Un desastre de mamá

Capítulo 10

Madison

A la hora del almuerzo, reviso el archivo donde he reunido los cargos bancarios, las fechas de los viajes de Ricardo y las publicaciones de Clara. Hay suficientes irregularidades para justificar una investigación más profunda, especialmente por los gastos registrados durante viajes que él describió de otra manera y la fotografía de mi yate.

Podría investigar por mi cuenta, pero prefiero recurrir a alguien con experiencia. Recuerdo que uno de mis abogados me habló de un investigador privado especializado en fraudes y asuntos patrimoniales. Le escribo para solicitar su contacto y, unos minutos después, recibo su número junto con una recomendación sobre su discreción y profesionalismo.

Lo llamo y le explico que necesito investigar posibles irregularidades financieras y el uso de bienes de mi propiedad sin autorización. No menciono todavía los nombres de Ricardo ni de Clara. Primero quiero conocer sus métodos y asegurarme de que entiende la importancia de mantener la confidencialidad.

El investigador me hace algunas preguntas y me explica que necesitará contrastar fechas, verificar documentos y distinguir los hechos de las simples sospechas. No me promete resultados inmediatos ni intenta convencerme de que mis temores son ciertos, lo cual me inspira confianza. Acordamos reunirnos esa misma tarde.

Antes de colgar, le dejo claro que no debe contactar a ninguna de las personas involucradas sin mi autorización ni recurrir a métodos ilegales. Quiero pruebas verificables, no una serie de suposiciones que puedan perjudicarme si decido tomar medidas legales.

Termino mis pendientes y reorganizo la agenda para acudir a la cita. Cuando llego al despacho, el investigador me recibe con puntualidad y me explica cómo trabaja, qué documentos necesita y cuáles son los límites de su investigación. Lo escucho con atención antes de abrir mi ordenador y entregarle las copias de los movimientos bancarios, las fechas de los viajes y las capturas de las publicaciones de Clara.

Le explico qué datos conozco directamente y cuáles he deducido al comparar la información. Le muestro la fotografía de mi yate y los gastos relacionados con hoteles y restaurantes que aparecen en mis estados de cuenta.

—Antes de empezar, quiero dejar algo claro —digo cuando termina de revisar los documentos—. No estoy aquí para que alguien confirme lo que quiero creer. He encontrado irregularidades y necesito saber qué significan. Si mis sospechas son infundadas, quiero descubrirlo. Y si no lo son, necesito pruebas para tomar las decisiones correspondientes.

Él asiente y me hace algunas preguntas sobre los viajes de Ricardo, el acceso a mis propiedades y las fechas de las publicaciones. Le respondo con precisión, admitiendo qué aspectos todavía no puedo verificar.

—¿Qué desea que investigue exactamente? —pregunta.

—Quiero que compruebe los viajes de Ricardo durante los periodos que aparecen en estos documentos y determine si Clara estuvo con él en alguno. Necesito saber si los destinos que me comunicó coinciden con sus desplazamientos reales y quién organizó o pagó las estancias, cenas y actividades que ella presume en sus redes sociales. También quiero que averigüe si mi yate fue utilizado sin mi autorización.

Hago una pausa antes de continuar.

—No quiero que se limite a buscar una posible infidelidad. Si Ricardo ha utilizado mis tarjetas para cubrir gastos que me ocultó o si alguien ha disfrutado de mis propiedades sin permiso, eso también debe investigarse. Necesito que documente cualquier irregularidad que pueda comprobarse.

—¿Hay alguna otra condición? —pregunta.

—Sí. Nadie debe saber que he contratado sus servicios. No contacte a Ricardo ni a Clara, no los confronte y tampoco les dé motivos para sospechar que estoy investigando sus movimientos. Si necesita información adicional, me la solicita a mí. Y si descubre algo que contradiga mis sospechas, también quiero saberlo. No le estoy pagando para que me dé la razón, sino para que encuentre la verdad.

El investigador toma nota y me explica que primero analizará los documentos para determinar qué información puede verificar legalmente. También me advierte que algunos datos podrían tardar en confirmarse y que no todas las publicaciones permiten identificar quién pagó una cuenta.

Agradezco su sinceridad. Acordamos las condiciones del servicio, el alcance inicial de la investigación y la forma en que me comunicará los avances. Antes de marcharme, le entrego los documentos necesarios y conservo copias de todo.

Al salir del despacho, me dirijo al automóvil mientras guardo el teléfono en el bolso. Ahora alguien más se encargará de revisar aquello que yo solo he podido reconstruir a partir de fechas y movimientos bancarios. Todavía no tengo respuestas, pero al menos he dejado de depender exclusivamente de mis propias sospechas.

No hay mensajes nuevos de Ricardo ni de Clara. Por el momento, seguirán creyendo que todo marcha con normalidad y que no tengo motivos para cuestionar sus explicaciones. No pienso desmentir esa impresión hasta saber qué estoy enfrentando.

Si me han mentido, quiero descubrirlo antes de que puedan borrar las pruebas o preparar una explicación. Y si han utilizado mi confianza para obtener beneficios a mis espaldas, no permitiré que el cariño que les he tenido se convierta en una excusa para protegerlos de las consecuencias.

Todavía no sé qué encontrará el investigador, pero ahora tengo un plan. Y pienso esperar los resultados antes de dar el siguiente paso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.