Un Huracán para el lobo

CAPITULO XCIV

GALA

La penumbra de mi habitación principal se sentía como el preludio de un reinado. Eran las tres de la madrugada. Estaba de pie junto al gran ventanal de mi departamento, sosteniendo una copa de agua mineral entre los dedos y contemplando las luces de la ciudad debía moverme rápido había perdido mi participación en el hotel pero Federico ya estaba moviendo los hilos en el consorcio para cerrarle el cerco legal a Maximiliano. Todo marchaba a la perfección.

  • Señora Gala, es hora de su suplemento de progesterona.

La voz, monótona y disciplinada, rompió mi burbuja de triunfo. Me giré lentamente, forzando de inmediato la expresión de fatiga y debilidad que requería mi papel. En el umbral de la puerta estaba la enfermera de los Alexander, la sombra que Maximiliano me había impuesto bajo el pretexto de vigilar mi salud pero que en realidad funcionaba como su guardiana privada. Vestía un uniforme blanco impecable y sostenía una pequeña bandeja de plata con el medicamento y un vaso de agua.

  • Déjalo en la mesa de noche, por favor - le pedí, modulando un tono suave y desvalido - Me cuesta conciliar el sueño con las náuseas pero me lo tomaré en un momento.

La mujer me miró con ojos analíticos, registrando cada facción de mi rostro. El dinero de Maximiliano compraba la mejor atención pero también la máxima vigilancia. Ella no se movió de inmediato se limitó a asentir con una rigidez profesional que me erizaba los cabellos.

  • El señor Alexander solicitó un reporte detallado de su presión arterial y sus síntomas a primera hora de la mañana - añadió la enfermera, con una formalidad que se sintió como una amenaza implícita - Estaré en el pasillo por si necesita asistencia.
  • Gracias. Puedes retirarte.

En cuanto la puerta se cerró y me quedé a solas bajo la sombra de mi propia mentira casi expuesta, Maximiliano tenía dudas pero no la certeza real, dejé escapar un suspiro de desprecio, creía que ponerme una celadora en el apartamento bastaría para controlar mi vida. No sospechaba que cada día que pasaba, la red de Federico se volvía más fuerte en la junta. El embarazo era mi escudo invulnerable, me hacía intocable. Mientras el no pudiera probar que no existía un hijo todavía había posibilidad que Kathryn terminara huyendo destrozada por el remordimiento de ver como el despreciaba a ese supuesto hijo.

El zumbido violento de mi teléfono, el que mantenía oculto en el cajón de la lencería para las comunicaciones con la prisión de mi padre, cortó el silencio de la madrugada.

Sentí un escalofrío extraño en la nuca. Nadie llamaba a esta línea a menos que fuera una emergencia absoluta. Saqué el dispositivo y vi un número desconocido. Al presionar el botón de recepción, la voz al otro lado de la línea sonó acelerada, con una respiración rota que me encendió todas las alarmas del instinto. Era uno de mis contactos clave en la administración de la Clínica Central.

  • Gala... tenemos un problema grave - soltó el hombre en un susurro desesperado.
  • Habla rápido. Tengo a la enfermera de los Alexander en el pasillo - le siseé, apretando el teléfono contra mi oído mientras sentía que el aire de la habitación se congelaba - ¿Qué demonios pasa?
  • Alguien se infiltró en el laboratorio bioquímico del hospital. No fue un hackeo al sistema digital, fueron directo al eslabón humano. Sobornaron al técnico jefe que firmó tu certificado médico, le pagaron una fortuna en una cuenta extranjera para que abriera el archivo físico de muestras de sangre.

El vaso de agua mineral se deslizó de mis dedos, estrellándose contra la alfombra con un golpe sordo. Sentí un vacío violento en las entrañas. La certeza de mi victoria se tambaleó en un segundo.

  • ¿Qué vio ese investigador? - inquirí, y mi voz flaqueó por la rabia y el terror real que me subió por el pecho.
  • Gutiérrez abrió la cadena de custodia, cruzaron los registros del vial que dio positivo con tu expediente médico del seguro corporativo de la firma. Gala... descubrieron la anomalía. Ya saben que el grupo sanguíneo de la muestra que usamos para el reactivo de embarazo no coincide con tu tipo de sangre real. La duda está sembrada. Quienquiera que haya contratado a ese investigador ya sabe que el vial fue suplantado en el laboratorio. Están buscando pruebas de ADN para confirmar el fraude.

La respiración se me cortó. Las luces de la ciudad al otro lado del cristal parecieron desvanecerse, reemplazadas por la imagen de las rejas de la prisión donde mi padre cumplía su condena. Maximiliano, Tenía que ser él. El cazador implacable había empezado a buscar la verdad detrás de mis sutiles mentiras, su mente matemática y desconfiada no se había dejado doblegar por el papel científico que le arrojé a la cara.

  • Gala, si confirman el fraude de la muestra con una prueba de ADN, Gutiérrez va a hablar para salvar su licencia penal, y nos van a hundir a todos por extorsión - continuó el hombre, con el pánico desbordado - Tienes que mover tus fichas ya.
  • Cállate y escúchame bien - le corté, modulando mis palabras con una frialdad asesina, obligando a mi mente a recuperar la claridad matemática de inmediato - Destruye cualquier registro físico que quede en ese archivo antes de que empiece el turno de la mañana. Quema las bitácoras si es necesario. Yo me encargaré del resto.

Colgué el teléfono de golpe, con las manos temblando de furia pura.

Miré la puerta de la habitación, detrás de la cual la enfermera de Maximiliano seguía vigilando mis movimientos. El panorama se había vuelto crítico. La duda en Maximiliano iba a crecer exponencialmente a partir de este momento. Si él cruzaba los datos de la sangre, mi falso embarazo caería antes de que Kathryn se marchara de la ciudad. El tiempo ya no era mi aliado, la tormenta se había adelantado.




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