Soy un libro.
Manchado de tinta.
De palabras.
De acciones.
Soy un libro mal escrito.
Con una ortografía cuestionable.
Con descripciones deslucidas.
Con diálogos insípidos.
Con páginas viejas.
Con portada nueva.
Con palabras distintas.
Con el mismo título antiestético.
Soy un libro.
Uno cerrado.
Uno que tiende a ser… desabrido.
Un libro soso, simple, vacío.
Algo con lo que te aburres fácilmente.
No hay clímax, no hay giros inesperados.
Solo la burga y aburrida existencia de este ser mundano.
Tengo las páginas ásperas, desdeñosas, desagradables.
Tengo palabras antipáticas e inaguantables.
Soy un libro inculto, descortés, ignorante y analfabeto.
Uno rústico, incompetente, atrasado.
Soy un libro que aprende nada, uno que se llenan de cosas ajenas, cosas sin importancia.
Uno desorientado, perdido, extraviado, errante en la ignorancia.
Soy un libro invisible.
No es visto por nadie.
No es amado por nadie.
No es odiado por nadie.
Es visto por todos.
Ignorado por todos.
Dejado de lado.
No soy pulcro.
No soy extravagante.
Soy arcaico, añejo.
Un fósil, primitivo, en lo moderno.
Soy un libro rayado.
Uno ennegrecido, mugriento, tachado.
Soy un libro salpicado en tinta de forma incongruente.
Chorreando de palabras tan vagas e insípidas.
Teñido de una historia aburrida.
Con tantas descripciones perezosas.
Con tantas palabras repetidas.
Un libro que es un bucle, uno feo e inexpresivo.
Soy un libro.
Soy un libro.