Un Huracán para el lobo

CAPITULO XC

MAXIMILIANO

El sonido del escape del sedan en la entrada del edificio residencial de Gala rompió el silencio de las siete de la mañana. Apoyé las manos sobre el volante de cuero, fijando mi mirada oscura en la fachada de cristal. Había llegado un minuto antes de la hora acordada. En las juntas del consorcio, la puntualidad era una estrategia de dominio. Hoy, era el recordatorio implacable de que iba a cumplir cada una de mis obligaciones legales sin conceder un solo segundo a las negociaciones sentimentales.

Me desabroché el saco de sastre y bajé del vehículo con esa calma depredadora que utilizaba para cerrar las adquisiciones más hostiles. Gala no tardó en cruzar las puertas del vestíbulo. Vestía un abrigo largo color beige y sostenía su bolso contra el vientre con esa parsimonia ensayada de víctima que tanto éxito le había dado ante la junta directiva. Al verme, esbozó una sonrisa tenue, cargada de esa madurez trágica con la que pretendía conmoverme.

  • Eres puntual, Max - dijo con un hilo de voz suave mientras se deslizaba en el asiento del copiloto - El doctor nos espera en la clínica central a las siete y media. Me alegra saber que, a pesar de todo lo que nos estás haciendo pasar con Kathryn en el ático, el bienestar de tu primogénito sigue siendo tu prioridad.
  • El bienestar de mi sangre es innegable, Gala -respondí, y mi voz vibró con una fuerza pausada que llenó el habitáculo del auto mientras ponía el motor en marcha - Pero no vamos a la clínica central y el ginecólogo de siempre no va a revisarte hoy.

Gala frunció el ceño de inmediato, su máscara de mártir agrietándose por un destello de confusión. Giró el rostro hacia mí, con las pupilas dilatadas al notar que tomaba la autopista en dirección norte, alejándome del centro médico del consorcio.

  • ¿De qué estás hablando? ¿A dónde me llevas, Maximiliano? - su voz perdió la suavidad, recuperando esa inflexión ejecutiva y cortante - Tengo mi expediente allá. El doctor Martínez ha seguido mis semanas de gestación desde el primer día. No voy a permitir que juegues con mi salud por tus arranques de control.
  • Vas a revisarte con el doctor Silva - sentencié con una fijeza feroz, sin desviar la mirada de la carretera - Es el director del departamento de obstetricia de la clínica de alta especialidad. Un hombre ajeno a las influencias de la junta directiva y a los favores corporativos. He transferido tu historial completo a sus servidores seguros esta madrugada.

Gala apretó los dedos contra el tablero, su respiración volviéndose errática. El contraataque mediático que había lanzado con la prensa y su victimismo corporativo no le servían de nada dentro de este auto. Estaba atrapada en mi terreno.

  • ¿Por qué haces esto? ¿Acaso no confías en la palabra de la mujer con la que creciste y haz vivido tanto? - soltó con un deje de desesperación real, clavando sus ojos verdes en mi perfil - ¿Me estás arrastrando a un médico desconocido para humillarme?
  • Hago esto porque yo no juego con las reglas de nadie, Gala - le solté, modulando mis palabras con la fuerza de un ultimátum definitivo - Confío en la ciencia, no en las filtraciones anónimas a los diarios de negocios. El doctor Silva supervisará tus cuidados, se encargará de certificar el avance de tu gestación y llegado el momento, coordinará la prueba de ADN post-natal que ratifique lo que pasó en la cabaña. Si todo es tan implacable como dices, no tienes nada que temer. Pero a partir de hoy, las citas imédica de tu embarazo la manejo yo. El caso está cerrado, Gala. Acepta mis condiciones, porque a la clínica central no vuelves a entrar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies.