Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 55

Capítulo 55: El vigilante de los milagros

La medianoche se extendió sobre el penthouse como un manto pesado y silencioso. En la gran cama de la habitación principal, Rous finalmente había cedido al agotamiento, con el rostro relajado pero aún marcando el rastro sutil de las lágrimas derramadas horas antes. Una de sus manos descansaba inconscientemente sobre su vientre plano, un gesto protector que a Lorenzo se le clavó en el pecho como una dulce y a la vez aterradora epifanía.

Él no se había movido de la orilla de la cama.

Sentado en silencio, con la espalda apoyada contra el respaldo y la mirada fija en el contorno de su cuerpo bajo las sábanas, Lorenzo dejó que los engranajes de su mente procesaran lo imposible. El dispositivo médico que supuestamente garantizaba que su vida mantuviera el rumbo independiente que ella tanto defendía había fallado. La ciencia había demostrado ser frágil ante la implacable fuerza del destino. Y, por primera vez en su vida de hombre calculador, frío y acostumbrado a controlar cada variable del mercado y de su entorno, Lorenzo sintió una profunda y absoluta rendición.

Un hijo.

Las palabras resonaban en su cabeza con la fuerza de un trueno sordo. Un hijo de los dos. Un pedazo de esa alma fiera, indomable y brillante corriendo por el pasillo de ese mismo departamento.

Sin embargo, el destello de éxtasis que esa idea provocaba en su interior venía acompañado de una sombra fría: el recuerdo reciente de la pérdida, el dolor sordo que había dejado aquel embarazo truncado y el terror absoluto que Rous había confesado con la voz rota. Él sabía lo que significaba el modelaje para ella, las pasarelas, el esfuerzo sobrehumano que le había costado ganar el respeto en una industria despiadada. Pero en ese momento, mirando cómo su respiración se acompasaba en la penumbra, supo que cualquier contrato, cualquier portada y cualquier desfile internacional palidecen frente al milagro frágil que se estaba gestando en su interior.

Lorenzo estiró la mano con infinita lentitud, con el temor reverente de estar tocando cristal veneciano, y rozó con la yema de sus dedos la piel de su abdomen.

—No te dejaré caer —susurró su voz en la oscuridad, un compromiso solemne emitido hacia la noche vacía, un pacto sellado con la sangre de sus propios miedos—. Si el mundo entero se empeña en temblor, yo sostendré el suelo bajo tus pies.

Se inclinó con extrema suavidad, depositando un beso larguísimo, lleno de una devoción feroz y silenciosa, justo sobre el lugar donde descansaba su mano. Y allí, convertido en el vigilante eterno de sus sueños, el implacable magnate comprendió que, por fin, ya no le importaba perder el control si el precio de esa derrota era proteger lo único que realmente le daba sentido a su existencia.



#1843 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 18.10.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.