Un largo camino a casa

Parte 2

Eran casi las 20:15, cuando la mujer estaba sentada en la parada del autobús. Miraba en el celuar la hora, pero no fue eso lo que hizo detener el tiempo por unos segundos, sino la foto que se podía ver en la pantalla. Mia era una mujer hermosa, de pelo castaño claro, ondulado hasta una palma bajo los hombros. Su rostro era claro, y sus labios eran protuberantes, pintados de un rosa pastel. En la imagen abrazada a un hombre muy atractivo, de piel morena y pelo corto, y ambos se encontraban en ese momento de vacaciones en Francia, por lo que la torre Eifel estaba tras ellos dandole un toque romántico a aquella escena.

La llegada del autobús la hizo salir de sus pensamientos, se puso de pie, sacó la tarjeta, y abordó el vehículo cuando se detuvo a un par de pasos de la parada. Al entrar saludó, pero no recibió respuesta. El sonido de la máquina validadora indicó el costo del pasaje, encendió una luz verde, y pudo ingresar para sentarse a mitad del bus, junto a la ventana.

En el bus iban 3 personas: Mia, el conductor, y un hombre al fondo, con grandes audífonos y mirando hacia fuera a través del vidrio.

El recorrido solía durar unos 30 minutos, y luego una caminata por casi 15 minutos más a través de calles angostas, para llegar a la avenda Carlston Point 1345, en una zona residencial de muy baja población. Es lo que le gustaba a Mia cuando eligieron el lugar para vivir, pues la muchedumbre y los ruidos no iban con ella. Rodolfo estuvo de acuerdo,el lugar era tranquilo y perfecto para descansar.

Cuando llevaba 2 minutos de viaje, escuchó el timbre de la puerta trasera. Voltió la cabeza, y pudo ver cómo sus ojos se encontraron con los del hombre que estaba sentado allá, solo que ahora estaba de pie frente a la puerta de atrás para poder descender en la próxima parada. Mia de inmediato le sacó los ojos de encima y continuó mirando hacia afuera. Nerviosa. Intranquila.

El autobus se orilló por la calle, se detuvo, y se abrió la puerta trasera.

5, 10, 20, 30 segundos pasaron y el autobús seguía detenido en la parada. Mia no quería volver a mirar, pero no sabía qué pasaba, pues ya llevaba demasiado tiempo sin restablecer el recorrido.

Cada vez más inquieta, lentamente fue volteando la cabeza, hasta poder darse cuenta que el hombre de atrás ya no estaba. Confusa, Mia recorrió con la mirada desde atrás hacia adelante, y la única persona que había dentro con ella era el chofer. Cuando se disponía a preguntarle al conductor qué sucedía, Mía, de reojo, pudo ver que el hombre que antes estaba sentado atrás, luego frente a la puerta de bajada posterior, ahora estaba junto ella, fuera del autobus, al otro lado de la ventana.

Mia se sobresaltó intensamente y dio un grito.

El hombre la miraba con los ojos muy abiertos, serio, y la mujer pudo darse cuenta que sus ojos eran negros, tan negros como la noche. Tenía la capucha de la chaqueta sobre su cabeza, por lo que su rostro y facciones estaban ligeramente cubierto de sombras.

Mia respiraba agitadamente, cambiándose al asiento de al lado, alejándose de la ventana, pero sin sacar la mirada de encima de él.

-Señor, por favor, puede retomar el viaje.

Apenas una voz suave y temblorosa salió de su garganta. Mia sentía algo al mirar aquellos ojos. Y su terror fue mayor cuando el hombre se acercó y puso la cara apoyada en la ventana. Su respiración dejaba empañado el vidro alrededor de su boca y nariz. Ella se daría cuenta después que, de alguna manera, el hombre estaba casi a la misma altura de ella, a pesar de estar bajo el autobús. Cuando estaba dentro de él, le pareció no ser tan talto.

-¿Sucede algo señorita? - El conductor le preguntó a la mujer.

Mia miró al conductor por sólo un segundo, y cuando volvió a mirar a la ventana, el hombre ya no estaba. Sin embargo, la marca que su respiración había dejado seguía ahí. Lentamente fue menguando. La marca, un confuso círculo, fue atenduándose y pronto pasó a difuminarse y desaparecer completamente.

La mujer, asustada y nerviosa, miró nuevamente por todo el autobús, y se percató que iba sola junto con el conductor.

Pronto el hombre que manejaba el autobús, sin prestarle mayor antención a su pasajera, cerró la puerta posterior y retomó el viaje.

Mia, asustada aún, cruzó el pasillo para sentarse al otro extremo.

Quince minutos más tarde, ya más calmada, la hermosa mujer se apoyó contra el vidrio, chequeó la hora, y cerró los ojos.

Cayó en un profundo sueño.



#587 en Thriller
#207 en Suspenso
#267 en Misterio

En el texto hay: miedo, suspenso, terror

Editado: 18.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.