Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 33

Capítulo 33: El peso de las horas

La cita en la clínica privada del norte de la ciudad se había programado con la discreción que solo el apellido De Luca podía comprar. En un cubículo blindado contra indiscreciones y rodeados de equipos de última generación, la ginecóloga confirmó lo que la prueba casera había anticipado: el embarazo era un hecho innegable, aunque apenas se gestaba en sus primeras semanas de desarrollo. En la pequeña pantalla del ecógrafo, el diminuto latido era un destello casi imperceptible, un destello de vida que hizo que Rous contuviera el aliento con una extraña mezcla de vértigo y asombro.

Durante el camino de regreso al penthouse, el silencio en el asiento trasero del auto no fue tenso.

En los días posteriores a su rendición en la habitación, Lorenzo había comenzado a mostrar una faceta que ella jamás habría creído posible en el despiadado magnate. No había bajado la guardia —la naturaleza controladora de ambos seguía intacta—, pero los detalles sutiles habían empezado a transformar el aire del hogar: las tés de hierbas sin cafeína que aparecían listas en su estudio, la ausencia de órdenes tajantes y una paciencia extraña que desarmaba las defensas de Rous. Ella no había bajado las armas, pero por primera vez se sentía extrañamente protegida.

Sin embargo, la tregua del mundo exterior duró poco.

A la mañana siguiente, el correo de la agencia internacional de modelaje llegó con la urgencia de un ultimátum: un contrato de exclusividad requería su presencia inmediata para una campaña de perfumes y alta costura que implicaba un viaje de dos horas por carretera y una estadía de tres días fuera de la capital.

Para cuando Rous regresó al penthouse al caer la tarde, el agotamiento físico del viaje y los primeros síntomas del embarazo le habían pasado factura de forma implacable. Las marcas que Lorenzo le había dejado semanas atrás ya habían desaparecido por completo de su piel, pero el peso del cansancio se había instalado en sus huesos. No esperó a su esposo; se quitó los zapatos en la entrada, se dejó caer sobre la cama con la ropa del vuelo y se sumió en un sueño profundo y pesado.

Horas después, el sonido silencioso de la puerta principal anunciando la llegada de Lorenzo apenas resonó en el pasillo.

Al entrar a la habitación en penumbra, Lorenzo la encontró dormida. Se detuvo junto al borde de la cama, observando la suavidad con la que respiraba y la forma en que sus manos descansaban inconscientemente sobre su vientre. En su rostro no había rastro de la ira de antaño; solo una quietud protectora mientras ajustaba con extrema delicadeza las sábanas para abrigarla.

Fue entonces cuando, sobre la mesita de noche, su vista se detuvo en un sobre de papel grueso con los emblemas dorados de la alta sociedad.

Lo tomó con dedos lentos. Al extraer la tarjeta tarjada a mano, leyó la invitación formal emitida por sus suegros, los Bozzo, convocando a Rous a una exclusiva gala benéfica que se celebraría esa misma semana. Lorenzo apretó el cartón con los dedos, sintiendo cómo una sombra fría y peligrosa volvía a nublar su mirada: los fantasmas de la familia de Rous estaban a punto de reaparecer, y el verdadero peligro no venía de afuera, sino de lo que esa gente era capaz de hacer con tal de recuperar el control sobre su esposa.



#1843 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 18.10.2026

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