Un Corazón Diferente Al Resto

Cap.20

Pensar que vivo en la misma ciudad que mis abuelos y vengo cada mucho tiempo.

¿Cuánto tiempo tenía sin venir? ¿Siete meses? ¿Ocho tal vez? No lo puedo recordar.

—Entra, pues, no te vas a quedar afuera —me regaña papá.

—Sí, voy.

Ya me arrepentí, no lo quiero ver, me quiero ir a mi casa a esconderme y que nadie me encuentre. ¿Cómo puedo desaparecer? ¿Por qué en la vida no hay un tutorial de eso?

La primera que veo es a mi abuela al entrar.

—Niña, qué bueno verte, Dios te bendiga. —Le doy un abrazo y ella me lo devuelve.

—Amén, abuela, lo mismo digo.

—Los muchachos están en el patio, si quiere ir a saludar.

Asiento porque no sé qué puedo decir sin parecer nerviosa.

Mi papá se queda con la abuela hablando, a lo que me dirijo al patio de la casa.

Y lo veo, alto y que resalta con su piel morena chocolate.

Ay, no quiero que me vea.

Eso es lo que hace, porque voltea como si escuchara mis pensamientos, como si supiera que estaba llegando aquí por él.

Nuestras miradas se cruzan y mi estómago parece un tornado de todas las emociones en este momento.




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