Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 42

Capítulo 42: Ondas expansivas y el precio del silencio

​El teléfono sobre el escritorio de caoba llevaba dos horas vibrando sin descanso, una pequeña tormenta eléctrica que Lorenzo ignoraba con olímpica indiferencia.

​Fuera de los muros de su despacho, el mundo corporativo y el papel cuché de la prensa rosa colapsaban al mismo tiempo. El impacto de la participación de Rous en la pasarela trienal no había pasado desapercibido, pero el verdadero terremoto financiero y mediático comenzó cuando el magnate más elusivo del país y la modelo del momento desaparecieron por completo de la faz de la tierra durante cuarenta y ocho horas exactas.

​La tormenta se desató en dos frentes simultáneos:

​La euforia bursátil y familiar: Lejos de perjudicar los intereses comerciales, la altísima exposición pública de Rous disparó de inmediato el valor de las acciones del conglomerado de la familia Bozzo y de las filiales de diseño asociadas al grupo De Luca. Los analistas de mercado calificaron la repercusión mediática como un triunfo rotundo, elevando la cotización conjunta de ambas familias a máximos históricos que ningún balance financiero había previsto para ese trimestre.

​El vacío en el corporativo: En las oficinas centrales de la compañía, la ausencia injustificada de Lorenzo durante dos días completos encendió todas las alarmas gerenciales y alimentó los pasillos de rumores descabellados. Los directivos cuchicheaban en las salas de juntas, preguntándose si el impasible CEO había perdido la cabeza por una mujer, mientras los teléfonos de los asistentes ardían intentando localizar al hombre que, en ese preciso instante, se encontraba encerrado en su propia celda de seda y placer.

​La fiebre de la prensa rosa: Los titulares de los principales diarios y portales digitales amanecieron encendidos en una ola de admiración unánime hacia Rous. La prensa la encumbraba no solo como la reina indiscutible de la pasarela de alta costura, sino como un icono moderno de independencia, elegancia y magnetismo visual que eclipsaba cualquier rastro del tradicionalismo familiar.

​Mientras el mundo entero especulaba sobre su paradero y analizaba cada centímetro de su éxito, Lorenzo permanecía inmóvil junto a los ventanales polarizados de su despacho, sosteniendo una taza de café frío que no tenía intenciones de beber.

​La puerta se abrió con suavidad y Rous entró en la habitación. Vestía un traje sastre impecable, con el cabello recogido en una coleta estricta que gritaba profesionalismo, pero en el rabillo de sus labios se dibujaba una sonrisa sutil, divertida por el caos que ambos habían provocado sin mover un solo dedo fuera de su alcoba.

​—Veo que el mercado ha decidido premiar mi desfile, Lorenzo —dijo Rous con voz clara, cruzándose de brazos y apoyándose contra el marco de la puerta con una seguridad desbordante.— Y los periódicos dicen que eres el hombre más afortunado del país, aunque dudo que sepan el verdadero costo de tus faltas a la junta directiva.

​Lorenzo giró lentamente el rostro hacia ella. Sus ojos oscuros, cargados todavía con el eco de las últimas cuarenta y ocho horas, recorrieron la impecable silueta de su esposa antes de ensancharse en una sonrisa lenta, peligrosa y profundamente posesiva.

​—Que sigan hablando los mercados y que arda la prensa, Rous —respondió él con voz ronca, cruzando el espacio que los separaba hasta acorralarla suavemente contra la pared.— Que compren nuestras acciones y celebren tu éxito. Al final del día, el único imperio que me importa gobernar es el que tengo bajo este techo.




#1843 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 18.10.2026

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