Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 38

Capítulo 38:

La prueba de fuego en la pasarela

Tras sopesar las opciones y recibir la aprobación de la especialista, la decisión fue tomada. Sin darle demasiadas vueltas al miedo que le provocaba el procedimiento, Rous optó por el DIU de cobre, y la intervención se realizó ese mismo día en la clínica. Salieron de allí con indicaciones de reposo, un leve malestar físico para ella y un Lorenzo convertido en una sombra protectora y silenciosa que no la dejó caminar sola ni un solo paso hasta el departamento.

Sin embargo, la tregua tácita que habían orquestado desde la firma del contrato comenzó a tambalearse en el instante exacto en que retomaron sus respectivas rutinas.

Apenas unos días después de la intervención, el teléfono de Rous comenzó a vibrar sin tregua. La noticia corrió como la pólvora en el competitivo mundo de la moda: había sido seleccionada formalmente para participar en el evento cumbre del año, una gala exclusiva del área de la alta costura y la publicidad que solo se realizaba cada tres años. Era el escaparate definitivo, una pasarela internacional que reunía a las marcas más prestigiosas y exigentes del continente.

El problema no era la magnitud del evento, sino lo que este implicaba. El programa oficial incluía múltiples sesiones artísticas de alto impacto visual, desfiles con piezas de alta costura y, de manera innegociable, bloques dedicados a campañas de lencería y ropa interior de lujo.

Cuando Rous colgó el teléfono tras confirmar su participación, el silencio se instaló en el elegante salón del departamento. Sabía perfectamente lo que eso significaba. Con un contrato matrimonial firmado bajo estrictas cláusulas de representación social y un esposo cuya posesividad latente apenas lograba disimular, la tormenta estaba garantizada.

Esa noche, mientras cenaban, Rous decidió soltar la bomba con la misma naturalidad con la que presentaba un balance financiero, aunque el pulso le temblara ligeramente.

—Me han convocado para el desfile trienal de la industria —dijo Rous, dejando los cubiertos sobre el plato con elegancia—. Es la pasarela más importante de la temporada.

Lorenzo levantó la vista lentamente de su copa de vino. Sus oscuros ojos se fijaron en ella con una atención milimétrica.

—Supongo que tu respuesta fue afirmativa. Eres la mejor en lo que haces —respondió él con voz neutra, aunque un destello sutil de orgullo cruzó su mirada.

—Lo fue —admitió ella, alzando ligeramente la barbilla en un gesto de desafío preventivo—. Pero hay un detalle en el itinerario que debes conocer. El evento incluye bloques de alta costura... y sesiones editoriales de ropa interior y lencería artística.

El aire en la habitación pareció congelarse de golpe. Lorenzo detuvo cualquier movimiento. La copa de vino se quedó suspendida a centímetros de sus labios mientras la mandíbula se le tensaba con la misma contundencia que el primer día en la mansión de los Bozzo.

Para un hombre acostumbrado a acaparar, a proteger lo suyo bajo llave y a mantener el control absoluto del tablero, la idea de ver a su esposa —la mujer que compartía su cama y por la que sentía una devoción feroz— expuesta ante los parpadeantes destellos de cientos de cámaras, luciendo apenas unas cuantas prendas de encaje fino frente a una audiencia voraz, era una bomba de relojería.

—¿Ropa interior? —repitió Lorenzo con un tono de voz tan bajo y peligroso que hizo que la temperatura del comedor bajara diez grados.

—Es parte de mi carrera, Lorenzo. No voy a renunciar a mi independencia profesional, y el contrato deja muy claro que mi agenda de modelaje se respeta —le recordó Rous con firmeza, plantándole cara a la tempestad que sabía se avecinaba.

Lorenzo dejó la copa sobre la mesa con un golpe seco, que hizo resonar el cristal. Se puso de pie con una lentitud felina, cruzando el espacio que los separaba hasta detenerse justo frente a su silla. Apoyó las manos en los reposabrazos, encerrándola en su órbita con una intensidad abrumadora.

—El contrato dice que respetamos tu carrera, Rous... pero no dice nada sobre cómo voy a sobrevivir yo viendo a medio mundo devorarte con la mirada —murmuró él cerca de sus labios, con una mezcla de fuego y frustración contenida.

La nueva prueba de fuego había comenzado, y el orgullo de Rous chocaría de frente con los celos incontrolables de un hombre dispuesto a quemar Roma con tal de que nadie más admirara lo que le pertenecía.



#1843 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 18.10.2026

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