Un Matrimonio por Contrato

Capitulo 58

Capítulo 58: La sombra del guardián y las luces de la pasarela

​El estricto primer trimestre de embarazo se convirtió en una constante negociación entre la ambición profesional de Rous y el resurgimiento feroz de la faceta más controladora de Lorenzo. Aunque el diagnóstico de la doctora Lombardi prescribía una vida tranquila y sin sobresaltos, la agenda laboral de Rous no se detuvo por completo; los contratos firmados con anterioridad exigían su presencia en sesiones fotográficas de alta costura y eventos exclusivos del mundo del espectáculo.

​Para Lorenzo, cada compromiso de su esposa se transformó en un operativo de seguridad de alta prioridad. La obsesión por protegerla, alimentada por el miedo constante a repetir la pérdida del pasado, volvió con una fuerza renovada e implacable.

​—No vas a posar sobre taconazos de doce centímetros para esa campaña de joyas —sentenció Lorenzo una mañana en la suite principal, mientras le ajustaba con una lentitud calculada un abrigo de falda amplia a Rous—. Y el fotógrafo tiene instrucciones estrictas de pausar la sesión cada veinte minutos para que descanses.

​Rous rodó los ojos frente al espejo, aunque una leve sonrisa delató que la devoción pesada de su esposo ya no le resultaba tan molesta como antes.

​—Lorenzo, apenas estoy de diez semanas y la sesión dura dos horas —protestó ella con suavidad, girándose para arreglarle la solapa del saco—. El médico dijo que podía trabajar con moderación. No estoy hecha de vidrio.

​—Para mí, lo estás —replicó él en voz baja, inclinándose para presionar un beso firme y posesivo en sus labios—. Y mientras lleves a mi hijo dentro, mis reglas en tus sets de grabación son incuestionables.

​Los encuentros sociales de la élite y la moda europea se volvieron el escenario principal donde la pareja exhibía su dinámica de poder. Lorenzo, que solía mantenerse al margen de los eventos de la farándula a menos que involucraran negocios de su consorcio, comenzó a asistir puntualmente a cada gala, cena de gala y presentación de marca al lado de Rous.

​En la gran recepción benéfica de la Semana de la Moda en Milán, la presencia de la pareja acaparó de inmediato los flashes de los fotógrafos. Rous deslumbraba en un vestido largo de seda azul noche con un corte imperio que disimulaba con elegancia la sutil transformación de su figura. A su lado, Lorenzo permanecía firme como una muralla de contención, sosteniéndola por la cintura con una mano firme y dominante que no dejaba espacio a dudas sobre a quién pertenecía la mujer más cotizada de la velada.

​—Pareces un guardaespaldas celoso en lugar de un magnate —le susurró Rous entre dientes, manteniendo la sonrisa impecable ante las cámaras mientras sentía la presión constante de la mano de él sobre su cadera.

​—Soy el dueño de la mitad de esta ciudad y el hombre que vuelve contigo a casa esta noche —le respondió Lorenzo al oído, con un tono ronco y arrogante que le erizó la piel—. Deja que miren lo que quieran, Rous. Todos aquí saben que no pueden tocarte.

​Durante la fiesta, cada vez que un diseñador, fotógrafo o empresario intentaba prolongar una conversación con ella, Lorenzo intervenía sutilmente para marcar el límite, ofreciendo copas de agua mineral para su esposa y disculpándose amablemente cuando consideraba que Rous llevaba demasiado tiempo de pie.

​A pesar de las constantes disputas de control y de la terquedad de Rous por mantener su independencia, la cercanía de Lorenzo le proporcionaba un refugio inquebrantable. Entre la multitud brillante del espectáculo y la exigencia de las pasarelas, la sombra constante de su esposo le recordaba que, tras los flashes y el glamour, había un puerto seguro esperándola al final de cada jornada.



#1843 en Novela romántica

En el texto hay: romanse pasión

Editado: 18.10.2026

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