Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 54

Capítulo 54: Dos líneas rojas y los fantasmas del pasado

​El silencio en el baño se volvió denso, casi irrespirable. Los ojos oscuros de Lorenzo pasaron de las tres pruebas de embarazo al rostro de Rous, congelados en una mezcla de absoluta estupefacción y un temblor interno que amenazaba con quebrarlo.

​Las palabras se le atascaron en la garganta durante largos segundos, hasta que finalmente dio un paso al frente, atrapando su rostro entre sus manos grandes y cálidas, con una delicadeza impropia del hombre implacable que solía ser.

​—¿Esto... esto es real? —logró murmurar Lorenzo, con la voz rota, áspera, con un hilo de emoción pura que luchaba contra la más profunda confusión—. Rous, mírame. ¿Cómo es posible? Se suponía que era médicamente imposible... llevabas el DIU. ¿Cómo pasó esto?

​Rous sintió que el aire le quemaba los pulmones. Una montaña rusa de emociones violentas se desató en su interior, saboloteándola sin piedad. Por un lado, la abrumadora certeza del milagro; por el otro, el vértigo helado de saber que su carrera en las pasarelas internacionales, los contratos recién firmados y su tan ansiada independencia profesional acababan de dar un giro de ciento ochenta grados.

​Pero lo que terminó por fracturar su fachada de fortaleza fue el eco repentino, doloroso y punzante de la pérdida que habían sufrido meses atrás, una herida silenciosa que ninguna de las treguas había logrado borrar por completo. Los ojos se le anegaron de lágrimas calientes.

​—No lo sé, Lorenzo... no tengo la menor idea de cómo falló —respondió Rous con la voz temblorosa, apartándose bruscamente de sus manos para caminar hacia la ventana, abrazándose a sí misma como si temiera desmoronarse en el suelo—. Solo sé que está pasando. Y mi carrera... todo lo que luché por construir en las pasarelas, los contratos que acabo de firmar... se van a derrumbar en el momento en que mi cuerpo empiece a cambiar.

​Se detuvo frente al vidrio, con la respiración agitada, mientras un sollozo ahogado escapaba de sus labios.

​—Y tengo miedo, Lorenzo. Tengo un miedo terrible de que pase lo mismo que la otra vez. No soportaría volver a perder otra vida... no otra vez.

​Las palabras de Rous cayeron sobre la habitación como los golpes de un martillo pesado. El rastro de confusión en el rostro de Lorenzo se desvaneció de inmediato, reemplazado por una urgencia feroz. Él conocía perfectamente el fantasma que las acechaba, el dolor sordo de aquel embarazo truncado que habían intentado enterrar bajo el trabajo y la furia.

​Lorenzo cruzó la distancia que los separaba en dos zancadas. No intentó contenerla con palabras vacías; simplemente la rodeó con sus brazos de forma implacable, pegando su espalda contra el calor sólido de su pecho y enterrando el rostro en su cuello.

​—Escúchame bien, Rous, y no vuelvas a dudarlo jamás —murmuró Lorenzo con una intensidad feroz, casi desesperada, mientras sentía las lágrimas de ella mojar sus manos—. Lo que pasó antes... aquello nos destrozó a los dos, pero esto es diferente. No voy a permitir que ningún fantasma del pasado nos toque. Si tu carrera da un giro, rediseñaremos el mundo entero a tu alrededor si es necesario, pero este hijo... este milagro que llevas dentro es intocable.

​Rous giró el rostro, hundiéndose en sus brazos y aferrándose a las solapas de su camisa como si fuera lo único firme en medio de un terremoto, mientras las lágrimas terminaban por limpiar el terror que la asfixiaba.



#1843 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 18.10.2026

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