Ryoga Brouders
El sonido del cronómetro marcó el inicio del entrenamiento.
Respiré hondo.
Todo el ruido desapareció.
Las conversaciones.
Las risas de Cameron.
Las preguntas de Serkan.
Las instrucciones de Ethan.
Cuando entrenaba...
Solo existía el siguiente movimiento.
El siguiente golpe.
La siguiente respiración.
Golpeé el saco una vez.
Dos.
Tres.
Combinaciones rápidas.
Directas.
Sin desperdiciar energía.
-Más velocidad.-escuché decir a Ethan.
Obedecí inmediatamente.
Mis puños comenzaron a moverse con mayor rapidez.
El saco se balanceó con fuerza.
-No pierdas la guardia.
Elevé los brazos.
Esquivé un golpe imaginario.
Volví a atacar.
Uno.
Dos.
Gancho.
Uppercut.
Otra combinación.
El sudor comenzó a recorrer mi frente.
Pero seguí, siempre seguía porque una pelea no se ganaba el día del combate.
Se ganaba en días como ese.
Cuando nadie miraba.
O eso creía.
Al terminar la serie levanté la vista.
Y ahí estaba.
Serkan sentado junto a Akane con los codos apoyados sobre las rodillas observándome con una concentración que pocas veces había visto en un niño.
Cuando nuestras miradas se cruzaron...
Levantó ambos pulgares.
Sonreí apenas y volví al entrenamiento.
-Cinco minutos de cuerda.-ordenó Ethan.
Tomé la cuerda.
Comencé a saltar.
Ritmo constante.
Respiración controlada.
Después de un par de minutos escuché unos pequeños saltitos muy cerca de mí.
Miré de reojo.
Serkan había conseguido otra cuerda.
Intentaba imitarme.
Saltaba una vez.
La cuerda golpeaba sus pies.
Se detenía.
Volvía a intentarlo y otra vez se enredaba.
No se rendía.
Simplemente empezaba de nuevo.
Cameron apareció detrás de él.
-Pequeño Harper's así no.
El niño levantó la vista.
-¿Entonces cómo?.
-Mira al mejor profesor del mundo.
Cameron tomó la cuerda.
Intentó hacer un salto.
La cuerda se enredó inmediatamente en sus tobillos perdió el equilibrio y estuvo a punto de caer.
Todo el gimnasio estalló en carcajadas.
Incluso Ethan soltó una risa.
Serkan cruzó los brazos.
-Creo que mejor aprenderé con Ryoga.
Las risas aumentaron.
Cameron se llevó una mano al pecho.
-Hoy me están humillando demasiado.
Negué divertido mientras seguía saltando.
Aquel niño decía exactamente lo que pensaba.
Y, por alguna razón...
Eso hacía reír a todos.
Terminó el calentamiento.
Ethan lanzó unos guantes hacia mí.
-Hora del sparring..-los atrapé en el aire.
Me acerqué al ring.
Subí de un salto.
Mi compañero de entrenamiento ya me esperaba nos saludamos con un movimiento de cabeza.
Sonó la campana.
El primer intercambio fue rápido.
Bloqueé.
Esquivé.
Respondí con un directo al cuerpo.
Retrocedí.
Otra combinación.
El hombro respondió bien.
No había dolor.
Solo una ligera molestia.
Seguí peleando.
Desde una esquina del gimnasio pude escuchar la voz de Serkan.
-¡Vamos, Ryoga!.-no gritaba como un aficionado.
Solo sonaba emocionado.
Instintivamente sonreí.
Mi rival aprovechó esa mínima distracción para lanzar un gancho.
Lo esquivé por centímetros.
-Concéntrate..-dijo Ethan desde abajo.
Tenía razón.
Volví a centrarme.
El resto del asalto transcurrió sin errores.
Cuando terminó, bajé del ring.
Akane ya me esperaba con una toalla.
-¿Cómo está el hombro?.-moví el brazo lentamente.
-Bien.
Ella lo examinó unos segundos.
Sus dedos presionaron con cuidado la articulación.
-No hay inflamación pero sigue cuidándolo.
Asentí.-Lo haré.
En ese momento sentí un pequeño tirón en el pantalón deportivo.
Miré hacia abajo.
Serkan.
Me observaba con una enorme sonrisa.
-Ganaste.-solté una pequeña risa.
-Solo era entrenamiento.
Él negó con firmeza.
-Igual ganaste porque no te rendiste.
Sus palabras me hicieron guardar silencio no era la primera vez que alguien me felicitaba por pelear.
Pero sí era la primera vez que alguien lo hacía por no rendirme.
Le revolví el cabello.
-Gracias.
El pequeño sonrió satisfecho.
Y salió corriendo hacia Cameron para contarle, seguramente, alguna nueva teoría sobre cómo convertirse en boxeador en una semana.
Lo vi alejarse.
Después miré a Akane.
Ella seguía observando a su hermano con una sonrisa llena de orgullo.
En ese instante comprendí algo.
Serkan era así...
Porque había crecido viendo a Akane levantarse una y otra vez después de cada dificultad.
Ella le había enseñado, sin darse cuenta, que rendirse nunca era una opción.
Y quizá...
Por eso aquel niño admiraba tanto a los luchadores.
Akane terminó de guardar las vendas y los analgésicos en su maletín.
Yo seguía sentado en la banca del gimnasio, con una toalla sobre los hombros mientras bebía agua.
Era el momento.
-Akane.
Ella levantó la vista.-¿Sí?.
Hice un pequeño gesto con la cabeza para que se acercara.
Esperó unos segundos antes de caminar hasta donde estaba.
-¿Ocurre algo con el hombro?.
Negué.-No.
Entonces comprendió que no era por eso.
Se cruzó de brazos.
-¿Qué sucede?.
La observé unos instantes.
-¿Ya pensaste sobre el trato?.-su expresión cambió apenas.
Sabía exactamente a qué me refería.
La noche anterior a cada pelea.
Que se quedara conmigo.
Ella bajó la mirada durante unos segundos.
Después volvió a mirarme.
-Sí...-respondió en voz baja.
#3266 en Novela romántica
#136 en Joven Adulto
hijos reencuentro amor humor drama, secreto segunda oportunidad romance, obsesion amor decepcion y sinceridad
Editado: 03.08.2026