Un Huracán para el lobo

CAPITULO LXXXVI

KATHRYN

El zumbido insistente de mi teléfono sobre la mesa de noche me despertó a las seis de la mañana. No era una llamada, sino una ráfaga ininterrumpida de notificaciones. Me incorporé en la cama sintiendo un vuelco en el estómago que esta vez no tenía nada que ver con las náuseas matutinas.

Al encender la pantalla, el primer titular del diario financiero más importante del país me heló la sangre en las venas.

"Guerra de herederos en el Imperio Alexander: la licitación del nuevo hotel, bajo la sombra de un doble escándalo familiar"

Esa información solo podía haber sido proporcionada por una sola persona, Gala. Cada detalle del escritor era una filtración quirúrgica que detallaba con precisión milimétrica hasta las semanas de gestación de su embarazo, mi retiro estratégico en el ático y sembraba dudas sobre si Don Agustín mantendría sus millones en un proyecto dirigido por una ejecutiva que necesitaba ser protegida en el anonimato por el presidente del consorcio.

Me levanté de inmediato, ignorando el frío del suelo de mármol. Me vestí a toda prisa con un pantalón sastre negro y una blusa de seda gris, decidida a no dejarme ganar por el pánico. Subí las escaleras hacia el estudio del segundo piso a paso firme. Cuando encendí los servidores seguros y las pantallas de alta definición, el canal de comunicación con el equipo de inversión de Don Agustín ya parpadeaba en rojo. Los inversionistas internacionales exigían una declaración.

Presioné el botón del intercomunicador, modulando mi voz con esa parsimonia fría y majestuosa que siempre usaba en las crisis de mercado.

  • Buenos días a todos - solté, fijando mi mirada en la cámara de alta definición - Sé perfectamente lo que circula en los medios esta mañana - dije sin rodeos - Pero les recuerdo que los fondos de Don Agustín no se asignaron a una situación familiar, sino a una estructura de costos y un diseño arquitectónico que yo firmé. La licitación sobre el terreno del hotel sigue adelante. Si alguien tiene dudas sobre la solidez de mi dirección por un chisme de prensa, les sugiero que revisen el balance de las adendas del ala norte que les envié ayer. Mi capacidad ejecutiva no se mide en semanas de gestación, sino en rendimientos financieros.

MAXIMILIANO

El sonido de los flashes de los paparazzis apostados en la entrada de la torre se filtraba a través de los reportes en tiempo real que mi jefe de seguridad me enviaba al celular. Gala había cumplido su amenaza. Había incendiado el tablero en una guerra mediátics, presentándose implícitamente ante la opinión pública como la madre del primogénito Alexander, arrastrada a un litigio corporativo por mi decisión de blindar a Kathryn en el ático.

Entré al estudio del segundo piso a grandes zancadas, con la mandíbula apretada y esa calma depredadora que utilizaba para destrozar a mis competidores. Me desabroché los botones del saco y me paré detrás de Kathryn, apoyando una mano firme sobre su hombro. Mi voz de barítono vibró con una fijeza feroz que llenó todo el espacio y cruzó la línea de audio hacia los inversionistas.

  • Buenas tardes. El consorcio no va a dar un solo paso atrás en la fusión. Los contratos de licitación del hotel están blindados por mi apellido y respaldados por el capital de Don Agustín - sentencié, y las pupilas se me dilataron por la furia posesiva al ver las dudas de la junta en la pantalla - Quien decida retirar sus acciones basándose en la prensa amarillista, que lo haga hoy mismo, yo compraré su participación antes del mediodía.

Cerré la transmisión con un golpe seco en el teclado y giré a Kathryn hacia mí, tomándola de los brazos para obligarla a mirarme a los ojos oscuros.

  • Gala pensó que exponerte ante la prensa te haría huir del ático, Kathryn - le solté, modulando mis palabras con la fuerza de un ultimátum definitivo - Pero se equivoca. No vas a ceder un solo milímetro de tu orgullo ejecutivo. Don Agustín ya emitió un comunicado respaldando nuevamente tu firma como su única representante. La tormenta está afuera pero de este apartamento no sales y este proyecto lo vas a cerrar tú, demostrándole a la junta quién es la verdadera dueña de este imperio.




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