Un hombre roto

Personas

La multitud me inquieta.

Estamos tan solos en un lugar donde hay un desborde de personas.

Tan encerrados en un lugar abierto.

Tan tristes en un lugar lleno de estímulos.

Tan aislados de un mundo lleno de falsas interacciones.

Tan desolados en un lugar tan abarrotado de calor.

Yo no soy la excepción.

Soy uno más entre la multitud.

Me siento tan solo.

Me siento tan cansado.

Tan hastiado, fastidiado, irritado.

Tan incómodo, disgustado, exasperado.

Estoy moribundo en mundo saturado de vida.

La gente, oh las personas, son algo que detesto.

Meten sus narices en donde no se les llama.

Aman incluirse en mi vida.

Criticándola, tachándola, repudiándola, rebajándola.

Insultándola, maldiciéndola, juzgándola, calumniándola.

¿Por qué lo hacen?

¿Tan aburrida y sosa es su vida?

¿Tan triste y desesperante es?

¿Qué? ¿Quieren hastiarme y llevarme al punto de quiebre?

Entonces ¡Bravo! ¡Lo consiguieron!

¡Aplaudámosles! ¡Sean felices!

Las odio.

¿Tan malo es decir esto?

He llegado al fondo, al suelo, a mis raíces.

Estoy hundiéndome dentro del mar para buscar el «porqué»

Yendo dentro de mi subconsciente para buscar la razón.

Ya sé cuál es, son ustedes, malditas arpías.

Odio a la gente.

Por más buenas personas que sean.

Por más buenas intenciones que tengan.

Por más santos que sean.

Por más puros que se crean.

Por más castos que se presentan.

Por más manta prístina vea.

Son personas ―al fin y al cabo―, siguen siendo despiadados.

Siguen siendo humanos.

Tan imperfectos, tan impuros.

Con sus impulsos primitivos.

Con su lengua afilada y venenosa.

Con envidias y desdichas.

Quieren arruinar y corroer la vida.

En algún momento fui como ellos.

Recibí mi karma.

Recibí la sarna.

Recibí el dolor.

Recibí la desesperación.

Mi recompensa fue lo que hice.

Sembré mis propios males.

La tenue lluvia se convirtió en tempestad.

El suave viento se convirtió en un tornado.

Y al final termine mal.

Termine peor.

Consumido.

Desesperado.

Decepcionado.

Corroído.

Oh personas, desgraciadas, malditas.

Oh personas desdichadas y sin vidas.

Oh personas envidiosas y aburridas de su existencia.

Tan mal están que quieren desparecer mi resistencia.

Mi paciencia no es mucha y mi temperamento es frágil

Pronto caeré y nunca más volveré.



#1768 en Otros
#333 en Relatos cortos

En el texto hay: poemas, psicología oscura, elías

Editado: 07.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.