Ryoga Brouders
Las puertas del ascensor estaban a punto de cerrarse después de un día entero entre vuelos, periodistas y entrevistas...
Lo único que quería era llegar a mi habitación.
Ethan había repartido las tarjetas cada uno llevaba su equipaje.
Por primera vez en varias horas había silencio.
O al menos...
Eso duró tres segundos.
-¡Un perrito!.-la voz de Serkan resonó por todo el vestíbulo.
Antes de que pudiera reaccionar, el niño salió disparado del ascensor.
Las puertas volvieron a abrirse automáticamente.
Akane fue detrás de él sin pensarlo las puertas volvieron a intentar cerrarse.
Las detuve con una mano.
Miré a Ethan.
-Suban ustedes yo voy después.
Cameron sonrió.-El instinto paternal es fuerte.
Le dirigí una mirada que bastó para borrar su sonrisa.
-Cállate.-salí del ascensor mientras las puertas se cerraban detrás de ellos.
No tardé en encontrarlos.
Serkan estaba agachado frente a un cachorro blanco con manchas café.
El perro movía la cola con tanta fuerza que parecía feliz de conocerlo.
Akane acababa de llegar.
Podía escucharla regañándolo con esa paciencia que parecía infinita.
-No puedes salir corriendo así.
-Perdón...
El niño bajó la cabeza inmediatamente no intentó justificarse solo pidió perdón eso me llamó la atención.
No parecía un niño malcriado.
Simplemente...
Se dejaba llevar por el entusiasmo.
Me acerqué despacio.
-¿Todo bien?.
Akane levantó la vista.
-Sí solo encontró un nuevo amigo.
Miré al cachorro.
Después a Serkan.
-La próxima vez... Primero avisas y después corres.
El pequeño levantó la cabeza.
-Sí... Lo prometo.
Le revolví el cabello.
-Bien volvamos antes de que Cameron empiece a inventar historias.
Serkan soltó una risa.
-¡Seguro él también quería acariciar al perrito!.
Negué divertido.
-No pienso defenderlo.
Cuando ya íbamos a regresar, apareció una señora mayor sujetando la correa del cachorro.
-Perdón Rocky siempre se acerca a los niños.
Sonrió al ver a Serkan.
El pequeño volvió a acariciar al perro era imposible no notar lo mucho que le gustaban los animales.
La señora levantó la vista hacia Akane y después hacia mí.
Sus ojos se llenaron de ternura.
-Qué familia tan bonita.
Akane y yo nos miramos.
-No...-empezó ella.
-En realidad...-Intenté continuar.
Pero ninguno encontró la forma de explicarlo sin sonar descortés.
La señora siguió sonriendo convencida de que solo nos daba vergüenza admitirlo.
Preferí dejar el tema ahí.
No valía la pena corregir a una desconocida.
En ese momento escuché otra voz.
-Abuela.
Un hombre se acercó hasta nosotros al principio no le presté demasiada atención.
Hasta que pronunció un nombre.
-¿Akane?.-ella levantó la vista.
Era evidente que no lo reconocía.
El hombre sonrió.
-No me digas que ya me olvidaste.-negó con algo de vergüenza.
-Lo siento...
Él terminó diciendo su nombre.
-Soy Kaito.
Vi cómo la expresión de Akane cambiaba por completo.
-¡¿Kaito?!.-su sonrisa apareció de inmediato.
Una sonrisa diferente.
Más despreocupada.
Más... nostálgica.
Empezaron a hablar como si los años nunca hubieran pasado.
Recordaban profesores.
Compañeros.
Anécdotas.
Kaito le dijo que siempre la defendía.
Ella respondió riendo que también le regalaba dulces y útiles escolares.
Los observé en silencio.
No tenía ningún motivo para intervenir era una conversación entre antiguos amigos y sin embargo...
Algo me resultaba incómodo.
No era Kaito.
Ni Akane.
Era la facilidad con la que sonreían al recordar el pasado.
Sentí un pequeño tirón en el pantalón.
Bajé la mirada.
Serkan.
-¿Qué pasa?.-el pequeño señaló a Akane.
-Se ve feliz.
Volví a observarla.
Tenía razón.
Hacía días que no la veía sonreír de esa manera.
Entonces ocurrió.
-¡Mi papá también pelea boxeo!.-levanté una ceja.
Miré a Serkan.
Él sonreía orgulloso mientras me señalaba con el dedo.
Akane se quedó completamente inmóvil y lentamente giró la cabeza hacia mí.
Su expresión decía claramente.
"Por favor, ayúdame."
Contuve una sonrisa caminé hasta donde estaban.
Extendí la mano hacia Kaito.
-Ryoga Brouders.-el respondió el saludo.
-Kaito Fernández mucho gusto.
Asentí.-Así que tú eres el compañero de secundaria el que defendía a Akane... Y le regalaba cosas.
Vi cómo Akane cerraba los ojos un segundo.
Kaito soltó una pequeña risa.
-Hace muchos años de eso.
-Claro.-respondí con tranquilidad.-Los niños suelen hacer esas cosas.
Miré a Serkan.
Seguía completamente orgulloso de haberme presentado como su padre.
Ni siquiera parecía darse cuenta del enorme malentendido que acababa de crear.
Suspiré.
Lo levanté entre mis brazos.
-Vamos creo que será mejor que vaya enseñándole el hotel... a mi hijo.
Sabía perfectamente que Akane iba a reclamarme más tarde por seguirle el juego.
Pero, en ese momento...
Era mucho más sencillo salir de allí que explicar una historia imposible de resumir en dos minutos.
Mientras caminábamos por el vestíbulo, Serkan apoyó los brazos sobre mis hombros.
-Papá.-bajé la vista hacia él.
-¿Sí?.
-¿Primero vemos la piscina o el restaurante?.
No pude evitar reír.
Definitivamente...
Ese niño iba a seguir dándome dolores de cabeza.
Seguí caminando por el enorme vestíbulo con Serkan sentado sobre mi brazo.
El pequeño no dejaba de mirar hacia todos lados.
Cada lámpara.
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Editado: 03.08.2026