanto que se preocupó porque fuese uno de esos sueños premonitorios como a Hazel solía sucederle de igual forma. Ya ni siquiera sabía qué era sueño y qué sería real de lo que veía cada vez que dormía.

—Sólo son los demonios tratando de atormentarte —le explicó. Lo mejor era no alentar una posible visión pues por experiencia sabía que podía traer la mala suerte y ahora no necesitaban de ello precisamente—, estoy segura que el duque está bien. No hay que hacerles caso a esas pesadillas.

—N-No e-entiendes… —Lilian levantó la mirada dejando ver que su rostro estaba hinchado por el llanto y su nariz hacía lo imposible por no moquear— F-Fue tan r-real… N-Noche mu-murió y Andrew a-apenas… apenas re-respiraba…

Entonces Hazel vio en los ojos de su amiga la misma mirada que notó cada día de toda su vida en los ojos de su madre por su padre, ese brillo particular que era bastante evidente como para negarlo.

—¿Lo amas? —Lilian no respondió a lo que la pelirroja suspiró sabiendo la respuesta con ese silencio— Madre siempre nos cuenta que tuvo la misma preocupación por mi padre, incluso cuando él regresó a casa sin su adorada pierna, pero, ¿sabes?, siguen amándose como la misma noche en que se conocieron, tanto que estoy segura que sus tumbas estarán unidas por la eternidad como su loco amor lo dicta —de pronto hizo una mueca de asco—. Tan apasionados son que incluso me enteré por accidente cómo se consumaba el matrimonio —Lilian se removió incómoda, pero agradecía que Hazel quisiera distraerla—, aunque, bueno, eso ya debes de saberlo de primera mano.

—No en r-realidad… —aquel susurro hizo que la pelirroja frunciera el ceño extrañada. Lilian se encogió de hombros con vergüenza— Nue-nuestra relación no em-empezó bien y Andrew de- decidió que iríamos lento. No hemos pa-pasado más allá de los b-besos —apenas sonrió, desviando la mirada— R-Ridículo, ¿no?

—… No te pierdes de nada —fue lo único que comentó. Lilian lo sabe, debía ser algo horrible que toda mujer sufre, su madre es prueba de ello—. Es asqueroso escucharlo, no obstante, mi querida Lily, si mis padres siguen siendo tan escandalosos para nuestra sociedad por la pasión que exhiben sin escrúpulos, es porque los deberes conyugales no deben ser tan malos después de todo —al verla dudar, palpa la mano de la duquesa con la intención de darle ánimo—. Confía en mí. Lord Andrew regresará con bien y tú, Lilian, podrás entregarte a él un día sin pensarlo.

La duquesa soltó otra lágrima al sentir sus esperanzas disminuirse. Si tan sólo no hubiese sido mala con él, si tan sólo hubiera resistido la primera noche y hubiera visto que su Andrew era un caballero, habrían sido tan felices… Tanto que tal vez ya estarían formando una hermosa familia.

—¿Pu-puedes q-quedarte con-conmigo? —preguntó tímidamente a lo que Hazel aceptó sabiendo que Lilian la necesitaba. Se acomodaron bajo las mantas y, tras apagar la vela, observaron el techo intentando reconciliar el sueño que habían perdido. Fue cuando Hazel se aburrió de la posición, acomodándose de lado al recordar un tema muy importante que no pudo comentarlo durante el día debido a que su amiga había estado muy ocupada— Hay que tener cuidado con ese hombre, Lilian. Se está metiendo donde nadie le ha llamado y es posible que te esté arrebatando el poder poco a poco.

La duquesa arrugó el entrecejo.

—C-confieso que he co-considerado que ya es m-momento de que se marche de mi casa —dijo Lilian para satisfacción de la señorita Allen.

—Es lo correcto.

Ninguna se dio por enterado que dicho hombre, motivo de su conversación, había escuchado la última frase tras la puerta de la duquesa, odiando cada palabra que salía de las bocas de ese par de mujerzuelas que se creían demasiado sólo porque las protege su estúpido sobrino. Se apartó de inmediato con la intención de regresar a su habitación sabiendo que ya había decidido: tomaría las cartas en el asunto. Era el momento perfecto, pues si no se movía era muy probable que la burla de duquesa pudiese conseguir arruinarle sus planes y eso era algo que no lo podía ni quería permitir.




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