Un mes para enamorarse

Capítulo 9. La mujer del pasado

La mujer permaneció dentro de su automóvil durante varios minutos.

Desde allí podía observar perfectamente la cafetería.

A través de uno de los grandes ventanales vio a Paul sentado frente a Elizabeth.

Él sonreía.

Aquella sonrisa le resultaba extraña.

No porque nunca hubiera visto a Paul sonreír.

Sino porque jamás lo había visto sonreír de esa manera.

Era una sonrisa sincera.

Sin esfuerzo.

Sin esa expresión educada que utilizaba durante las reuniones o los eventos sociales.

Aquella sonrisa era diferente.

La mujer apretó las manos sobre el volante.

—Así que ella es la razón...

Tomó nuevamente su teléfono.

—¿Ya averiguaste algo? —preguntó la persona al otro lado de la línea.

—Todavía no.

—Entonces averigua.

—Lo haré.

—Y recuerda: no puedes acercarte demasiado.

La mujer miró hacia la cafetería.

—Eso dependerá de lo que descubra.

Colgó.

Se recostó en el asiento.

Durante unos segundos cerró los ojos.

Su nombre era Victoria Montgomery.

Tenía treinta años y conocía a Paul desde hacía casi una década.

Sus familias habían compartido negocios durante años.

Habían asistido a los mismos eventos.

Habían viajado juntos.

Sus padres incluso habían hablado en algún momento de una posible unión entre ambas familias.

Pero Paul nunca estuvo interesado.

Victoria, en cambio, había pasado años convencida de que tarde o temprano conseguiría conquistarlo.

No estaba acostumbrada a perder.

Mucho menos a ser ignorada.

Y Paul la había ignorado durante años.

Hasta que desapareció.

Sin explicación.

Sin despedirse.

Simplemente dejó la ciudad y se alejó de todo.

Victoria había intentado localizarlo.

No había podido.

Hasta ahora.

Dentro de la cafetería, Paul se levantó.

—Tengo que irme.

Elizabeth asintió.

—¿Trabajo?

—Sí.

—¿Volverás mañana?

Paul sonrió.

—Por supuesto.

—Bien.

Paul tomó su chaqueta.

Antes de salir, se volvió hacia ella.

—Elizabeth.

—¿Sí?

—¿Te gustaría salir conmigo mañana?

Ella lo miró sorprendida.

—¿Una cita?

—Si quieres llamarla así.

Elizabeth sonrió.

—Sí.

Paul sonrió también.

—Entonces es una cita.

Salió.

Victoria lo vio cruzar la calle.

Encendió el automóvil.

Pero no lo siguió.

Todavía no.

Había aprendido algo durante los años que había conocido a Paul.

Paul odiaba sentirse perseguido.

Si quería acercarse a él, tendría que hacerlo de otra manera.

Una hora después, Victoria entró en la cafetería.

Elizabeth estaba limpiando una mesa.

—Buenas tardes.

Victoria sonrió.

—Buenas tardes.

—¿Qué le gustaría?

Victoria miró alrededor.

—Un café.

—Claro.

Elizabeth tomó una taza.

—¿Es nueva en el pueblo?

Victoria se sentó.

—Sí.

—¿Está de vacaciones?

—Algo así.

Elizabeth preparó el café.

—Espero que disfrute su estancia.

—Estoy segura de que lo haré.

Victoria tomó la taza.

—Este lugar es encantador.

—Gracias.

—¿Es suyo?

Elizabeth sonrió.

—Sí.

—Es bonito.

—Me alegra que le guste.

Victoria bebió un sorbo.

—¿Conoce a Paul?

Elizabeth se quedó quieta durante un segundo.

—¿Paul?

—El hombre que estaba aquí hace un rato.

Elizabeth sintió una pequeña alerta.

—Sí. Es amigo nuestro.

Victoria sonrió.

—¿Amigo?

—Sí.

—Entiendo.

Elizabeth la observó.

Había algo extraño en aquella mujer.

Era demasiado elegante para aquel pequeño pueblo.

Su ropa era de diseñador.

Su bolso probablemente costaba más que todas las mesas de la cafetería juntas.

Pero no era eso lo que le llamaba la atención.

Era la forma en que había preguntado por Paul.

Como si ya lo conociera.

—¿Lo conoce? —preguntó Elizabeth.

Victoria dejó la taza sobre la mesa.

—Desde hace mucho tiempo.

Elizabeth sintió un pequeño nudo en el estómago.

—¿Son amigos?

Victoria sonrió.

—Algo parecido.

No añadió nada más.

Elizabeth decidió no insistir.

—¿Desea algo para comer?

—No.

Victoria se levantó.

—Solo quería conocer el lugar.

—¿El lugar?

—Sí.

Miró alrededor.

—Y a ti.

Elizabeth frunció ligeramente el ceño.

—¿A mí?

—Paul habla mucho de las personas que le interesan.

Elizabeth sintió que sus mejillas se calentaban.

—¿Él habló de mí?

Victoria sonrió.

—Todavía no.

Aquella respuesta dejó a Elizabeth confundida.

Victoria dejó dinero sobre la mesa.

—Gracias por el café.

—Gracias a usted.

Antes de salir, Victoria se detuvo.

—Elizabeth.

—¿Sí?

—Ten cuidado con las personas que llegan a tu vida demasiado rápido.

Elizabeth se quedó inmóvil.

—¿Qué quiere decir?

Victoria sonrió.

—Nada.

Y salió.

En cuanto llegó a su automóvil, Victoria llamó nuevamente.

—La encontré.

—¿Y?

—Se llama Elizabeth.

—¿Quién es?

Victoria miró hacia la cafetería.

—Eso todavía no lo sé.

—¿Y Paul?

—Está enamorado.

Hubo silencio.

Victoria apretó la mandíbula.

—O está empezando a estarlo.

—¿Estás segura?

—Nunca lo había visto así.

—Entonces tenemos un problema.

Victoria cerró los ojos.

—No.

—¿No?

—Tenemos una oportunidad.

Esa noche, Victoria se registró en el único hotel elegante del pueblo.

Cuando llegó a su habitación, dejó el bolso sobre la cama y abrió una carpeta.

Dentro había fotografías.

Paul en una gala.

Paul en una reunión.

Paul saliendo de la empresa.

Paul junto a su familia.




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