Un Caballero para Lilian

CAPÍTULO 31

Con el pasar de las semanas de un nuevo año, parecía ser que el sol finalmente llegó para quedarse, pues con él llegó el día en que Henry Basset, el desafortunado tío de Lord Andrew, fue sentenciado a la pena máxima por un buen número de crímenes en el que se incluía homicidio e intento de homicidio —y no solo a cualquier persona, sino que sus ataques fueron directo a la aristocracia de alto rango—y abuso tanto psicológico como sexual a parte de la servidumbre debido a su deseo de querer suplantar el título de Duque de Somerset.

Andrew, junto al leal Arthur, estuvieron allí en todo momento durante el juicio como la ejecución. Lilian no habría podido resistir ver la muerte, así como algunas jovencitas de la casa, como Anna con Sophie, pero en el caso de la señorita Allen, que había insistido hasta el cansancio en que debía de ir sólo para asegurarse de que el cuello del Sr. Basset estuviera roto y no volviese a importunar en la vida de sus amigos, el duque tuvo que traerla con la excusa de que no armara un escándalo. Hazel se sintió ofendida por tal insinuación, aclarando que no era necesario que ella armara alboroto para torturar a ese sujeto, pues ella era una dama hecha y derecha. Andrew le creyó.

Por lo tanto, allí estuvieron los tres durante la ejecución, donde prepararon tanto a Basset como a Sabine y Gilbert, los cómplices escoceses que Henry había enviado como infiltrados y que ahora se les veía en estado de desnutrición, producto de sus malos días en prisión, en una plataforma con una altura suficiente donde pronto se les fue colocando una soga alrededor de sus cuellos. Sabine lloraba, Gilbert temblaba sin entender cómo pudo ser un idiota por confiar en ese hombre que les prometió una buena vida si cumplían su misión, y Henry sólo podía observar con odio a su sobrino. Andrew no dejó entrever sus emociones, Arthur estaba en las mismas, pero en Hazel se le notaba una brillo burlesco en sus ojos junto a la sombra de una sonrisa que provocó en Henry una rabia porque esa mujer estuviese allí ¿Por qué estaba si ni siquiera era parte de la familia? Llegó a pensar que si la duquesita hubiese estado como correspondía, no le habría molestado tanto como ver a esa bruja en primera fila, con ese vestido oscuro, ocultando la sonrisa a la espera de presenciar su muerte cual viuda negra lo hacía.

Era insoportable.

—¡Por favor, mi señor, tenga piedad! —suplicaba Sabine entre lágrimas de horror, pálida al sentir el collar de soga en su cuello. Andrew no le hizo caso ni bajó la mirada, no podía perdonar lo que habían hecho esos escoceses en contra de su mujer. La sirvienta sollozó todavía más al verse ignorada.

El verdugo dictó la sentencia de Sabine y ella, sin lograr pronunciar más palabra, dejó de sentir el suelo al igual que su vida había terminado. Lo mismo sucedió con Gilbert, pero cuando llegó al Sr. Basset, este no dejó hablar al verdugo cuando ya estaba gritando que quien debería estar allí era la bruja que acompañaba al duque.

—¡Sólo mírenla! —señaló para sorpresa de todos, incluso Hazel parpadeó sin creer que ahora tenía varias miradas sobre sí misma, todas y cada una juzgándola sólo por su oscuro gusto al vestir como por su cabello rojizo— ¡Parece el demonio en persona, es ella quien debería perder la cabeza!

—¿Un demonio? Pero qué halago —susurró entre dientes la pelirroja. Los hombres que la acompañaban notaron su molestia, algo entendible considerando el escándalo que estaba armando el culpable.

—No haga caso de lo que él está acusando —le dijo de regreso el duque en un tono en el que solo escuchaban los tres—. Está desesperado y es evidente que nos odia.

—No se preocupe, mi lord —la voz de Hazel fue fría, más de la usual, lo que causó que Andrew la viera de reojo—. No será la primera ni la última vez que me acusan de brujería. Me consuela que mis amistades y mi familia estén seguros que no es de mi interés embrujar a las personas.

Pero Andrew pudo ver en el gesto serio de la dama que aquella acusación pudo haberle dolido en el fondo, pues ya no parecía tan entusiasmada por la ejecución de aquel monstruo.

Le hizo un gesto al verdugo, que luego de dictar la sentencia en medio de los gritos de Henry, jaló de una palanca y muy pronto el silencio llegó al recinto que les anunciaba la paz inmediata que había llegado finalmente a Bradley House.

—Al fin —dijo Arthur que no soportaba más los chillidos de ese hombre—, mis oídos ya están tranquilos.

—… Creo que es momento de regresar —dijo Andrew tras un momento en que pudo asimilar su nueva situación.

—Estoy de acuerdo —accedió el mayordomo—. Estoy seguro que todos estarán aliviados de que al fin haya terminado todo.

Andrew no contestó, pues no pudo evitar que hace unos días su esposa, en algunas ocasiones, parecía un poco nerviosa o distante con él, lo que lo mantenía en constante preocupación, puesto que no podía dar con algo malo que hubiese hecho como para molestarla tanto.

“¿Es que ya terminó todo?” se preguntó, esperando que con el tiempo las cosas entre ellos pudiesen mejorar.

Y así pareció ser.

Con los días, la casa pasó de estar sumergida en oscuridad a que todo tomara un rumbo mucho más agradable en el que daba gusto poder estar. Andrew, si bien trabajaba de manera constante en su despacho con el revisar que sus inquilinos estuviesen al día o que sus inversiones en el sector inmobiliario dieran sus frutos, se le hacía más agradable ahora que podía contar con la ayuda de su mujer, quien luego de recibir lecciones de administración y contabilidad por parte de Arthur e incluso por la Sra. Edith, se sentía más importante al realizar esas pequeñas tareas que su esposo apartaba para ella. Lilian empezó a sentirse necesaria en esa casa que se había convertido en su hogar, y adoró todavía más que Andrew pensara en ella hasta el punto de redecorar el despacho solo para que ambos pudiesen tener su propio escritorio en el que trabajar. Así, cuando la duquesa terminaba con sus tareas administrativas, gracias al silencio del lugar y al agradable ambiente, se permitía continuar con su historia de la cual Andrew estaba ansioso por leer en cuanto estuviese lista.




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